50.000 muertos… ¿Cuántos más?

Por • 2 sep, 2011 • Sección: Ambiente

Edwin Sambrano Vidal

Es inevitable seguir tratando el tema de Libia. Ante un hecho que impacta toda nuestra escala de valores, no podemos más que referirlo recurrentemente. Entre la estupefacción y la indignación observamos como se usa a la ONU, el organismo que debería representar los principios del Derecho Internacional, como descarado instrumento para perpetrar el crimen. Y…qué crimen!!!!  

La vileza de la doble moral

Hemos escrito y lo repetimos: rechazamos terminantemente el mesianismo, el autocratismo y la represión contra el pueblo. Rechazamos que se use la represión desde el gobierno contra el reclamo popular y la oposición política. Hay que recurrir a la mediación, la conciliación y la negociación. Lo considero válido para Colombia y para Venezuela. También para los EEUU, el Reino Unido, Francia, Grecia, España, Italia y para cualquier otro país en el cual surjan conflictos políticos internos, tal como han surgido este año en esos países y en varios países árabes. El doble rasero o la doble moral, no es una conducta revolucionaria. Es más bien profundamente injusta y, en el caso de esta “cayapa” universal de los poderosos, una conducta miserable, cruel y ruín.

Hitler fue un monstruoso criminal, sin embargo enfrentó a los poderosos países imperiales de Francia y el Reino Unido, y en medio de su homicida megalomanía tuvo la valentía de enfrentarse también y al mismo tiempo con la Unión Soviética. Los pretendidos gobernantes demócratas de las grandes potencias se han colocado al nivel de Hitler, e incluso peor por la vileza que revelan sus acciones. La “cayapa” de las más poderosas potencias militares y económicas del mundo, urdida y ejecutada alevosamente contra el Gobierno de Kadafi, tal vez no tenga parangón y ha conducido a un inmenso baño de sangre y a la destrucción de ese país.

Derrochan y destruyen para cobrar y ganar más.

Las potencias imperialistas derrochan el armamento militar y destruyen la infraestructura civil e industrial como un doble y lucrativo negocio. Cada misil utilizado es cobrado con creces a la nación correspondiente y todo lo destruido será reconstruido por las corporaciones privadas de los mismos destructores con enormes beneficios. Las crisis internas de las grandes potencias imperialistas puede disminuirse o apaciguarse mediante el saqueo de otras naciones y obteniendo beneficios del trabajo de reconstrucción. Algo reparten para los habitantes de los países imperialistas, con lo cual se apaciguan las tremendas contradicciones que sufren. 

Más muertes, más sufrimientos y mayor destrucción.

Se contabilizan 50.000 muertos, según voceros del CNT, Consejo Nacional de Transición. No lo sabemos, porque una de las características de la sociedad de la globalización informativa es que el “monopolio de la verdad” se encuentra en manos de las poderosas cadenas mundiales capaces de difundir en un instante, para todo el planeta, la versión que convenga a sus intereses económicos y políticos, convirtiéndola en “la verdad”, cuando sólo es lo que les conviene. Fíjense que la excusa fue la protección de los civiles, evitar los daños que pudiera causar la aviación del Gobierno Libio. Equilibrar las fuerzas y evitar la destrucción y las muertes por el bombardeo. La aviación de la OTAN se encargó de producir las muertes de civiles, la mayoría niños, mujeres y ancianos; y de destruir todo lo que encontraban a su paso. Mientras, según las imágenes que nos muestran, una horda desquiciada de los llamados “rebeldes” dispara sin ton ni son contra los edificios residenciales y maltrata a los prisioneros. Tenemos conocimiento que Kadafi manifestó su acatamiento de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU y después de los enfrentamientos del primer mes también expresó su disposición de negociar políticamente, sin embargo la caterva de todopoderosos gobiernos y países imperialistas siguió con su plan de destrucción y muerte guiados por el propósito predeterminado de tomar el control del país e instalar allí a unos títeres para hacer su voluntad en esa región de importancia estratégica.  

Torvos propósitos con un futuro trágico.

El investigador Samir Amín piensa que mayor  importancia tienen los objetivos político-militares de “…establecer el Africom (el Comando Militar de Estados Unidos para África) actualmente con sede en Stuttgart, Alemania, dado que los países africanos, no importa lo que se piense de ellos, se negaron a aceptar su radicación en África». Este objetivo, ha escrito Atilio Borón, “…permite establecer una cabeza de playa para lanzar sus operaciones militares en África. Hacerlo desde Alemania aparte de poco práctico es altamente irritante, por no decir ridículo… Ahora tratarán de que el régimen lacayo que se instale en Trípoli acepte la amable “invitación” que seguramente le cursará la OTAN. De todos modos, el operativo no será para nada sencillo, entre otras cosas porque el Consejo Nacional de la Transición (CNT) es un precipitado altamente inestable y heterogéneo de fuerzas sociales y políticas débilmente unidas por la argamasa que sólo le proporciona su visceral rechazo a Gadafi, pese a que no son pocos quienes hasta hacía pocos meses se contaban entre sus más obsecuentes y serviles colaboradores. …No existen demasiadas razones para suponer que el CNT inaugurará un período democrático. Sus miembros no tienen mejores credenciales que Gadafi y pesa sobre ellos la irredimible infamia de haber invitado a las potencias imperialistas a bombardear sus ciudades y aldeas para viabilizar su derrocamiento. Por eso, lo más probable es que una vez derrotado el régimen, las sangrientas luchas intestinas y la ingobernabilidad resultante tornen inevitable para las potencias imperialistas entrar en otro pantano, como Irak y Afganistán, para establecer un mínimo de orden que permita organizar su rapiña. Desgraciadamente, lo que espera a Libia no es la democracia sino un turbulento protectorado europeo-estadounidense y, como dijo Winston Churchill de su país en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, sangre, sudor y lágrimas.”

http://www.aporrea.org/internacionales/a129499.html

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