Esquemas para un análisis de la caída del Imperio español (1)

Por • 14 sep, 2020 • Sección: Ambiente

Luis Carlos Martín Jiménez

Primera parte de un ensayo sobre filosofía de la historia de España y las Repúblicas hispanoamericanas

El Catoblepas · número 192 · verano 2020 · página 1

El imperio como conjugación de procesos isológicos y sinalógicos

El auge y la caída del imperio español como proceso histórico-político de escala universal sólo se puede entender desde criterios ontológicos. La estructura que cristaliza a lo largo de trescientos años toma su identidad respecto del medio en que se forma. La importancia que a la escala de la historia universal tiene España deriva de las modificaciones que su configuración imperial determina en tal medio, a saber, la configuración del mundo actual. La monarquía hispánica como primer Estado moderno pone las bases geo-políticas de la dialéctica entre imperios atlánticos que reaccionan ante un imperio católico: Francia e Inglaterra principalmente.

Con auge y caída del imperio español nos referimos a unos de los procesos más importantes y complejos de la historia. Los fenómenos implicados son de tales características que hemos tenido que plantear cuatro modelos{1} para entender una estructura diairológica, que implica su génesis y su fractura. Precisamente el problema para entender tal identidad ontológica, la identidad de hispano-América, requiere movilizar ideas de corte gnoseológico (su influencia en la formación de las técnicas y las ciencias modernas), antropológicas (el papel de las sociedades indígenas), políticas (los modelos de imperio) &c. La involucración de tantos factores, sobre todo a raíz de su ruptura en guerras civiles (en realidad guerras internacionales) hace imprescindible esquemas de ordenación, clasificaciones y criterios de análisis que nos permitan distinguir las líneas de coordinación y descoordinación de tal estructura imperial. A tal efecto utilizamos las ideas de unidad e identidad.

Pero como toda caída supone un auge anterior, dividimos este análisis en dos partes: la primera a título introductorio dibujará los elementos que estructuran el imperio, de cuya fractura nos extenderemos un poco más, dentro de lo que es un ensayo de este tipo.

La idea de unidad sinalógica incide en el momento paratético que a nivel físico conllevan los desplazamientos y los viajes trans-oceánicos, así como las dificultades inherentes al proceso se recortarán a escala planetaria desde múltiples categorías: la geografía del Padrón Real, la astronomía de los cosmógrafos, las triangulaciones en el plano de los matemáticos, las rectificaciones normativas de los juristas, los cálculos económicos y financieros de los consulados de negocios, la unidad literaria de los cronistas &c; muchas de las cuales van ampliando su campo propio y dan lugar al contexto objetivo entendido como la era de los descubrimientos, o también llamada, la era de las comunicaciones, el primero de los títulos con los que el padre Vitoria justificará la guerra vinculada al descubrimiento y colonización americana.

La idea de identidad de tal unidad, sólo se configura en función del contexto que la envuelve, de ahí que la imposibilidad de determinar una historia universal por encima de las partes se demuestra a través de la constitución de América de un modo ejemplar, en la medida en que la pluralidad política reacciona frente a una parte que parece totalizar el campo (el inicio respecto del imperio islámico) lo que obliga a rectificaciones que hacen imposible determinar un desarrollo de los acontecimientos, que con América arrumba el sistema de entender el mundo antiguo y medieval. La totalización de las partes del mundo comenzará a multiplicarse según direcciones que acompañan a los Estados modernos.

Intentamos aquí ofrecer esquemas que sobre el hilo de los acontecimientos aporten distinciones que permitan aclarar unos procesos que tienen como centro el Imperio hispánico, principalmente allí donde más problemas están implicados: las llamadas guerras de independencia.

Si nosotros ponemos la realidad política de los “todos” efectivos (realmente existentes) en las esencias procesuales imperiales que como formas del “espíritu objetivo” van sucediéndose según su potencia, es precisamente en el Imperio hispánico donde cabe seguir de modo privilegiado los procesos causales de isología y sinalogía entre “partes” que se están descubriendo y construyendo a través de la producción institucional, aquellas esferas normativas que comprenden a los propios hombres, y en cuya concatenación se producen las entidades históricas y sus rupturas, los cabildos y ciudades tratados como núcleos desde un ortograma que explique su curso (nematologías inherentes a los procesos histórico-políticos si es necesario el axioma, “el todo está antes que las partes”)

A este objeto utilizamos dos tipos de relaciones completamente generales para explicar la conjugación entre España y América al mismo nivel y desde el mismo inicio, es decir, partiendo de que españoles peninsulares y españoles americanos son un mismo sujeto político: “América y España, detrás de Colón, dos gemelos” (Palabras finales de la conferencia de Hugh Thomas, Invención de América. Invención de España, Acto inaugural de los Cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía, UNIA, Santa María de la Rábida, Huelva, 2006); relaciones isológicas y sinalógicas dadas desde las partes como estructuras metafinitas que exigen u obligan a su coordinación frente a terceros, papel que lleva a cabo la Monarquía Hispánica.

Con relaciones o unidades sinalógicas nos referiremos a la organización de las instituciones municipales (las que se forman en torno a la plaza de armas) y a escala molecular las de los reinos o virreinatos. Como relaciones isológicas haremos referencia a los modelos o identidades políticas, multiplicables (y por tanto divisibles), que desarrollan y determinaran los derechos ciudadanos (por ejemplo, la democracia directa o electiva en los ayuntamientos, la propiedad de la tierra) o las libertades políticas (la autonomía municipal o la posibilidad de revertir las leyes &c.).

En la medida en que podamos cifrar la unidad y la identidad en estos términos podríamos hablar de una concatenación (unidad) y desconexión (separación o fractura) de procesos sinalógicos a través de la variación de las relaciones isológicas (por ejemplo, las ideas antropológico-políticas ilustradas). De igual modo hablaríamos de unas identidades o relaciones isológicas constitutivas y disruptivas a través de procesos sinalógicos de conexión y fractura de las partes. Lo que hay que determinar son la escalas de los mismos.

Tomamos como criterio de análisis histórico la necesidad de totalizar los fenómenos como requisito fundamental para establecer causas y consecuencias. Para ello es necesario que se puedan anudar respecto de otras fases históricas. Esta unidad histórico-política sólo se puede establecer “etic” a partir de sus “finis operis”, dada la resolución de estas estructuras, nunca “emic”, desde su propio desarrollo o “finis operantis”. La distancia entre lo que se proyecta y lo que resulta involucra el momento técnico y el momento nematológico de las instituciones. Hay que explicar cómo un imperio que tenía como divisa, “plus ultra”, su universal, y por tanto no estaba pensado para caer, obliga a las partes resultantes a pensarse de otro modo. Sigue en…

 http://www.nodulo.org/ec/2020/n192p01.htm

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