Estado e historia

Por • 30 mar, 2018 • Sección: Ambiente

Gustavo Bueno

Introducción. Planteamiento del problema.

Primera cuestión. ¿Qué alcance cabe atribuir a la Idea de «Fin» en el contexto de la idea de un «Fin de la historia»?

Artículo I. Sobre la idea de «Fin» y sus modos

  1. Modos dimensionales de la Idea de Fin
  2. Modos entitativos de la Idea de Fin
  3. Modos fundamentales de la Idea de Fin

Artículo II. Sobre la idea de «historia» y sus determinaciones

  1. Determinaciones como predicable de sujetos humanos
  2. Determinaciones en función de la amplitud del sujeto
  3. Determinaciones en función del predicado

Artículo III. Sobre diversos sentidos de la fórmula «Fin de la historia»

  1. Metodología
  2. Sentidos constitutivos
  3. Sentidos consumativos

Segunda Cuestión. ¿Qué tiene que ver el Fin de la historia con el Estado?

1.   Hipótesis primera: política

·  Hipótesis segunda: apolítica

Final. Los motivos de la resistencia a la tesis del «Fin de la historia» en el sentido de Fukuyama.

 

 

Introducción. Planteamiento del problema.

Nuestro tema –el análisis de las relaciones entre Estado e historia– no está planteado en abstracto, sino en el contexto de los debates que ha suscitado en todo el mundo el artículo de Francis Fukuyama sobre el «Fin de la historia». Por este motivo, el rótulo de este ensayo podría cambiarse por este otro («dual» del rótulo titular): «El Fin de la historia: en torno al artículo de Francis Fukuyama con especial consideración de su incidencia sobre las relaciones entre Estado e historia».

El artículo de referencia, como es bien sabido, fue publicado en el verano de 1989 en la revista The National Interest; fue traducido al español en la revista Claves en abril de 1990. El autor ofreció su escrito con un título interrogativo («¿El Fin de la historia?»); sin embargo, el artículo pertenece antes al género «dogmático» que al género «problemático». Es un artículo de «tesis», expuesto de un modo lineal y sencillo. Dos años después Fukuyama ha publicado un libro, recién traducido al español, con el título El fin de la Historia y el último hombre (Planeta, Barcelona, marzo 1992, 474 págs.). Hay que agradecer a Francis Fukuyama la «impudicia» de su decisión de mostrarnos, en cientos de páginas, los presupuestos que, según él, constituyen el fondo de su artículo, así como sus consecuencias. Podría también acaso decirse que el libro se ha propuesto dar un recubrimiento «académico» a un artículo «mundano». Lo que ocurre es que, seguramente, el artículo sale perjudicado con esta exhibición (o sepultado con ese recubrimiento), puesto que cuando el artículo actuaba solo podrían atribuírsele además presupuestos más profundos, menos triviales. En efecto, a nuestro juicio, y paradójicamente, las casi quinientas páginas del libro de Fukuyama sirven para trivializar a su famoso artículo, más que para profundizarlo. Lo que, al parecer, quiere decir Fukuyama –como él mismo aclara en comentarios expuestos con posterioridad (por ejemplo, en la entrevista concedida a Juan Cruz, El País, 11-XII-91)– no es que los «sucesos» no sigan ocurriendo; sino que la historia, como proceso evolutivo [4] de las formas de sociedad humana (desde las organizaciones tribales, pasando por varias formas de monarquía y aristocracia, hasta llegar a la democracia liberal moderna, tras los «bucles» fracasados de fascismo y el comunismo) puede darse por terminada. Fukuyama sostiene además –apoyándose en una vieja interpretación de Alexandre Kojève– que la Idea de historia que él utiliza es la Idea de historia «en sentido hegeliano». Según Fukuyama lo que estaría ocurriendo en nuestros días sería la culminación del proceso histórico iniciado con la Revolución Francesa, que estaría alcanzando en nuestros días su definitivo término con la consolidación de la democracia parlamentaria y de la economía libre de mercado. Pocas más complicaciones añade Fukuyama a su cuadro. En todo caso, puntualiza que, sin duda, quedan aún importantes zonas del mundo por incorporarse al proceso final; en todo caso, esta incorporación ha de ser lenta, porque hay prerrequisitos culturales, sobre todo, que deben cambiar a su ritmo propio (no es posible «inocular» en una sociedad no desarrollada la democracia liberal). Pero nada de esto disminuye la fuerza de la tesis global: la Humanidad, en su conjunto, ha llegado al término de su evolución social, y se ha consolidado en este final. Faltan muchas cosas, pero estas cosas, podríamos decir, se mantienen a «escala de los decimales históricos». A escala de los «enteros históricos» cabría afirmar que el fin de la historia ha sobrevenido, y que la historia ha terminado. Sigue en….. http://www.filosofia.org/rev/bas/bas21101.htm.

 

Post to Twitter

Escribe un comentario