Las Fuerzas Armadas, su concepción y desarrollo a lo largo del siglo XX

Por • 2 dic, 2020 • Sección: Ambiente

José Alberto Olivar 

29/11/2020

Cuando Venezuela se aproxima a la conmemoración del primer centenario de la Independencia en 1911, su organización militar en nada guardaba relación con el Ejército Libertador que había participado en la magna gesta emancipadora. La epopeya bélica tocaría fin luego de disipada la humareda en el altiplano de Ayacucho, dando paso a un irrefrenable declive que terminó por disgregar aquella formidable maquinaria de guerra.

El siglo XIX venezolano discurrió en medio de recurrentes altibajos políticos que hicieron del Estado un armazón de papel en lugar de un núcleo compacto capaz de dirigir, tal como lo definía Max Weber, la unificación social y económica del país. Dos de sus funciones esenciales distaban mucho de lucir convincentes, a saber: la defensa nacional y la preservación del orden interno.

Un reflejo de las múltiples carencias físicas de aquella novel república lo patentó la inexistencia de un Ejército profesional de alcance nacional, dado que la fuerza terrestre, aludida en las memorias anuales del Ministerio de Guerra y Marina, no abarcaba en los hechos más allá del perímetro fortificado alrededor de la provinciana ciudad de Caracas. No menos anodino lucía el papel de la Marina de Guerra, constituida por rudimentarias goletas de velámenes que cumplían efímeras labores de patrullaje marítimo y fluvial, sin mayor poder de fuego disuasivo. Y, en lo referente al carácter profesional, la realidad se perdía en el bosque de la sinrazón puesto que el grueso de sus integrantes no eran auténticos militares de carrera sino «civiles armados», cuyas charreteras eran resultado del fragor de las guerras intestinas. Hubo —sí— contadas excepciones de militares egresados de malogrados intentos por hacer valer una modesta Academia Militar.

Tal escenario resultaba propicio para que el comportamiento político de los venezolanos no tuviera otro modo de manifestarse sino por medio de acciones armadas a escala local, regional y nacional, protagonizadas por los caudillos y sus huestes particulares. Se trataba de un personalismo altisonante que imponía sus propias reglas y mantenía intacta una forma vernácula de relación patrón-clientela que se aprovechaba de la inculta percepción de un segmento numeroso de la población.

Será con el despuntar del siglo XX, tras la llegada al poder de los andinos dirigidos por el general Cipriano Castro, cuando tenga lugar la vertebración de un Ejército efectivo, integrado por un pie de fuerza de 30 batallones, provisto de ración y vestuario adecuado, amén de reforzado con material y equipos de combate traídos de Europa, todo con el fin de imponer un esquema centralizado de poder que redujo hasta su más mínima expresión la capacidad de maniobra del «caudillaje histórico», y concentrar la toma de decisiones en manos del jefe del Ejecutivo nacional sin admitir límites para el ejercicio de su poder hegemónico (2).

Para comprender la estructuración de aquel Ejército sobre el cual se edificaron más tarde las Fuerzas Armadas Nacionales hemos deslindado cuatro grandes momentos, en el entendido de que su evolución a lo largo del siglo XX estuvo imbricada en dos procesos definitorios: la modernización del país y la profesionalización militar, cuestiones que nos proponemos dilucidar en las siguientes líneas. Sigue en…

José Alberto Olivar presenta un capítulo “muy documentado acerca de las Fuerzas Armadas, que tiene la particularidad de no atender tanto (tratándose de materia conocida) a sus tentaciones como árbitro del poder sino, más bien, a lo que significó el desarrollo y ampliación curricular de sus distintos componentes”.

https://prodavinci.com/las-fuerzas-armadas-su-concepcion-y-desarrollo-a-lo-largo-del-o-xx/sigl

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