García Bacca, Juan David: Antropología filosófica contemporánea (Diez Conferencias), 1955

Por • 11 ene, 2021 • Sección: Ciencia y tecnología

García Bacca, Juan David: Antropología filosófica contemporánea (Diez Conferencias), 1955 (Barcelona, Anthropos-Ed. del Hombre, 1982.) 190 PP; Antropología y ciencia contemporáneas (Curso de diez lecciones) 1962 (Barcelona, Anthropos-Ed. del Hombre, 1983.). 182 Pp.

La Editorial Anthropos ha iniciado la reedición de obras y escritos del filósofo navarro García Bacca [G. B.], cuya actividad principal se ha desarrollado fuera de las fronteras de nuestro país. La primera de las obras indicadas [AF] fue previamente editada en 1957 en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas; la segunda [AC] también en Caracas en 1962.

En ambas obritas G. B. aparece como un conferenciante inteligente, brillante, sin ampulosidades, con un estilo similar al de Ortega (si bien no tan rico desde el punto dc vista literario), que sabe utilizar con profusión, seguridad y claridad datos científicos de muy diversa índole (fruto de sus estudios al respecto, especialmente en Zúrich), que dan a sus conferencias una justeza y precisión dignas de toda loa.

La temática central de las conferencias o lecciones de G.B. gira en torno al problema del hombre, con incursiones en determinados problemas de la metafísica, la religión, la historia de la filosofía, las ciencias (sobre éstas últimas hay que advertir que en G.B. no sirven meramente de ejemplo aclaratorio de unas ideas previamente tomadas, sino de estímulo constante del pensamiento mismo y de la propia comprensión del hombre), etc. El contexto ideológico en el que se mueve G.B. tiene afinidades con el pensamiento de Ortega, Heidegger y, más especialmente, Marx, con su valoración de la acción como característica del hombre.

Efectivamente, un problema central en las reflexiones de G.B. es la comprensión de la acción o de la causalidad humanas, como dimensión que surge de la comprensión del hombre en G.B., como “finitud que está moviéndose, viviendo y siendo en una Infinitud” (AF 139). Ello hace que el hombre moderno, frente a la comprensión de sí mismo del hombre griego o medieval, se sienta, no ya simplemente como “tema” (algo firme, estable y permanente), sino como “problema” (AF 31), según pone de relieve G.B. en su análisis del pensamiento antropológico de Max Scheler, Heidegger y Sartre (AF 141-188); en este sentido concluye G.B.: “Toda la antropología moderna se reduce a una afirmación: El hombre es un ser y el único ser que es, para sí mismo y en sí mismo, problemas, que sabe trocar esencia en problema, existir en aventura” (AF, 188). Y esta aventura del existir humano en la que se inicia ya, en cierta medida, en el paso del mundo meramente “físico” (en el que la entropía es ley) al mundo de la “vida”, en la que surge la aventura de “ir contra la entropía”, de “remar contra la corriente” (AC 58 ss) (reflexiones que se asemejan a las de E. Morín al respecto). En este contexto es interesante e iluminador el análisis de G.B. sobre las categorías de «cualquiera» o «uno-de-tantos”, «particular”, «individuo», y, finalmente, «único» y «persona» (categoría ésta que simboliza ya el máximo grado de cohesión y autoposesión interna: el fenómeno estrictamente humano (Cf. AF 83-103; AC 69-114).

Por eso la “causalidad”, estrictamente tal, no existe, según pone de relieve repetidamente G.B., en el mundo físico: aquí “no hay ni causa ni efectos” (AC 38), sino únicamente “una relación perfectamente coherente de antecedente a consecuente, de cambio antecedente a cambio consecuente” (ibídem). La razón principal de ello es, según G.B., el hecho de que “el mundo físico o lo físico en general se caracteriza por un principio universal de conservación que no pasa nada” (AC 41). En consecuencia, constata G.B.: “El principio de causalidad en su formulación primera, parece, pues, reducirse al dominio humano y descartarse del dominio físico” (AC 47). G.B. ve como característica típica de la estricta causalidad el que el efecto esté hecho a imagen y semejanza de su causa (AC 63), siguiendo en esto la intuición que viene de Aristóteles y que se asienta firmemente en el Medioevo de que «omne agens agit simile sibí”; ahora bien, para G.B. en el dominio estrictamente físico reina el determinismo y no puede existir, en consecuencia, una causalidad creadora de similitud. Esta misma idea de similitud o semejanza es la que le lleva a G.B. a formular sus propias reflexiones sobre el problema “teológico” humano. En efecto, G.B. ve al hombre moderno como “asumiendo sobre sí mismo su propia responsabilidad” (AF 18), valorando de este modo, siguiendo a Marx, el poder prometeico del hombre moderno a través de la utilización de la técnica, que hace que el hombre deje de ser “contemplativo”, para convenirse en “activo” (Cf. AF 18, 21s). Por ello el hombre moderno, según G.B., ya no se siente “don de los dioses” (AF 14), sino únicamente de sí mismo (Cf.AF 15s, 21s, 31s).

“En el fondo del fondo, constata G.B., la humanidad está haciendo un supremo experimento no el de ser semejante a los dioses, que no da para gran cosa, sino ser en el fondo dioses en persona” (AF 25). No es difícil ver que G.B. ha deconectado demasiado apresuradamente la subjetividad o la libre capacidad de actuación del hombre de la “semejanza con los dioses”. Los clásicos, por el contrario, han entendido siempre y con mejores razones especulativas la semejanza del hombre con Dios, no como un mero parecido estático “que no da para gran cosa” (en formulación de G.B. sino como semejanza e imagen del mismo libre poder hacedor y creador de Dios, cosa que, bien entendida, hace inviable la contraposición, formulada por G.B., entre ser semejante a los dioses y querer ser dioses, ya que esto último es consecuencia precisamente de lo primero. Por otra parte, no se debe olvidar que la misma ciencia ecológica nos ha ido mostrando que el poder prometeico y transformador humano tiene unos límites, un entorno “dado”. Hoy día ya no podemos ser ingenuamente optimistas y caballeros de la “acción” como en el siglo xix. Un pequeño detalle, todavía: G.B., parece aún contraponer y poner, por tanto, erróneamente, al mismo nivel de lectura (sin atender a los, géneros literarios o al simbolismo implícito) la creación bíblica o filosófica del hombre y el surgimiento evolutivo del mismo, tal como lo analiza la paleoantropología (Cf. AF 34): casi ya no es necesario insistir en que las afirmaciones de creación y evolución no se realizan en el mismo plano epistemológico y no tiene, por tanto, posibilidad de contradecirse. En conjunto, pues, la aportación de G.B., en estas dos obritas, a pesar de que el propio autor haya advertido al lector de que sus conferencias fueron destinadas a un público «oyente” y de que él desea que “la obra impresa… desaparezca tanto que ni se la cite” (AC 9), merece la atención del estudioso, G.B. tiene el arte de saber descubrir dimensiones importantes de la autocomprensión del hombre moderno, sin exigir del lector excesivos esfuerzos de comprensión.

Manuel Cabada Castro

https://www.researchgate.net/publication/27580921_García Bacca J.D. Antropologia_filosofica_contemporaneaAntropologia_y_ciencias_contemporaneas/link/0f318c413829de221633dd44/download

Post to Twitter

Escribe un comentario