Septuaginta versus biblia hebrea: la biblia de los cristianos

Por • 24 oct, 2021 • Sección: Crítica

Natalio Fernández Marcos

Introducción Por distintas razones el olvido de la Biblia griega en Occidente ha sido estrepitoso hasta bien entrado el siglo XX. A partir del siglo V fue destronada por la traducción latina de Jerónimo. Las políglotas de los siglos XVI y XVII sólo le concedieron un puesto subsidiario frente a la Vulgata y al original hebreo. Y no le fue mejor con la Reforma en el mundo protestante. Los reformados, siguiendo a Jerónimo, se adhirieron al canon de la Biblia hebrea y relegaron a la categoría de apócrifos los libros propios de Septuaginta. Lutero los tradujo al alemán en un apéndice como «útiles y buenos para ser leídos»1 , pero no los incluyó en su versión de la Biblia al alemán publicada en 1534. 

Sólo a partir de la segunda mitad del siglo XX los estudios de Septuaginta han vuelto al primer plano de la investigación. En efecto, como consecuencia de los descubrimientos y reciente publicación de los documentos del Desierto de Judá, se ha producido una revolución silenciosa en la historia del texto bíblico. Y en esta revolución la Septuaginta ha sido uno de los principales actores si no el protagonista.

Hoy hemos tomado conciencia de que la Septuaginta es una pieza fundamental de la historia del texto bíblico en un período en el que todavía coexistía una pluralidad de textos, previo a la emergencia y consolidación del texto hebreo que con el tiempo llamaríamos masorético; de que en ocasiones es el único testigo de una Hebraica veritas distinta de la que se nos ha transmitido en el textus receptus o texto masorético. Hasta ahora la Biblia griega ha sido tratada en crítica textual como una fuente más para restaurar un hipotético Ur-text hebreo 2 . Sin embargo partir de Qumran se ha comprobado que en algunos libros la Septuaginta es testigo de una edición del texto hebreo distinta del texto masorético y anterior a éste o coexistente con el texto consonántico proto-masorético.

Hemos caído en la cuenta también de que la Septuaginta es la Biblia de los autores del Nuevo Testamento –la «Biblia de los Apóstoles» que dirá Jerónimo–, y la Biblia de los Padres de la Iglesia, aunque una buena parte del cristianismo oriental y los Padres de lengua siríaca utilizaron la Pesitta.

Y desde el punto de vista de la exégesis hemos aprendido a valorar que la Septuaginta es la primera traducción y por consiguiente la primera interpretación de la Biblia hebrea, es decir, de un texto consonántico con una tradición de lectura pero todavía no vocalizado, y por lo tanto susceptible de varias lecturas y sentidos diversos. Si toda traducción es interpretación en el caso de la Biblia griega esto es todavía más cierto, puesto que la versión se puede comparar a la ejecución de una partitura musical a partir de las consonantes del texto hebreo3 .

De forma provocativa, pero no por eso menos cierta, uno se puede preguntar con respeto por qué los cristianos han de seguir usando el texto establecido por autores (escribas y masoretas) judíos de los siglos VIII y IX d. C., cuando incluso los judíos en la época del nacimiento del cristianismo no consideraban esos textos como superiores, y cuando disponemos de manuscritos y traducciones alternativos que preservan lecturas superiores (Fernández Marcos 2008, 87)4 .

La Septuaginta no sólo es importante para el cristianismo por las razones antes enumeradas sino que ha sido la traducción que mayor impacto ha tenido en nuestra cultura occidental. Fue la perla del judaísmo helenístico y su más brillante aportación; el mayor corpus de traducción desde una lengua oriental al griego de la koiné. Gracias a esta traducción de la Biblia hebrea al griego, la sabiduría de Israel, que reasume una buena parte del legado sapiencial del Antiguo Oriente, emigró a una lengua indoeuropea5 . Sigue en…

Centro de Ciencias Humanas y Sociales. CSIC.Madrid 1.

https://digital.csic.es/bitstream/10261/35743/1/La%20Biblia%20de%20los%20cristianos.pdf

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