De la economía rentista a las industrias del conocimiento

Por • 6 jun, 2018 • Sección: Economía

Víctor Alvarez

16 de Abril de 2018. Actualmente, las industrias más dinámicas, con mayor participación en el comercio internacional y en las que se generan los empleos mejor remunerados, no son las basadas en materias primas naturales o en el consumo de energía, sino las que se basan en la materia prima más importante de esta época: la materia gris.

De la ventaja comparativa asociada a la explotación de los recursos naturales se ha pasado a un nuevo patrón en el que lo importante es la creación de ventajas com­petitivas sustentadas en la capacidad para producir, circular y utilizar conocimientos. El significado deter­minante que una vez tuvie­ron el petróleo y la energía para la actividad económica mundial, es semejante al que ahora tienen la información, el conoci­miento y los medios teleinformáticos para difundirlos. 

Facilitar el tránsito de una economía rentista a la nueva economía del conocimiento implica una creciente inversión en capital humano, en la planta física para las actividades científicas y tecnológicas, en el desarrollo de sistemas de información y en el fortalecimiento de la infraestructura de telecomunicaciones que permita el acceso sin trabas a las autopistas de la información. La mejora de la calidad de Internet es una condición básica para facilitar la creación de pequeñas y medianas empresas basadas en un uso inteligente de la información y el conocimiento en la producción y comercialización de los bienes y servicios que se requieren para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la población.

La III y IV Revolución Industrial

La II Revolución Industrial llegó a Venezuela con retraso. La producción en masa en grandes plantas industriales comienza bien avanzado el siglo XX a través de la estrategia de sustitución de importaciones que dio origen a una industria sobreprotegida, muy dependiente de los subsidios e incentivos gubernamentales y muy poco competitiva para encarar el desafío de los mercados internacionales.

Al perder la protección arancelaria y para-arancelaria, la asignación de dólares preferenciales para la compra de maquinarias y equipos, las exoneraciones de impuestos y aranceles, el suministro de energía e insumos básicos en condiciones ventajosas, el financiamiento público a bajas tasas de interés y largos plazos, así como las generosas compras gubernamentales, esa industria sobreprotegida que creció al amparo del rentismo petrolero, no se pudo sostenerse en el mercado interno. Por si fuera poco, la ola de expropiaciones, la inseguridad jurídica, los rígidos controles de cambio y de precios y la conflictividad laboral se combinaron para provocar un efecto desindustrializador que redujo la contribución de la manufactura al PIB de casi 20% a finales de los 90, a 13 % al cierre de 2017.

La III Revolución Industrial estuvo signada por la difusión de las TIC, la interconectividad de las empresas y el inicio de la digitalización de los procesos productivos a través de la convergencia tecnológica del software, hardware y telecomunicaciones. La sinergia desatada abrió paso a un entramado de relaciones globales en el que el desarrollo económico y social de las naciones está cada vez más asociado a las inversiones públicas y privadas en el fortalecimiento del capital humano, las capacidades de infraestructura para la producción de información y conocimientos y, por supuesto, en los medios teleinformáticos que faciliten su difusión y uso en los procesos productivos. 

La IV Revolución Industrial tiene que ver con las radicales transformaciones tecnológicas que están borrando las barreras entre lo físico, lo biológico y lo digital.  Así lo vemos en los avances de la inteligencia artificial, la impresión de objetos en tres dimensiones (3-D), los artefactos, vehículos y edificios inteligentes que no necesitan operadores ni tripulación, la nanotecnología que requiere menos materia prima y más materia gris, la ciencia de los nuevos materiales, la robótica, la biotecnología, la biomedicina, las energías renovables y la computación cuántica.

La interconexión entre la producción real y la virtual a través de métodos digitales permite innovar los procesos y productos industriales, y optimizar el uso de la infraestructura industrial con el más bajo consumo de materias primas, energía y fuerza de trabajo. La creciente capacidad y velocidad de los sistemas digitales para facilitar el acceso, procesamiento y almacenamiento de un creciente volumen de información y conocimientos, ha hecho posible un aumento sin precedentes en la productividad de todos los factores productivos

Las redes de innovación

La reindustrialización de Venezuela en estos tiempos de la economía del conocimiento tiene por delante el reto de crear redes de cooperación entre entes públicos y privados para generar y aprovechar conocimientos y tecnologías en la producción de los bienes esenciales para satisfacer las necesidades de la sociedad.

Crear un clima para el entendimiento nacional depende en gran medida del nivel de desarrollo de las redes institucionales que permita la cooperación y complementación de los centros de investigación y desarrollo, las universidades e institutos tecnológicos, los diferentes sectores del aparato productivo, la banca y otras entidades financieras, las firmas de consultoría e ingeniería, las instituciones del gobierno central y local, los sindicatos y gremios profesionales, las organizaciones no gubernamentales y las comunidades organizadas. Son redes de innovación productiva en las que todos interactúan para crear ventajas competitivas basadas en la cooperación y la complementación.  

Poco eficaz será el esfuerzo de reconciliación si no se cuenta con una sólida red institucional para que los adelantos de la ciencia y de la técnica fluyan y sean una fuente de soluciones para los problemas más acuciantes de la economía y la sociedad. Las mejores intenciones pueden verse anuladas si no se complementan con innovaciones organizativas, gerenciales, institucionales y sociales que faciliten la difusión y aprovechamiento de los avances de la ciencia y la tecnología para encarar problemas que a fuerza de renta petrolera no se han podido erradicar. Articular en una Red Nacional de Innovación la amplia gama de actores sociales, económicos, políticos e institucionales que están llamados a participar en la superación de los grandes problemas que el país tiene planteados, es la gran tarea de este tiempo. Esa es la mejor mesa de diálogo, negociación y entendimiento que en el país se puede convocar.

Publicado por Debate Económico 

https://victoralvarezrodriguez.blogspot.com/

 

 

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