Diógenes Laercio IX 61-116: Pirrón y los pirrónicos. Traducción y comentario

Por • 25 dic, 2019 • Sección: Educacion

Alfonso Correa Motta y Liliana Carolina Sánchez Castro

Peiras: grupo de estudio en filosofía antigua y medieval Universidad Nacional de Colombia / Universidad de los Andes – Colombia

Introducción Uno de los documentos de la Antigüedad que más atención suscita en los años recientes es el llamado Vidas de los filósofos de Diógenes Laercio. Una nueva edición del texto griego salió a la luz en 1999 (Marcovich) y otra más está en preparación. A pesar de que durante mucho tiempo se consideró este tratado solamente como un nutrido testimonio doxográfico, y a la persona misma de Diógenes como un transmisor poco fiable de noticias, para la historia de la filosofía es parte de la tradición material que necesariamente ha resultado indispensable en la construcción de nuestra visión de la filosofía griega hoy en día. El libro completo reporta los testimonios de al menos ochenta y cinco personalidades que hicieron parte del panorama intelectual de la antigua Grecia. De cada una de esas personalidades se dan tanto noticias sobre su vida como resúmenes de su actividad filosófica y citas presuntamente literales de sus obras.

En el libro IX, Diógenes Laercio presenta, entre otras cosas, uno de los testimonios más importantes con los que contamos sobre la vida de Pirrón de Élide, además de un resumen bastante detallado y bien estructurado del pensamiento que desarrollaron los que se asumieron como sus herederos: los pirrónicos.1 La inclusión de este testimonio en el libro IX, sin embargo, es una de las cuestiones que se suman al carácter enigmático que presenta la sucesión de filósofos allí expuesta (cf. Brunschwig 1027). ¿Cómo encajan Pirrón y Timón (otro escéptico, presentado en el capítulo siguiente al que aquí traducimos) dentro de la serie, ya lo suficientemente exótica, compuesta por Heráclito, Jenófanes, Parménides, Meliso, Zenón, Leucipo, Demócrito, Protágoras, Diógenes de Apolonia y Anaxarco? ¿Por qué los escépticos (pero también otros de los pensadores examinados en el libro IX) no aparecen mencionados en el plan que el mismo Diógenes Laercio había anticipado en el proemio (I 13-15)?

Ninguna de estas dos preguntas podemos responderla a cabalidad aquí. Baste decir, con respecto a la primera, que el punto de engarce entre la lista exótica y Pirrón es Anaxarco, que supuestamente fue maestro del escéptico (cf. IX §61), por un lado, pero que además tuvo vínculos estrechos con Demócrito, por el otro.2 Con respecto a la segunda pregunta, podemos primero establecer ciertos matices. En primer lugar, la lista del proemio no parece ser exhaustiva y, a lo largo de la obra, tampoco es usada de manera religiosa por Diógenes. Segundo, en I §16 son explícitamente mencionados los filósofos suspensivos, dentro de los cuales caen Pirrón y Timón, en el marco de una clasificación que los opone (en una vena muy escéptica, por cierto) a los filósofos dogmáticos. El tipo de pensamiento que representaban Pirrón y Timón no aparece, pues, de la nada al final del libro IX y tiene de hecho una presencia importante a lo largo del texto de Diógenes.3 Con respecto a esa misma pregunta podemos, finalmente, formular una hipótesis, argüida por Decleva Caizzi (1992 4221). Para esta especialista, dicha exclusión es un reflejo de la posición de aquellos que consideraban que el escepticismo no es una αἵρεσις (escuela filosófica). Diógenes, no obstante, teniendo material para demostrar lo contrario, se propone, al final del libro IX, mostrar que sí lo es.

En cuanto al contenido mismo de nuestro capítulo, hay al menos dos observaciones generales que hacer. Se trata, pues, de un testimonio amplio de la vida de Pirrón que cuenta no sólo con anécdotas y reportes sobre su vida, sino que, como ya dijimos, también incluye una exposición filosófica sobre el pirronismo en general. Toda la exposición del pirronismo dentro del testimonio de la vida de Pirrón puede explicarse por una necesidad textual de Diógenes en calidad de doxógrafo: dado que la actividad filosófica de Pirrón no vio la forma escrita, la fuente que brinda noticia de su vida y pensamiento es el testimonio de su escuela, aunque la distancia temporal entre esta y su progenitor en muchos casos sea considerable (cf. Brunschwig 1028).

Pero Pirrón no sólo no dejó nada por escrito. Pretendía, también, no tener dogma alguno, es decir, carecer por completo de doctrina. ¿Cómo hacer una doxografía en tales condiciones? Este problema afecta, obviamente, no sólo a Pirrón sino a los pirrónicos en general. Para referirse a esta paradójica situación, Barnes (1992 4245) ha acuñado el término de «antidoxografía». Sexto Empírico, nuestra principal fuente sobre el pirronismo, es perfectamente consciente del problema y apela al menos a dos estrategias distintas para resolverlo. La primera consiste en quitarle de entrada explícitamente el carácter de dogma a toda su presentación. Así, en Esbozos pirrónicos I 4 afirma: «no aseguramos que nada de lo que será dicho es completamente tal y como lo decimos, sino que cada cosa será reportada a la manera de una crónica, de conformidad con lo que ahora nos parece». La segunda estrategia, que retomó e hizo célebre el Wittgenstein del Tractatus, consiste en presentar los desarrollos y argumentos expuestos como meros medios, necesarios pero precindibles una vez han cumplido con su función, para alcanzar un fin distinto de ellos. La imagen de la escalera que se suelta una vez ha sido utilizada aparece, en efecto, en Adversus mathematicos VIII 481; la del purgante que se autoelimina está también en Esbozos pirrónicos I 206.

Diógenes, por su parte, sólo apela a la segunda estrategia. Al presentar las voces escépticas, menciona en efecto la imagen del purgante y, generalizando, califica a los enuciados y argumentos de meros «auxiliares» (cf. IX §76-77). Muy seguramente no invoca la primera estrategia precisamente porque, contrariamente a Sexto, no está hablando con voz propia sino sólo haciendo las veces de «antidoxógrafo».

Nuestra traducción fue realizada con base en el texto de Marcovich (1999). Una nota a pie de página indicará cuándo nos alejamos de él y por qué razones. Las valiosas observaciones filológicas y filosóficas de Barnes (1992) y Brunschwig (1999) están detrás de muchas de estas elecciones. Las <antilambdas> señalan añadidos nuestros que pretenden hacer explícitos elementos tácitos del texto. Los corchetes [cuadrados], en cambio, indican que esas palabras deben ser retiradas. Sigue en…

 

Ideas y Valores

Print version ISSN 0120-0062

Ideas y Valores vol.62 no.151 Bogotá Jan./Apr. 2013

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