La historia de Tariq Aziz no será revelada

Por • 28 oct, 2010 • Sección: Internacionales, Opinion

Pepe Escobar, Asia Times Online

Los neoconservadores siempre aseveraron que EE.UU. invadió Iraq para llevar la “democracia” (con el cañón del fusil). Parece que si no la democracia, por lo menos los mayores éxitos del sistema judicial de EE.UU. ciertamente se implementan en Iraq (todavía ocupado): la tortura (como ha demostrado ampliamente Wikileaks) y la pena de muerte. Y se habla de liberación.

Y hablemos de retribución. El ex viceprimer ministro de Iraq Tariq Aziz, de 74 años, enfermo, frágil, ya enjaulado y víctima de un ataque al corazón durante este año, ha sido condenado a la horca por la Corte Suprema en Bagdad, “por su papel en la eliminación de partidos islámicos [chiíes]” según la televisión estatal de Iraq.

Aziz, cristiano caldeo, nacido como Mikhael Yuhann en 1936 en Mosul, el único cristiano del antiguo círculo íntimo suní y baasista secular, su “cara humana” conocida en todo el mundo –graduado en lengua y literatura inglesa- ya está pagando una condena de 15 años por una serie de asesinatos de 42 comerciantes en 1992, más otra condena de siete años por su supuesto papel en la deportación de kurdos iraquíes durante la era de Sadam Hussein. Ningún tribunal occidental admitiría lo que se presentó como evidencia de su supuesta participación personal en ambos crímenes.

La Unión Europea (UE) por lo menos se ajusta a su carta (la pena de muerte es “inaceptable”): la representante exterior de la UE, Catherine Ashton, apelará a Bagdad para que bloquee la ejecución. La defensa de Aziz apelará al Vaticano, que también la condena. El dirigente radical italiano Marco Pannella, ha iniciado una huelga de hambre para denunciarla.

Todo el que no vea esto como un veredicto político cree en la democracia por “choque y pavor”. En este caso se sirve la venganza al actual primer ministro Nuri al-Maliki y a su partido chií Da’wa, que fue perseguido bajo el régimen suní de Sadam. Todos los demás salen perdiendo considerablemente, porque se puede decir que Aziz es la única persona del mundo que podría contar la verdadera historia, en todos sus sabrosos detalles, sobre el vibrante juego sucio estadounidense en Iraq que duró décadas.

Es el máximo éxito de ventas político que nunca podremos leer –que contaría, por ejemplo, cómo EE.UU., el Reino Unido y los saudíes desembolsaron más de 60.000 millones de dólares para que Iraq fuera a la guerra contra Irán durante los años ochenta-; lo que fue realmente discutido entre Sadam, el propio Aziz y el ex secretario de defensa de EE.UU. Donald Rumsfeld en Bagdad cuando se reunieron en 1983; cómo todos los políticos occidentales rindieron homenaje en la corte de Sadam –el hombre que se libraría de esos demenciales ayatolás; cómo Sadam derrotó a las olas humanas de mártires del ayatolá Ruhollah Jomeini pulverizándolos con armas químicas suministradas por Occidente; y cómo esas legendarias “armas de destrucción masiva” no se vieron por ninguna parte, por lo menos desde 1995, invalidando así el casus belli de George W Bush y Tony Blair.

Cuando el Cuerpo de Marines de EE.UU. entró a Bagdad el 9 de abril de 2003, su villa fue saqueada –por los marines y por turbas locales-. Fui a verla en cuanto pude [“Un tour (mal) guiado de Bagdad”, Asia Times Online, 18 de abril de 2003), y encontramos una caja de DVD de la saga de El Padrino –el favorito de Sadam fue el primero– delante de la puerta. El 24 de abril, Aziz se rindió a los estadounidenses. Era el “ocho de picas” en la infame baraja del Pentágono. (Sadam el as de picas).

Es posible que la historia juzgue que Bush y Blair –con su maquinaria de terror à la Moloch, bautizada “choque y pavor–, quienes no han sido mejores que el círculo íntimo de Sadam: directa e indirectamente, sus “políticas” mataron a más civiles iraquíes que lo que jamás haya hecho Sadam. Pero ellos publicaron (Blair) y publicarán (Bush) libros ensalzando su “gloria”.

Pero por su parte Aziz es el único que queda para contarnos una historia verdaderamente sobrecogedora. Y como el proverbial hombre que sabe demasiado, había que eliminarlo.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

 Vínculo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=115644

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