Asdrúbal Baptista: “El crecimiento a cuenta de la renta petrolera carece de futuro”

Por • 26 jun, 2020 • Sección: Nacionales

Víctor Salmerón

25/06/2020

Este jueves 25 de junio de 2020 falleció el economista y abogado venezolano Asdrúbal Baptista, un referente nacional en temas petroleros y economía y con una importante obra escrita. Prodavinci reproduce esta entrevista, realizada por Víctor Salmerón y publicada el 23 de julio de 2015, para un repaso por su pensamiento y sus aportes.

Fiel a sus preceptos, Asdrúbal Baptista teje un análisis que explora las entrañas del Petroestado. Sin caer en la tentación de señalar culpables, con detenimiento, desglosa las causas que explican por qué a principios de los años ochenta culminó el largo ciclo de expansión que comenzó en 1920, tras la aparición del oro negro en el Lago de Maracaibo. Con honestidad, aborda el trasfondo de las últimas tres décadas, un laberinto donde al país le ha sido imposible reencontrar el crecimiento sostenido y, de cara al futuro, propone un cambio radical en el destino de la renta.

Catedrático de la Universidad de Cambridge, Regente de la Cátedra Andrés Bello de la Universidad de Oxford, miembro de la Academia de Ciencias Económicas, profesor vitalicio del IESA, no ha dejado de investigar. La semana pasada bautizó su libro Los números del petróleo: Venezuela 1925-2012, donde recopila cifras que resultarán esenciales para evaluar el impacto del barril en las cuentas nacionales, tanto en bolívares como en dólares.

En su libro Teoría Económica del Capitalismo Rentístico usted señala que el ciclo virtuoso que experimentó Venezuela entre 1920 y la década de los setenta obedeció a que la renta petrolera permitió una evolución armónica de la oferta y la demanda. De la mano del Estado surgió un sector industrial con dólares baratos, crédito abundante, pocos impuestos y protección de la competencia extranjera. También se desarrolló el mercado con empleo público, contratación de obras y urbanización. Pero este equilibrio se rompió a principios de los ochenta y emergió un colapso cuya manifestación más clara es que la inversión superó por mucho a la demanda, que dejó de crecer velozmente tras finalizar la urbanización. Al mismo tiempo, la sobrevaluación bloqueó la posibilidad de exportar. ¿Entonces, es imposible crear un nuevo ciclo virtuoso con un sistema que tenga como eje a la renta petrolera?

Es bueno precisar que el primer gran envión de ese ciclo no es la renta sino la actividad productiva tras el petróleo. Lentamente la cara de la renta se le va a ir sobreponiendo. Dicho esto, esta pregunta va al meollo de lo que fue mi contribución en ese libro. En esta descomunal expansión de cinco décadas que mencionas el PIB por habitante alcanzó su valor máximo a finales de los años setenta y la economía dejó de producir números crecientes en un momento en que recibió una gran masa de recursos. Se pensó que aquello era un simple vaivén, pero la verdad es que había algo tan de fondo que comienza una larga caída del PIB por habitante que se va a asociar con el descenso del salario real. Un declive que se prolongó hasta avanzada la primera década del siglo XXI. Entonces, la pregunta que deberíamos hacernos es cuáles eran las condiciones iniciales en las que el país recibe ese impulso enorme, para recrearlas, en caso de que mañana el precio del petróleo llegara a 150 dólares y aumentara proporcionalmente en los términos en que lo hizo en los años sesenta y setenta.

Comencemos por decir que Venezuela era un país rural de modo que construir el mercado, es decir, el proceso de urbanización, fue el espacio al que se dirigió en una medida muy importante el crecimiento. Seamos categóricos: ya no tenemos a nuestro favor lo que Venezuela tuvo a comienzo de los años veinte, un inmenso atraso que se expresaba, entre otras cosas, en una población rural que se urbanizó a una altísima velocidad. En concreto, esto significa que las posibilidades de inversión ya no cuentan con el mercado doméstico. Eso hace que la renta gastada como se gastó no nos va a hacer crecer: sólo puede crear impulsos circunstanciales, que muy pronto se autoderrotan.

Entonces, ¿cómo imaginar el uso de la renta para el país de hoy si se llegara a producir un aumento sostenido de los precios del petróleo?

El gran impulso no vendrá de la idea de crecer a cuenta de la renta. La renta tenemos que dejarla para otros propósitos. Las bases para el crecimiento de Venezuela tienen que ser un ejercicio de gasto consciente de la renta en bienes colectivos, que no van a ser de consumo privado. Tampoco la inversión pública productiva, en el sentido estricto de la palabra.

¿Tampoco para ampliar la Corporación Venezolana de Guayana, Sidor, Cantv, por ejemplo?

Deben ser bienes que sirvan a toda la sociedad. Estamos hablando de un frente inmenso, porque allí está la infraestructura del país: carreteras, edificios públicos vinculados con la salud, la educación, esparcimiento, redes de agua, redes de cloacas. Hoy tenemos necesidades de inversiones en obras colectivas, por ejemplo: una nueva autopista Caracas-La Guaira. Si vas a la Universidad Simón Bolívar pasas por la misma carreterita por donde yo pasaba en 1960. Son cosas que si no están no hay crecimiento. El crecimiento tiene que ver con todo aquello que una sociedad es capaz de hacer y que impulsa los salarios reales. En última instancia: la productividad.

Al cambiar el uso de la renta a bienes colectivos, ¿nos plantearíamos cómo importar lo que se requiere para construir carreteras, hospitales, aeropuertos en vez de bienes de consumo?

Tendríamos entonces un país que se ha planteado hacer algo distinto con el ingreso petrolero. No es que no vamos a crecer, sino que la renta no es para crecer. Por buscar a la renta para crecer estamos donde estamos. La renta, en última instancia, es capacidad de importar: una masa enorme de recursos que se tienen como capacidad de importar tienes que hacerlos venezolanos. Si los vas a hacer en objetos del consumo, es decir: que la gente compre hojillas de afeitar, automóviles, etcétera, vas a tener un inmenso problemón como el que tenemos en este instante con el tipo de cambio. El tipo de cambio es la consecuencia del uso de la renta.

En el prólogo de su libro de 2006, El relevo del capitalismo rentístico, usted habló de “la deliberada vuelta hacia el rentismo en cuanto práctica económica y en cuanto modo colectivo de vida, que al presente se proclama como el camino más favorable que Venezuela debe transitar en el futuro”. Luego agregó que “la renta petrolera no tiene futuro”. ¿Entonces hemos estado caminando por una calle ciega desde los años ochenta, cuando se quebró la situación ideal de 1920-1970?

Si no hemos estado caminando por una calle ciega, ¿qué podría decir uno parado en el año 2015? Pues que se ha avanzado por una vía que no nos ha llevado a ninguna parte. Pero eso no estaba claro en 1980: la calle es ciega hoy, vista hacia atrás.

¿Y en 2006 no estaba clara esa calle ciega?

No lo sé. Déjame responder por 1994: en julio de ese año el entonces candidato Rafael Caldera conversó conmigo sobre lo que iba a decir en la Asamblea Anual de Fedecámaras. Le dije que le ofreciera al país que iba a detenerse la caída del salario real. Y su respuesta fue: “Asdrúbal, ¿tan poco vamos a ofrecer?” ¡Pero ese hubiese sido el mayor logro de su segundo Gobierno! Es decir, es una calle ciega vista desde hoy. Probablemente es lo mismo de 2006. Vamos a modificar algo aquí, cambiamos los hombres y esto lo podemos resolver, pero había algo más de fondo: habíamos llegado al límite. La médula de la tesis de la que conversamos antes es que la renta sirve para crecer mientras más atrasado estás, porque tienes todo como mundo hacia adelante y Venezuela era un país muy desarrollado a finales de los años setenta, pobre quizás, pero con un nivel de desarrollo incuestionable.

Cuando habló en 2006 de la deliberada vuelta hacia el rentismo, ¿a qué se refería concretamente?

El rentismo era: vamos a utilizar la renta para crecer.

En el 2006, cuando ya se vislumbraba el aumento del petróleo, usted ya decía que la renta no tenía futuro. ¿Y a ese Gobierno era imposible plantearle que iba hacia una calle ciega?

Para honrar a la verdad, en un momento dado mi proposición fue utilizar el grueso de la renta para reurbanizar al país, creando en el Eje Orinoco-Apure una nueva masa urbana que requería inversiones de infraestructura, inversiones productivas. Ahora bien, el uso de la renta para aumentar el consumo pura y simplemente produjo algo que hay que ponerlo en su santo lugar: aumentó el nivel de consumo popular masivamente. Y allí se juntan entonces, como fueron los años iniciales del petróleo, crecimiento y desarrollo. Así como Cadivi hizo que los venezolanos descubrieran el mundo, sobre todo quienes no habían tenido oportunidad.

Hay una decisión de impulsar el consumo popular redistribuyendo la renta. El problema es que el país cae en un gran desequilibrio macroeconómico que pareciera que va a revertir ese nivel de consumo. Ahora no se puede consumir porque existe una escasez tremenda y unos altísimos niveles de inflación que están golpeando esa capacidad de consumir. Eso es lo que llamo una calle ciega.

Es una calle ciega hoy. En 2006 no era ciega.

Pero en 2006 usted ya hablaba de que la renta no tenía futuro.

Porque tenía a mi favor todo lo que los años anteriores me habían permitido entender. Eso no lo logré comunicar. No se trataba de que alguien dijera “Baptista tiene razón”. No hablo en términos personales, sino en cuanto a la comprensión de las cosas. Este punto del consumo es muy importante. En el prólogo que escribo para la segunda edición de La Teoría Económica del Capitalismo Rentístico, en 2008, se menciona la imprescindible necesidad de que haya una caída del consumo para que el país pueda salir adelante.

Concretamente, ¿cómo diferencia el crecimiento del desarrollo?

El crecimiento es algo individual: cuántos automóviles tengo yo, cuántos metros cuadrados de vivienda, cuál es mi salario real, el ingreso por familia en bienes de consumo. El desarrollo, en cambio, son cuántos servicios de asistencias prestan los hospitales, cuántos metros cuadrados de carreteras y automóviles se usan, cuántos museos visita la gente, cuánta música escucha y qué tipo de música. Eso ya no alude a hechos individuales.

En su libro de 2006 usted también escribe que “resulta un verdadero desatino acomodar el negocio petrolero a un campo de directrices que persigan extraer a toda costa una renta predeterminada. Porque ha de ser obvio a estas alturas que la realidad de las cosas —tanto el estado del mercado mundial como el carácter mismo del negocio impone unos límites férreos e infranqueables, en razón de lo cual una política puramente rentista carece de posibilidades de éxito, y más bien debe precipitar consecuencias funestas para la industria petrolera venezolana”. ¿Se aplicó esta política puramente rentista en la industria petrolera? ¿En qué consistió? ¿Tuvo efectos funestos o usted se equivocó con esta apreciación?

Cuando escribí eso no estaba en el horizonte que los precios del petróleo llegaran a donde llegaron. Me refería a sujetar las inversiones que se necesitaban en el sector petrolero a condiciones para que fueran estrictamente rentísticas. ¿Qué es la renta? Produces petróleo y lo vendes muy por encima de lo que cuesta sacar el barril. Cuando se escribió eso, entre 2004 y 2006, si el país iba a acelerar la política rentista era exigiendo que las inversiones por hacerse se plegaran a las exigencias rentísticas en impuestos y regalías. Remarcar lo rentista en esas condiciones era poner la inversión bajo condiciones que no iban a ser aceptadas por los inversores. Luego viene el aumento de los precios del petróleo, que aflojan todo eso.

Ahora que el precio no está en niveles siderales, ¿hay que rediseñar esas condiciones?

En este momento uno querría tener una información que no existe, bajo qué condiciones se está abriendo el mercado petrolero venezolano a la inversión mundial.

Se habla que hay una redefinición de condiciones.

Ese tipo de cosas solían ponerse en el papel y uno tenía elementos de juicio, podía hacerse un criterio. Anda tú a ver cuáles son en este momento las condiciones bajo las cuales la inversión extranjera foránea, venga de donde venga, está produciendo. De uno juntar el contenido del discurso con las condiciones, o estas condiciones son extremadamente duras para que sean proporcionales al discurso o el discurso es una mampara. Me hago esa pregunta ingenuamente.

¿Ingenuamente?

Sí, sí. No tengo elementos de juicio.

En una especie de balance histórico, usted señaló que la sobrevaluación de la moneda “es una bendición para facilitar el proceso de urbanización, la acumulación de capital, la estabilidad doméstica de los precios o la maximización de la renta cuando esta se fija en valores nacionales, pero no es menos palmario que una moneda muy cara limita el acceso de los bienes producidos al mercado internacional, tanto que los ingresos al fisco sufren ostensibles mermas cuando la renta externa se cambia a una tasa sobrevaluada”. También indicaba que “la urgencia de crear puestos de trabajo, al igual que los naturales ritmos del ciclo político, conducen al abultamiento del empleo público. Ello se traduce en mayor demanda doméstica, pero también en una situación muy delicada, por lo potencialmente crónica, del balance de las cuentas públicas”. ¿Qué propone para aislar los efectos perniciosos de la renta petrolera?

La renta sirvió para acrecentar el tamaño del empleo público, mantener una moneda sobrevaluada, unas cuentas fiscales razonablemente equilibradas, un crecimiento de la demanda doméstica y de la inversión interna. Es decir todo aquello que da idea de un equilibrio, porque las condiciones iniciales eran de un atraso tan grande que finalmente había un espacio muy grande para que eso ocurriera. A estas alturas ese espacio se cerró. ¿Vas a hacer crecer la demanda doméstica vía el crecimiento del empleo público? Te revientan las cuentas fiscales y terminas con una retroalimentación que es insostenible.

Caigo en la cuenta del empleo público en las semanas previas a la asunción de Caldera a su segundo gobierno. Y en ese momento la gran tarea que yo veía para el Gobierno era desahogar la presión que creaba esa masa enorme de empleados públicos. ¿Treinta años más tarde qué voy a decir? El empleo público no ha dejado de crecer. Y al crecer el empleo público, todos los eslabones que tienes en tu cabeza ponlos a funcionar y terminas entonces en inflación, déficit en las cuentas fiscales… por allí no funciona. Si quieres hacer crecer la economía no va a ser por la vía del gasto de la renta como lo conocimos.

También escribió en 2006 que el hecho de que exista un Estado autónomo que, gracias a la renta petrolera, no requiere del sector privado para obtener ingresos, “configura un obstáculo mayor para los fines del desarrollo de la iniciativa privada y por consiguiente del crecimiento económico”. Además, afirmó que “con todas sus implicaciones y contradicciones debe admitirse que la base económica de la sociedad moderna descansa en la iniciativa privada, que a su vez resulta ser el perfecto correlato de la ciudadanía política. Mas su pleno ejercicio enfrenta impedimentos mayúsculos cuando el Estado monopoliza al mismo tiempo lo político y lo económico”. ¿Cómo se puede alcanzar un nuevo balance de poder?

Ésta es la gran pregunta que el país tiene por formularse. Si, por ejemplo, vemos hacia Colombia, observamos que el Estado es dependiente de la sociedad tanto como la sociedad lo es del Estado, esa recíproca dependencia nosotros nunca la tuvimos. En Venezuela la conducción política tiene en su respaldo primordial la no necesidad de la sociedad civil, en el sentido de que la sociedad civil no lo financia. El Estado nace en Venezuela de la mano del petróleo. El petróleo no solamente urbanizó, creó la red de carreteras, escuelas: también permitió la conformación del Estado moderno venezolano. Tú revisas los documentos públicos de los partidos políticos después del gomecismo y no hay ninguno que finalmente no ponga su acento en el liderazgo que en lo económico debe tener el Estado. No hubo nunca en Venezuela un pensamiento liberal.

Voy a dejar esta pregunta abierta por necesidad de ser riguroso: el venezolano, tú, yo, nuestros hijos, mis padres, ¿qué tienen como gran predisposición social detrás, para los fines de contar con un Estado distinto? Esto podría cambiar. Pienso en concreto que en Venezuela, en un plazo de unas cinco décadas, un siglo, los venezolanos nos hiciéramos tributarios del Estado en el sentido impositivo de la palabra. Toma un simple elemento de juicio para que veas la contracorriente de los tiempos, que es el precio de la gasolina. Un bien público por el que los venezolanos no estamos dispuestos a pagar un céntimo.

También es una muestra de cómo el Estado ve a la sociedad. Un Estado que ni siquiera en medio de un déficit fiscal de más de 15% del PIB se atreve a cobrar por la gasolina.

Esto es bilateral. No hay lo uno sin lo otro. Ése es un tema que se ha planteado muy pobremente. Una de las variables de esa discusión ha sido que al final de cada ejercicio fiscal cada venezolano tenga derecho a ir a PDVSA a recibir lo que le toca por ser propietario. Hay manifestaciones preciosas de lo que efectivamente puede ser la mente buscando la solución a un problema y toparse con una respuesta que es exactamente contraria a la que quizás debería darse. En última instancia, como respuesta, en abstracto, la renta petrolera no puede ser privada: tiene que ser colectiva. Y si es colectiva no puede ser para disfrute individual, sino para disfrute colectivo.

Hablando un poco más del sector privado, usted dice que en los años ochenta el Estado tenía una gran debilidad, estaba endeudado y el sector privado, que había acumulado un gran capital, simplemente se replegó.

Lo que le interesaba era ganar un bolívar más. Nunca fue más pobre el sector privado como expresión de una voluntad de desarrollo del país que en esas circunstancias. No oías salvo “¿Qué puedo hacer para que me reconozcan estos dólares que compré a esta tasa?” Los planteamientos eran de una pobreza ideológica infinita.

¿Y ahora cómo observa el tema?

¿Dónde están? Las circunstancias en este momento son de tal entidad que no puede haber más incentivo para el pensamiento, para la reflexión, para poner de manifiesto ideas importantes. Es muy posible que en medio del declive de los años ochenta aún la bonanza fuera tal que el país no daba para una discusión intensa y rica como la que deberíamos tener en este momento.

¿Nota alguna diferencia entre el sector privado de ahora y el de entonces?

De fondo no. “Denme divisas, asegúrenme esto, provéanme de esto…”, lo más convencional.

¿Qué ocurre para que Venezuela no sea capaz de atraer al sector privado nacional e internacional para que invierta?

Eso hay que preguntárselo al sector privado. Yo respondo por lo que oigo de los privados nacionales. Escucho los discursos y me digo ‘No hay fuerza’. El país no está en la mira. El país de hoy es muy distinto al que teníamos en los años ochenta. Hoy tenemos a un país sumamente desarrollado, mucho más en lo político que en lo económico, pero sumamente desarrollado.

¿Desarrollado de qué forma en lo político?

La gente siente derechos que hace treinta años ni por asomo y la gente sabe que el petróleo tiene que ver con ellos.

Que una sociedad en su conjunto permita que la mitad de la renta petrolera vaya a un fondo como el Fonden, del que no se sabe nada, ¿es desarrollo político?

¿Y por qué no? Perdóname: cuando la gente caiga en cuenta de eso de repente pregunta. En los años noventa la gente no hablaba de petróleo.

En realidad a esta sociedad no le ha importado cómo se ha administrado la renta petrolera.

No estoy seguro de eso. Lo importante aquí es tener la serenidad para darse cuenta de que hay cosas. Puedes ver mañana tu cuenta corriente crecer si te depositan algo. El desarrollo tiene otras velocidades.

Bueno pero lo mínimo del desarrollo político es exigirle rendición de cuentas a los gobernantes que administran el dinero de la Nación.

Eso está al final del camino, el desarrollo político desemboca en eso.

Entonces estamos muy lejos de eso.

Es muy posible. Estamos hablando de procesos sociales e históricos. La premura en esto no es posible.

¿Vamos a llegar a eso después de cuántos caudillos que utilicen el dinero de la Nación cómo les dé la gana?

¿Y si el caso fuera ése?

Creo que habría que acelerar el proceso. Plantearlo es importante y usted no lo plantea. Dice que estamos muy desarrollados políticamente.

Perdóname, pero es que yo comparo al venezolano de hoy con el de hace treinta años y este venezolano tiene una conciencia de sus deberes y sus derechos que no era el de hace treinta años, para nada. Yo me abriría a un proceso que está en marcha, que probablemente tú no ves. Estamos hablando de algo que está, lentamente, haciéndose.

¿Cómo observa el tránsito hacia el socialismo?

Déjame ponértelo científicamente: socialismo no ha habido.

Los fundos zamoranos y las empresas de producción social, ¿no serían parte de la producción no capitalista?

Si estamos hablando en serio, el socialismo es una estructura económica en la cual los excedentes productivos son generados socialmente. El principal excedente en Venezuela es la renta y la renta es la perfecta expresión capitalista de un ingreso. Históricamente no ha habido socialismo. Estoy pensando en el mundo: ha habido sociedades a las que se las llamó socialistas pero cuando la historia se descubre, y se descubre rigurosamente, experiencias socialistas no ha habido. Entonces, si me preguntas por el socialismo digo que tengo que esperar que acontezca como realidad histórica para poder evaluar mi propia sociedad a la luz de aquello.

¿Los venezolanos han intentado hacer algo que no se ha hecho nunca en el mundo?

Se lo propusieron, como quizás también en algún momento lo hicieron otras sociedades, y se terminó demostrando que aquello no era. Y tan no era así que finalmente no se sostuvo. Yo como científico de la sociedad tengo que esperar por la realidad acontecida para poder hablar de eso. ¿Voy a hablar de algo que está en mi fantasía, en mis ilusiones, en mis anhelos? Ése no soy yo.

¿No ve un solo signo de socialismo en la economía?

El principal signo sería la sustitución de la renta por un ingreso que fuera generado socialistamente. Y eso no ha acontecido. La renta es un ingreso estrictamente del mercado mundial y en ese sentido es capitalista. No hay nada más capitalista que el ingreso de la renta del petróleo. Para yo poder hablar, Asdrúbal Baptista, de que se ha puesto en marcha el proceso de construcción del socialismo tengo que ver a la renta desapareciendo y en su lugar apareciendo un ingreso generado socialistamente. Eso aún no lo he visto.

https://prodavinci.com/asdrubal-baptista-el-crecimiento-a-cuenta-de-la-renta-petrolera-carece-de-futuro/

Post to Twitter

Escribe un comentario