Cambios del escenario energético mundial

Por • 13 ago, 2013 • Sección: Nacionales

Luis Fuenmayor Toro

En el programa “Debate con Fuenmayor” por Radio UNO 1.340 AM (martes, miércoles y jueves, 5 a 6 pm) el Movimiento “De Frente con Venezuela” viene planteando, a través de Camilo Arcaya y quien escribe, la urgencia de que el gobierno venezolano estudie seriamente el escenario petrolero y energético mundial, en el cual se están produciendo de cambios trascendentales en forma acelerada, que pueden afectar negativamente a nuestro país y a sus habitantes de no prepararnos para afrontarlos de la mejor manera posible. No se trata de un alarmismo politiquero. No hay que correr a llenar el tanque de gasolina del auto, ni justificar un aumento del precio de ésta, para tener algo más para la campaña electoral de “Patria Segura” y “Gobierno de Calle”. No somos la MUD, que se pega oportunistamente de las protestas de los universitarios o de las marchas de los trabajadores, sólo para obtener provechos electorales.

Mientras la política del país se centra en la novelesca lucha entre el gobierno y la oposición restauradora, cuyas discusiones no van más allá de la grabación de Mario Silva y su salida de VTV o de las separaciones de Ismael García y Kiko de Globovisión por órdenes gubernamentales, en el escenario internacional petrolero y energético se producen grandes cambios, para los cuales el país no está nada preparado y, posiblemente, ni siquiera debidamente informado. Se perdió la oportunidad de capacitarse profesionalmente en el área energética, mientras se dispuso de cuantiosos recursos, que hubieran posibilitado la formación de especialistas e investigadores en todas las áreas del sector energético, la creación y el refuerzo de grupos de académicos calificados en las disciplinas pertinentes, así como la instrumentación de una amplia formación de pregrado en ciencias básicas, ambientales y todas las ingenierías.

Son cosas de carácter estratégico las planteadas. Nos preocupa nuestra patria y su delicado futuro de continuar la exportación de combustible fósil como base de su sustento. Venezuela vive de vender petróleo, por lo que sus condiciones sociales y políticas actuales se sustentan en esa venta. Todo lo que la influya nos influirá necesariamente, para bien o para mal. China es uno de nuestros principales compradores de petróleo y, aunque desde hace 3 años es el primer consumidor de energía en el mundo y lo seguirá siendo, su política energética se centra en la diversificación de sus compras y el impulso de la generación de energía limpia: solar y eólica. El desarrollo exitoso de ambas políticas puede afectar nuestras ventas al gigante asiático. Recordemos que los chinos no le compran petróleo a nadie sólo por cuestiones de solidaridad.

EEUU, nuestro otro gran comprador y puntual pagador, tiene como política energética producir suficiente para su consumo interno, lo que haría superfluas las compras actuales a Venezuela. De hecho, en febrero de este año, las ventas a EEUU fueron menores que las efectuadas en febrero de 2003, pese a que en aquel momento se estaba bajos los efectos del paro petrolero (Continuidad y Cambio, año 2, N° 18, pp 42, junio 2013). Pero hay más. Mediante la extracción de gas de esquistos, cuya tecnología ya existe y comienza a aplicarse, el coloso norteño obtendría combustible suficiente para convertirse en exportador de energía en 2020, a penas dentro de 7 años. Es decir que no sólo dejará de comprarnos petróleo a partir de 2016 ó 2017, sino que competirá con nosotros en la exportación y venta de energía.

Pero los intereses estadounidenses y sus políticas van mucho más allá de lo señalado, pues buscan impulsar en sus aliados europeos cambios acordes con sus objetivos geopolíticos futuros. En Europa también se discute la producción de gas de esquistos, incluso enfrentando los fuertes reclamos ambientales de diputados de la unión y sus pueblos. Para EEUU la suficiencia energética de Europa la haría independiente de los suministros de gas ruso y del conflictivo medio oriente, lo cual es un objetivo del gobierno norteamericano. Esto no significa que están cerca de tener resuelto el problema, el cual es mucho más complejo que la cuestión únicamente tecnológica, pues la expansión de la contaminación al proceso mismo de extracción energética es objetada por la mayoría en países como Francia, Alemania y Austria. Es, empero, una realidad, que la instrumentación de estas políticas influiría notablemente en nuestro futuro exportador petrolero. 

Otros productores de petróleo y de gas han aparecido y seguirán apareciendo, tanto en nuestro continente como en el continente africano, por lo que habrá muchos más países ofreciendo su petróleo al mercado internacional y mucho más oferta de crudo en el mismo. En Brasil se han encontrado enormes yacimientos mar adentro, México se recupera como productor y Colombia aparece entre los futuros productores. Actualmente hay 17 países africanos que producen petróleo y gas, entre ellos los tradicionales Argelia, Libia, Nigeria y Gabón, a los que se suman la República del Congo, Guinea Ecuatorial, Uganda, Tanzania, Mozambique, Sudán y Ghana. Se posibilita entonces la reducción de la fortaleza actual de la OPEP y la generación de presiones hacia la baja de los precios petroleros, lo que indudablemente nos afectaría.

Mientras el escenario mundial petrolero del siglo XX era mucho más fácil de comprender, pues la producción, transporte y venta del crudo estaba en manos de siete grandes empresas cartelizadas, bautizadas irónicamente por Enrico Mattei como “Las siete hermanas” (ExxonMobil, Royal Dutch Shell, Chevron, Gulf Oil Co, British Petroleum, Mobil y Texaco), hoy el mercado está en manos de nuevas empresas, estatales unas, como Aramco, Gazprom, CNPC, PDVSA y Petrobras, e “independientes” otras, llamadas así por estar separadas tanto de las primeras como de las estatales. Es un mercado muy competitivo, con empresas rivales muy diversas y numerosas, con distintos intereses, propietarios, estrategias y tecnología, lo que implica la obligatoriedad de conocer a fondo esta situación y sus actores para alcanzar el éxito.

No tenemos indicios de que el Ministerio de Energía y Petróleo ni la propia PDVSA hayan constituido equipos profesionales multidisciplinarios, altamente capacitados, para estudiar profundamente el escenario energético descrito, dominarlo y acompañar la elaboración de una política que deje de colocar su centro en la exportación de combustibles fósiles. Venezuela debe ya tomar el camino del desarrollo de su industria petroquímica, mediante grandes inversiones de PDVSA, y la industria de químicos orgánicos, en la cual se puede asociar el Estado con empresas privadas venezolanas. Prepararse para ser exportador de derivados del petróleo de mucho mayor valor agregado es imprescindible para sobrevivir en el mundo del futuro, con muchas naciones tratando de abandonar el subdesarrollo.

Estas decisiones políticas tienen carácter estratégico y requieren de varias otras medidas simultáneas en diversos sectores económicos y sociales. La formación académica de alta calidad de los profesionales (pregrado) y especialistas e investigadores requeridos para este cambio trascendental, lo que requeriría un enorme esfuerzo y financiamiento de estudios en universidades extranjeras de primera línea, así como en universidades, centros, institutos politécnicos y tecnológicos, teniendo siempre presente que los resultados de estas acciones no se obtienen en el corto plazo. No vemos en el discurso presidencial ningún indicador de que se esté siquiera pensando en la materia. Ciertamente no conocemos programas de formación ni de investigación científica y tecnológica que se estén instrumentando en este amplio sentido.

La creación de la Universidad de los Hidrocarburos, a pesar de las limitaciones que su nombre genera, pudiera ser una importante contribución de PDVSA en estos aspectos, los cuales les son propios, pero sólo si se entiende la magnitud del reto que debe enfrentarse y se asume producir en el país la ciencia y tecnología que se necesita. Lo que no se haga hoy será imposible hacerlo luego sin los grandes sacrificios de la población que en otras naciones, sin recursos naturales, se tuvieron que hacer durante décadas. 

La Razón, pp A-7, 9-6-2013, Caracas   

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