Comentarios Coloquiales a Hugo Moyer y a Jesús Puerta a propósito de Marx y las Alienaciones

Por • 26 nov, 2020 • Sección: Nacionales

Javier Biardeau

«No existe, pues, un conflicto real entre el revolucionario y la tradición, sino para los que conciben la tradición como un museo o una momia. El conflicto es efectivo sólo con el tradicionalismo. Los revolucionarios encarnan la voluntad de la sociedad de no petrificarse en un estadio, de no inmovilizarse en una actitud. A veces la sociedad pierde esta voluntad creadora, paralizada por una sensación de acabamiento o desencanto. Pero entonces se constará, inexorablemente, su envejecimiento y su decadencia.»

José Carlos Mariátegui

25/11/2020. Quiero retomar y agradecer los comentarios críticos de Jesús Puerta[i] y Hugo Moyer[ii] al artículo titulado: «La alienación gratificante (vencedores) y la alienación sufriente (vencidos): la vigencia de la «Sagrada Familia» de Karl Marx»[iii] (https://www.aporrea.org/ideologia/a297282.html).

Lo haré desde el clima de una conversación informal y distendida, con alusiones a debates que deben encararse ya con otros géneros de discurso y protocolos de rigor.

Desde hace rato, cada quien viene haciendo balance de inventario sobre el decurso y las prácticas de lo que se ha dado en denominar la Revolución Bolivariana, así como los modos de inserción en tal proceso histórico de cambio sociohistórico. Sobre la revolución bolivariana y el proceso popular constituyente que opera en su matriz generativa se han vertido chorros de tinta, toda una verdadera semiosis, con actitudes y voces enfrentadas y controversiales.

Desde mi punto de vista, se caracterizado por su amalgama ideológico-política y su heterogénesis social (policlasismo y diversidad con pesos muy desiguales), con sus variaciones, sus diferencias, tensiones, concurrencias, conflictos y contradicciones internas.

Eso apunta directamente a los nudos de los intereses históricos concretos de determinados círculos, grupos y sectores sociales, de bloques políticos amalgamados al proceso incluso desde aquellos tiempos del 4-F, hasta analizar todos sus desprendimientos, incorporaciones, recomposiciones, alejamientos, purgas y exclusiones hasta el sol de hoy.

Desde hace rato me ha parecido que es fundamental referirse a graves obstáculos para consolidar y darle calidad política a tal proceso, por ausencia de una plataforma de pensamientos cuyos atributos podrían nominarse: crítico, creativo, abierto, propositivo, complejo, consistente y sometido a la vieja exigencia de la unidad de la teoría y la práctica, enfrentando el dogmatismo, el empirismo abstracto, el pragmatismo, el eclecticismo y todo el legado de colonialismos en el plano de los horizontes de interpretación y acción en el interior de lo que se consideraba un proceso revolucionario.

No se trata de una moda referida a debates entre comunidades intelectuales, sino de un antiquísimo problema. Los marxistas de todos los pelajes nunca fueron ajenos a ese debate del colonialismo ni a los catecismos que disfrazaron los dogmatismos. El problema es que el marxismo en los contextos de las periferias del sistema mundo capitalista tiene que asumir sin retardos y sin excusas la centralidad de la acumulación originaria de capitales y el colonialismo. Hoy en el nudo epistémico y hermenéutico (nudo ineliminable de recursividad) del colonialismo se enfatiza además el debate sobre la descolonización de los saberes y conocimientos, tema mucho más antiguo que el anglicismo «De-colonialidad».

Se pensó en las izquierdas que desde 1990, no sería ya con los manuales de marxismo-leninismo (propios del socialismo burocrático real) ni con la reactivación de los viejos nacional-populismos, que sirvieron de fachada a las enmascaradas dominaciones de fracciones burguesas (mal calificadas de «burguesías revolucionarias») que se podrán salir de los atolladeros y encrucijadas si de Nuevo Socialismo se trataba. Algo había ocurrido luego de 1968 que había cambiado muchas coordenadas epistemológicas, hermenéuticas y políticas. Insistir por ambas vías es como girar en círculos en una calle ciega.

Chávez no solo sorprendió a la izquierda al reactivar el término socialismo, sino que la sorprendió al exigirle una renovación de sus fundamentos y legitimaciones convencionales. Invento sintagmas como ese de «socialismo bolivariano», qué como el «árbol de las tres raíces», recibió denostaciones y burlas. Ese gesto sintetizaba además aquello de adjetivar como «del siglo XXI» lo que en el siglo XX había mostrado graves falencias y horrores. Algunos pensaron que era una simple operación demagógica y propagandística, que era un pote de humo discursivo.

Incluso muchos de sus más cercanos colaboradores pusieron el grito en el cielo cuando Chávez hablo de socialismo. Era como si les echaran una tremenda vaina. ¿Y ahora como voy a chupar de la teta del Estado si se trata de socialismo? Esa es la génesis de «Los Alacranes».

Si en cambio, el llamado proyecto trataba de replicar un determinado curso de modernización refleja y espuria, por supuesto que se podrían aplicar viejos libretos y viejas alianzas, reciclar toda la chatarra del «bloque de cuatro clases», colocando esta vez a una dirección política funcional a la conducción económica, como fuerza definitoria de un proceso de «acumulación dependiente» a una orientación capitalista.

Allí eso de «Ni calco ni copia» (Mariátegui), o de «inventamos o erramos» (Simón Rodríguez) pasaría a subordinarse al imperativo de «Copiar Modelos». Allí están lo que sí saben hacer revoluciones: Cuba, China, Viet Nam y hasta Corea del Norte. ¿Para qué ponerse creativos o ponerse a Inventar?

Sin embargo, el grave problema de las clases populares y subalternas es que siguen siendo vagones de cola de las direcciones pequeñoburguesas o burguesas enmascaradas en agrupaciones y coaliciones con fachada progresista.

Esto comenzó con mayor claridad en nuestra américa con la traición a los principios anti-oligárquicos, populares, agrarios e indigenistas de la Revolución Mexicana hasta consolidarse en un régimen de partido estado con el PRI.

Quizás hay quienes quisieran establecer paralelismos con la revolución federal venezolana, con las corrientes zamoranas, con todo ese liberalismo radicalizado que recorrió el siglo XIX latinoamericano tratando de darle contenido social a la Independencia Nacional.

Lo cierto es que hay un cúmulo de necesidades, aspiraciones, demandas y exigencias populares postergadas y traicionadas: justicia social, tierra y libertad, reconocimiento de derechos de las comunidades de los pueblos originarios, democracia desde abajo y de los de abajo, educación y salud gratuitas, ejercito no represivo ni clasista, etc.

Ese legado luego articulo la necesidad antineoliberal pues desde «El Ladrillo» chileno y luego con la crisis del endeudamiento, el asunto fue como enfrentar las políticas de ajuste y estabilización (Consenso de Washington) en algunos casos con una fachada radical, anticapitalista, antiimperialista y revolucionaria, mientras se comportan efectivamente con las mismas ambigüedades del APRA, de la Adequidad primigenia y del PRI mexicano: eso es, con populismos de clases medias radicalizadas en tiempos de movilización, pero claramente aburguesados en tiempos de integración al Estado y al Gobierno. Lo que llaman progresismo hoy fueron los viejos nacional-populismos de otrora, algunos con aliños socialdemócratas, otros con perfecto apego a las tradiciones populares y nacionales. Tras la escena, las fracciones capitalistas frotándose las manos.

Esa es una vieja historia también, demasiado investigada y documentada.

Cuando traje a colación a Ludovico Silva Michelena para un necesario recomienzo de una izquierda que no renuncie la democracia radical, no fue por ningún fanatismo ni simpatía irracional por su obra, sino más bien por ser representante de una generación sumamente incomprendida que exigía salir (con mucha reflexión e investigación teórica) del reflujo de la lucha armada, generación poco estudiada y asimilada en sus contribuciones decisivas:

«…es preciso que los marxistas se aclaren con respecto a su doctrina. Es preciso abandonar de una vez por todas el pensamiento manualesco en lo que tiene de eclesiástico. Es importante dar una dura batalla teórica para que, en el marxismo contemporáneo, triunfe el pensamiento de Marx, y para que podamos, así, superar a Marx realizándolo (la philosophie devenue monde, de que hablaba Sartre), inventando los conceptos y categorías que él habría inventado si viviese en nuestro siglo.»[vi]

Ludovico Silva, como muchos otros que debo mencionar, son parte esencial de un «marxismo crítico venezolano» que pudiera situarse en la incubadora de las ideas de los años 60, pero que eclosionó realmente luego de la renovación universitaria. De modo que hay que establecer la vinculación temporal de la memoria social entre generaciones que lucharon por las necesidades, aspiraciones y demandas de los sectores populares y subalternos.

Todo esto es algo que quizás tenía antecedentes con la propia generación del 28 o incluso mucho antes, pero que no cuajó en un programa de investigación-acción orgánico, y que fue subsumido en la vieja letanía de fidelidades a doctrinas, rituales y liturgias de partido ya colonizadas por la adscripción a determinadas agrupaciones internacionales, esto es a la estabilización y consolidación de la URSS bajo la dirección de Stalin: la «Gran Patria Socialista».

Uno podría citar ante tales sucesos a las reflexiones de Carlos Augusto León, a Pio Tamayo, a Salvador de la Plaza, a Miguel Acosta Saignes, a Carlos Irazábal, a tantos y muchos otros. Lo cierto es que hay un legado marxista «a la venezolana» que requiere ser investigado y estudiado, dados los riesgos ya comentados, de nuevas generaciones que reactivan lecturas tan funestas como infecundas de los «Socialismos burocráticos reales», incluso apegos apasionados a cualquier batiburrillo que mistifica la realidad hoy conocida de lo que fue la experiencia bolchevique o la edificación de la URSS. Por eso el dogmatismo en un enemigo PRÁCTICO del pensamiento crítico:

«El dogmatismo sigue siendo uno de los grandes enemigos del pensamiento de Marx y de su libre desarrollo crítico. No es tanto un enemigo teórico como un enemigo práctico. En el dominio de la teoría propiamente dicha, el «pensamiento» dogmático es de tan acusada pobreza que no constituye sino un ridículo enemigo. Su característica esencial es la repetición mecánica de un cierto número de fórmulas que bien podrían llamarse «los diez mandamientos de la ley de Marx-Lenin-Stalin». Si los loros fuesen marxistas, serían marxistas dogmáticos». (Ibid.)

Y es que la repetición mecánica de un cierto número de fórmulas es una realidad un pensamiento postizo, una simulación del pensamiento. Incluso podría tratarse de todo un entrenamiento en la comunicación de clichés y estereotipos, como cuando se repiten y se frasean consignas vacías como reflejos condicionados, o lo que Gramsci llamo «actitudes simiescas». Ludovico Silva lo dijo con más claridad: Loros dogmáticos. No es casual que de allí surja un pensamiento oficial y lo que el Che luego llamó: «Los asalariados del pensamiento oficial».

Este dogmatismo de los diez mandamientos de Marx-Lenin-Stalin permea porque la actual crisis de la modernidad, condicionada por la emergencia del modo de desarrollo telemático (telecomunicaciones + informática. Mattelart dixit) en tiempos de globalismo transnacional y neoliberal, es puerta abierta para la reactivación de los anhelos de los integrismos (religiosos generalmente: los tele-evangelistas), para la etnopolítica (sangre y tierra) o el pragmatismo de una razón cínica sin principios (¿Dijo usted desenmascaramiento ideológico? ¿Para qué? ¡Nos interesa es el Poder! ¡Salvo el poder todo es ilusión!).

Hoy está claramente de moda la geopolítica y el realismo político de filiación hobbesiana. Unidades estatales rivalizando y enfrentadas por los espacios vitales: tierra, el agua y hasta aire. Hay hasta alabadores de Carl Schmitt que ya no quieren saber nada de alienaciones ni humanismos. Si Heidegger criticó cualquier antropología, también podemos levantar el brazo y decir: ¡Heil Hitler! ¡Salve el Caudillo!

Quizás medio en broma y medio en serio digo que a la generación de «Pinky y Cerebro» le lavaron precisamente el Cerebro y con ello el principio mínimo de empatía y sus imperativos ético-políticos de libertad e igualdad. Por ahora, loas a la naturaleza humana cruel y egoísta. Y todo parece ser un juego de asuras mitológicos, rivalizando ad infinitum.

Dice Moyer que podemos partir de Marx o sin él. Eso es completamente cierto, pero ignorar a Marx es como ignorar que se ignora; es decir: una ignorancia redoblada.

Todavía hoy los marxistas ignoran a Marx declarándose además «marxista-leninistas-estalinistas». Algo parecido, pero con otro tipo lógico-semántico, ocurre con los chavistas que ignoran a Chávez, pero se llaman «orgullosamente chavistas», haciendo, deshaciendo y diciendo todo lo que condenaba y cuestionaba el mismísimo Chávez, claro está, pero «en nombre de Chávez». Más reflejos condicionados y complejos de refuerzos automáticos. Propaganda de masas.

También Stalin se decía a sí mismo marxista y leninista. Son fórmulas identitarias repetidas mecánicamente con un viejo método propio de la propaganda de Goebbels, para generar espejismos imaginarios, para suponer que se encarna de «verdad verdaita» un «ideal del yo», un «Nosotros». No es casual que un tipo marxista en serio como el Polaco Adam Schaff llamara a esto «comuno-fascismo», dadas las analogías en los métodos policiales, burocráticos y autoritarios.

Lo que pasa es, que la primera traición ocurre el día en que creemos que nuestro nombre es sólo nuestro (que no tiene nada que ver con filiaciones), y sobre esta alienación fundante, se van agregando sucesivas cascadas de identificaciones (afiliaciones), imaginarias unas, simbólicas otras. Así ocurre también con los liberales, los socialcristianos, los adecos y otros especímenes… la clave de la alienación, la ideología y la identidad derivan precisamente de las lógicas de identificación, de las filiaciones y afiliaciones.

Hugo Moyer trae a colación el determinismo e historicismo de Karl Marx cuando ya sabemos que «depende, todo depende, del cristal con que mire la gente». Sobre Marx se han construido infinitas falacias del «hombre de paja» y considero que estas dos caben perfectamente en tal categorización.

Sobre lo primero(determinismo) hay ya demasiada evidencia textual que confirma que eso solo corresponde al marxismo de vulgata. Si solo hay determinación y no praxis, somos guiados por un eufemismo de la providencia o de la predestinación. Allí Korsch, Gramsci y Lukács volvieron papilla a Bujarin y su «Ensayo popular de sociología marxista».

Sobre lo segundo, cabe hacer una cita problematizadora solo para colocar un tema para un debate posterior sobre los esquemas marxianos de desarrollo histórico (que son esquemas heurísticos de interpretación histórica y no fórmulas supra históricas):

«La historia no hace nada, «no posee una riqueza inmensa», ¡»no libra combates»! Ante todo, es el hombre, el hombre real y vivo quien hace todo eso y realiza combates; estemos seguros que no es la historia la que se sirve del hombre como de un medio para realizar —como si ella fuera un personaje particular— sus propios fines; no es más que la actividad del hombre que persigue sus objetivos.» (Marx. La Sagrada Familia)

«Actividad del hombre que persigue sus objetivos». Todavía Marx allí no aspiraba ser el creador de un «modelo mecánico-gravitatorio» de la «ley del movimiento económico de la sociedad capitalista moderna», con ese sintagma de lo «histórico-natural» que apeló luego a comprender a los agentes de la producción capitalista como meros soportes-portadores de categorías económicas. Por allí hay un texto de una investigadora colombiana demasiado bueno para no recomendarlo que se titula: «La sociología en El Capital de Karl Marx» de Luz Teresa Gómez de Mantilla. Como ustedes son mis amigos, se los recomiendo.

Creo que el hombre de paja de Popper paso por alto este párrafo de Marx en La Sagrada Familia, como muchos otros, pues Popper, como el gran Max Weber y muchos más, cuestionaron fue la vulgata y la confundieron con el Marx de la obra abierta, crítica, creativa y truncada.

Pasemos a asuntos más espinosos. Moyer dice que las palabras se toman según de quien venga:

«No es, lo mismo que lo diga yo a que lo diga Chávez, porque ¡Chávez es Chávez! ¡Chávez, es un Dios! para algun@s. No recuerdan a Toby Valderrama culminando todos sus artículos con aquello de: ¡Chávez o Nada! Por eso él, Marcos Luna y Rafael Ramírez, a veces, quedan sin aliento criticando a Maduro. En cambio, Diosdado Cabello que admira, aprecia, valora y defiende, a capa y espada, a Chávez, al punto de convencernos de que: «Aquí no se habla mal de Chávez», reconociendo el mandato de Chávez de aquel 08/12/2012, no sólo defiende a Maduro, sino que le ayuda.»

En realidad, ya Lacan, entre otros, aclaró mucho lo que pasa con la palabra en el circuito de la comunicación. A diferencia de los lingüistas, como p.ej. Jakobson, para quien la comunicación consiste en que un Emisor, envía un Mensaje mediante un Código a través de un Canal a un Receptor que lo recibe; para Lacan la comunicación no solo comprende el mensaje que el emisor envía al receptor, sino que el emisor, al mismo tiempo se envía en el proceso comunicacional, un mensaje a sí mismo, un mensaje inconsciente. Por eso a muchos chavistas los traiciona el inconsciente cuando hablan o cuando hacen silencio sepulcral ante determinadas cuestiones o situaciones, que Chávez hubiese despachado con una severa crítica.

Es decir, cada quien envía un mensaje consciente a un otro, pero también envía un mensaje inconsciente a sí mismo, y esto ocurre porque la palabra va más allá de la conciencia. El mensaje que se envían todos los que apelan a Chávez como fuente de autoridad es: «Yo soy el más chavistas entre los chavistas». Pretensiones de primus inter pares. Pretensiones de autoridad. Esa citadera de dichos y frases proféticas de Chávez son todas apelaciones al aura del carisma: – ¡Viste! Eso ya lo había dicho Chávez-. Esas actitudes son religiosas y litúrgicas, son parte de mitos y rituales, incluso en algunos casos se asemejan a ceremonias. Todo para seguir por la vía de estabilizar un cuadro de identificaciones.

Se puede decir que el proceso analítico es un diálogo mucho más exigente que el simple cotorreo con los panas en la esquina, es un intercambio de sujeto a sujeto (del inconsciente) y no solo de Ego a Ego. Y en los diálogos de ego a ego se meten otras instancias que no necesariamente son completamente conscientes.

De modo que cuando enviamos un mensaje a alguien sobre Chávez, también nos lo estamos enviando a nosotros mismos por algún motivo que cabe indagar a profundidad. Aquí lo diremos de manera más clara. Citamos a Chávez para que sea investigado, no para funciones prácticas de apelación a la autoridad.

Tendríamos que ver si mencionar a Chávez se hace con fines de autoengaño, autoconvencimiento, diálogo sincero o simple propaganda para convencer incautos.

El diálogo analítico y convencional, al enviar a sí mismo un mensaje inconsciente o al otro un mensaje intencional remueve los afectos aquí y allá, muchas veces permite hacerlos conscientes, cuando éstos estaban reprimidos, tanto los de amor como los de odio, como los de ignorancia, que son las tres pasiones fundamentales, análisis de la vía regia para hacer consciente lo que estaba profundamente olvidado. Por que sin una clínica de las pasiones políticas poco o nada comprenderemos de los movimientos sociales ni de la psicología colectiva.

Cuando se dice, por ejemplo, que basta que lo diga Chávez para que sea verdad, o que unos jóvenes se les haya ocurrido la vieja idea de ensalzar el culto a la personalidad «Lo que diga Nicolás», estamos no frente a argumentos con pretensiones de validez sino a falacias de autoridad.

Hay gente que funciona así, repitiendo y repitiéndose falacias, fórmulas, hábitos, supersticiones y prejuicios. Ese es el paso en falso del autoengaño del cual no siempre escapamos todos. Diría el viejo texto de Maritza Montero: «Ideología, Alienación e Identidad Nacional», si el apelar a Chávez es para reforzar una conducta de pasividad y conformismo político, o si se trata de una autoimagen que permite superar la «conducta de la dependencia», salir de la desesperanza aprendida y de los sentimientos de impotencia.

La alienación gratificante es voluntad de poder, la alienación sufriente es pura condena a la impotencia. Para romper ese VÍNCULO, se requiere REBELIÓN. No es casual que muchos textos titularan; la REBELION del 4-F, la REBELION DEL 27-F o la REBELION del 13 de abril, que todo 11 tiene su 13. Se trata de REBELIONES en proceso. Lo que se rompe generalmente es el vinculo indisoluble entre alienación y REBELIÓN. ¿Acaso fueron rebeldes aquellos años 60 y 70? ¿Por qué a Chirinos (el olvidado) se le ocurrió llamar a una generación como «boba»? ¿Ausencia de REBELIÓN?

Pero no era asunto de traer a colación una suerte de corriente «ludovicosilvista», sino de todo lo contrario: de contraponer el dogma cerrado al diálogo polémico sobre los aportes contemporáneos del viejo Marx y de sus continuadores.

Jesús Puerta que conoce muy bien las encrucijadas de la hermenéutica sabe que la roca dura donde se dobla la pala de los horizontes de comprensión es el trasfondo de prejuicios que nos permiten tanto comprender como interpretar. Pero también sabe que el reto de problematizar supuestos es un presupuesto de la teoría crítica, y que hay formas muy paradójicas de morderse o no la cola. Para la HERMENEUTICA CONSERVADORA mejor quedarse tranquilo con los presupuestos y prejuicios. Para la HERMENEUTICA CRITICA, veamos hasta donde podemos llegar en la crítica de los prejuicios. Eso lo sabía muy bien Mariátegui en su texto Heterodoxia en la Tradición:

«No existe, pues, un conflicto real entre el revolucionario y la tradición, sino para los que conciben la tradición como un museo o una momia. El conflicto es efectivo sólo con el tradicionalismo. Los revolucionarios encarnan la voluntad de la sociedad de no petrificarse en un estadio, de no inmovilizarse en una actitud. A veces la sociedad pierde esta voluntad creadora, paralizada por una sensación de acabamiento o desencanto. Pero entonces se constará, inexorablemente, su envejecimiento y su decadencia.»

Quiero simplemente decirles muy coloquialmente que menos mal que Chávez no tuvo «formación marxista» y que leyó palabras y cosas sin pasar por una Escuela de Cuadros. Creo que cuando le comenzaron a pasar lecturas canónicas y de vulgata comenzó a repetir frases trilladas y a proponer políticas erráticas, corriendo el riesgo de repetir viejos errores.

Pero Chávez tenía una intuición muy superior a la vulgata común de que algo no caminaba con el marxismo de vulgata. De allí todas sus reservas, al menos de palabra, hacia el viejo «socialismo burocrático real», Chávez llegó incluso a citar fragmentos de la carta de Kropotkin a Lenin:

«Pareció que los soviets iban a servir precisamente para cumplir estas funciones de crear una organización desde abajo, pero Rusia se ha convertido en una organización de Repúblicas Soviéticas solo de nombre. La influencia negligente que «el partido» sobre la cúspide, totalmente construido por los recién llegados, pues los ideólogos comunistas están sobre todo en las grandes ciudades, ha destruido ya la influencia y la energía constructiva que tenían los soviets, esa promisoria institución».

«En el momento actual, son los comités del partido y no los soviets quienes llevan la dirección de Rusia, y su organización sufre los defectos de toda organización burocrática».

«Para poder salir de este desorden mantenido, Rusia debe retornar todo el genio creativo de las fuerzas locales de cada comunidad, los que según, como yo lo veo, puede ser un factor en la construcción de la nueva vida. Cuanto más pronto se retorne la necesidad de transitar este camino sea comprendida, cuanto mejor será y la gente estará dispuesta, gustosa, a aceptar nuevas formas sociales de vida».

«Pero si la situación presente continúa, aún la palabra socialismo será convertida en una maldición. Esto fue lo que pasó con la concepción de «igualdad» en Francia durante los 40 años después de la elección de los jacobinos».

¡Aun la palabra socialismo será convertida en una maldición! ¡Esto fue lo que pasó con la palabra igualdad 40 años después de la elección de los jacobinos!

Son cosas que no pueden taparse con propaganda, a pesar de todas las recaídas de Chávez en ese mismo viejo socialismo cuando intento el experimento de partido único y trato de colear viejos dogmas en su reforma a la Constitución.

Una infidencia: cuando propuse en el espacio «A tres manos» que dirigía el amigo Rigoberto Lanz que para la enmienda constitucional de 2009 deberían someterse su alcance a todos los cargos ejecutivos de elección popular reconociendo el principio de igualdad política, un alto dirigente del PSUV me dijo: ¡Aquí el único que es insustituible es Chávez!

Esa misma historia se la eche al ex embajador de Bolivia en Venezuela planteándole la necesidad que encontraran una candidatura de relevo a la reelección indefinida de Evo Morales. ¡No cometan el error que se cometió en Venezuela! El problema de tal personalismo en la política es que genera profundas vulnerabilidades.

No olvidemos al Chile de Allende. No olvidemos nunca las palabras del golpista Pinochet: «se mata la perra, se acaba la leva» refiriéndose al viejo dicho de matar la enfermedad de la rabia, o a aquel otro de: «La culebra se mata por la cabeza». Esa es la importancia de las organizaciones programáticas con liderazgo colectivo.

Creo que Chávez fue también un majadero de la historia con su presentación aquella televisada del Golpe de Timón. No con el texto publicado que está mocho en partes fundamentales. Hablo de la presentación en vivo y directo, sin cortes ni ediciones, de aquella puesta en escena, de aquellas palabras y reflexiones. Igual ocurre con su presentación ante el CNE del «Programa de Gobierno», conocido luego como el Plan de la Patria. Allí nadie puede hacer contrabandos simples de lo dicho y del decir. Claro que todo aquello puede intentar ser sepultado y desfigurado por una sobredosis de propaganda.

Las palabras de Chávez están allí y cada quien puede darle contexto y significado para sacarle su tajada. Sin embargo, su mensaje subversivo es mucho mas potente que su mensaje domesticador y disciplinante. Para chivos mansos, un Chávez burócrata. Para Montaraz, el Chávez subversivo e irreverente.

Igual ocurre con Marx. Para chivos mansos, la vulgata. Para irreverentes, el Marx supremamente crítico e implacable.

De modo que la teoría crítica para pensar el marxismo crítico venezolano debe repasar muchos nombres, investigaciones y textos, desde la producción teórica alejada de las exigencias políticas inmediatas hasta la investigación militante, debe dar cuenta de trayectorias, por ejemplo, la transformación insólita de un ortodoxo en heterodoxo como José Rafael Núñez Tenorio, comprender tanto los abandonos como las afiliaciones al marxismo, comprender contextos teóricos y coyunturas políticas.

Para citar sólo una pequeña muestra, mencionare los nombres y los aportes de: García Bacca, Federico Riú, Ludovico Silva, Héctor Silva, Armando Córdova, Orlando Araujo, Héctor Malavé Mata, J. R. Núñez Tenorio; Vladimir Acosta, Rigoberto Lanz, Ramón Losada Aldana, Luis Cipriano Rodríguez, Judith Valencia, Francisco Mieres, Luis Brito García, Simón Saénz Mérida, Víctor Pizani, Gastón Carvallo, Iraida Vargas, Mario Sanoja, Omar Rodríguez, Maritza Montero, Manuel Caballero: D.F Maza Zavala, entre muchos más que han sido mucho más marxólogos y de alto vuelo, como el más destacado: Enzo del Buffalo. Podríamos agregar a muchos militantes: Rodolfo Quintero, Héctor Mujica, Teodoro Petkoff, Moisés Moleiro, Pedro Duno, Alfredo Maneiro, Fredy Muñoz y muchos más.

Por mi parte he comenzado una pequeña investigación sobre los aportes de pensadoras y pensadores venezolanos al estudio de los procesos ideológicos por allá en aquella coyuntura de 1970-1985 y allí destacan Ludovico Silva, Jeanette Abouhamad, Rigoberto Lanz, Miguel Ron Pedrique, Maritza Montero, Oswaldo Capriles, Alfredo Chacón y Marcelino Bisbal. Claro que hay más, pero esa es mi pequeña muestra.

De modo que hay mucho que investigar y estudiar, para no recaer ni en las falacias de autoridad ni en la vulgata más pedestre. Allí nada está asegurado de antemano. Las decisiones en esta materia, obviamente, son también asuntos políticos.

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[i] https://www.aporrea.org/ideologia/a297321.html

[ii] https://www.aporrea.org/ideologia/a297319.htmlhttps://www.aporrea.org/ideologia/a297385.html

[iii] https://www.aporrea.org/ideologia/a297282.html

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