El 23 de enero y la OTAN (II)

Por • 23 ene, 2011 • Sección: Nacionales

Antecedente del Tea Party

Decíamos en artículo anterior que la OTAN es una organización conocida, sus siglas traducen Organización del Tratado del Atlántico Norte y es la alianza militar de Estados Unidos e Inglaterra para dominar el mundo. Pero tiene sus enemigos dentro de los Estados Unidos y no son poca cosa, en realidad integran la mitad de los Estados Unidos, ultraconservadora, campesina, habitante en los estados del Oeste, una mitad que reaparece hoy con el nombre de Tea Party. Mientras los otanistas dominan el Departamento de Estado, ellos preponderan, por tradición, en el de Defensa.

En el año 1956 la OTAN vivía una grave crisis derivada de la negativa de Eisenhower de apoyar a Inglaterra contra Nasser, a raíz de haber nacionalizado éste el canal de Suez, y contra la URSS, que había salido en defensa del líder egipcio. Considerándose traicionados por los norteamericanos, los ingleses dijeron «basta» y la organización quedó casi disuelta. Según la expresión de César González, embajador de Pérez Jiménez en Washington, al edificio del comando general de la OTAN en Londres sólo asistían las secretarias. Noticiado de esto el «dictadorcito venezolano», siente que es llegado el momento de dar su gran golpe, que denomina «cuadrar el mapa». Es su proyecto central y el de las Fuerzas Armadas venezolanas que lo siguen. La formación de la OTAN lo detuvo, pero ahora se puede, entiende.

«Cuadrar el mapa» significa recuperar trozos perdidos por Venezuela en la Guayana Esequiba y en Colombia. Por el lado de Colombia, se prepara para conquistar la margen occidental del Orinoco y el apostadero del Arauca, que trazando una raya recta hacia el sur llega al sitio donde se encuentran Perú, Brasil y Colombia. Es una enorme banderola que daría a Venezuela acceso al río Amazonas. También se propone conquistar la península de La Goajira, garantizando la perfección del control del lago de Maracaibo, sin inmediateces colombianas al petróleo e incluyendo las minas de carbón de Cerrejón, que pasan por las más ricas del mundo. Pero lo grande será en la Guayana Esequiba. Preparando eso mandó a estudiar a Estados Unidos cadetes que se hicieran expertos en el manejo de cierto tipo de aviones de combate, compró los dichos aviones, compró lanchas de suelo plano para remontar el Esequibo, cinco mil fusiles FAL, calibre 7 mm. Entre sus hombres para eso, jefes, tiene a Carlos Celis Noguera y Martín García Villasmil. Celis Noguera es un gran planificador. Rómulo Fernández será el jefe grande. Tenía tres elementos la estrategia perezjimenista:

a) Petróleo: nada de venta de petróleo a quien negocie con Inglaterra;  b) política: nada de compras a Inglaterra, c) acción militar, con ocupación de la Guayana Británica tipo blitzkrieg.

Todo contra Inglaterra hasta que procediera a aceptar el memorándum Mallet-Prevost, que daba posesión de la Guayana Esequiba a Venezuela. “A la larga, decía Pérez Jiménez, Albión comprendería que le convenía ceder, porque si continuaba allí terminaría entregándole ese territorio a «los negros» que forman mayoría guayanesa.

Pérez planea desarrollar a fondo la crisis de la OTAN, propiciar su destrucción. Consecuencialmente, desbaratar la Doctrina Monroe, excluyendo a Inglaterra de dominios en América Latina. Combina otra jugada en el tablero del petróleo. Es como sigue:

Harry S. Truman había impulsado la «Détente», una política de incremento de presencia de los Estados Unidos en el Medio Oriente. Con intrigas habían sacado a las compañías británicas de Irán y de Arabia Saudita, pero no bastaba, había que parar también a los soviéticos. Exige a las compañías petroleras norteamericanas instalarse en el Medio Oriente, formalmente. Debían meter allí dinero. El destino de los Estados Unidos en el resto del siglo obligaba a la contención de la Unión Soviética, sobre todo porque los comunistas —no en tanto comunistas sino como herederos de la madre Rusia, según la explicación milenarista— tenían por destino extenderse por el Medio Oriente. Ése era su destino manifiesto y a los Estados Unidos le tocaba detener eso.

El general Eisenhower mantenía la Détente en 1957, reforzada. Le ofrece a la Standard Oil, a la Mobil, todo el apoyo diplomático y militar para que se instalen allá. Siempre se ve a los Estados Unidos y a sus grandes compañías como lo mismo y eso es verdad muchas veces, pero no lo era en 1957, cuando se estaba en un momento de ascenso del Estado americano por encima de las empresas privadas y el Estado imponía políticas a las compañías. 

Pinchar el culo a los mamuts

Pero las corporaciones no parecían entusiasmadas con la Détente. Estaban asustadas por el grueso dedo que mantenía Nasser sobre el gatillo del nacionalismo árabe. ¿Qué hace Pérez Jiménez? Sabotea los planes de Eisenhower. Ofrece a las petroleras un estable paraíso en Venezuela. En realidad, venía ofreciéndolo antes de que hubiese crisis en el canal egipcio pero ahora da concesiones, cobra bajos impuestos que las multinacionales aceptan contentísimas. Tras firmar los contratos en el salón presidido por la pintura ecuestre de Bolívar, la Shell, la Exxon y empresas menores como la Arco, la Pantepec, etcétera, sonrieron, con los hocicos untados en pasta negra y barata. Y el general, lleno de dinero, se dio a hacer esas grandes carreteras, represas y ciudades obreras que eran su obsesión.

Contra lo que una visión general del imperialismo aconseja creer, el Estado norteamericano no estaba complacido; no podía estarlo, pues necesitaba en Caracas todo lo contrario, necesitaba un diablito que le pinchara el culo a los mamuts del petróleo, obligándolos a cruzar en manada el Atlántico y el Mediterráneo para ir a echarse sobre las arenas medio-orientales. Es factible que esos mamuts rebeldes a sus instrucciones sean parte del «complejo militar industrial» que Dwight Eisenhower denunciará  en su mensaje de despedida de la presidencia —transmitido por televisión—  calificándolo de fuerza que gobierna en la Unión norteamericana a contrapelo de lo que diga el presidente elegido por la mayoría ciudadana. A partir de las concesiones de 1956, Pérez Jiménez está bien con las compañías petroleras pero mal con el Estado norteamericano.

También está  mal en Venezuela, donde una Junta Patriótica clandestina conspira heroicamente contra él. Militan en ella Aristigueta Gramko, Guillermo García Ponce y Fabricio.   Continuará.

http://www.aporrea.org/tiburon/a116237.html

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