El día después

Por • 29 nov, 2021 • Sección: Nacionales

Jesús Puerta

29/11/2021. El título de este artículo lo tomé del nombre de una película que relataba las aventuras de unos personajes juveniles en medio de las consecuencias catastróficas de la crisis climática, una nueva era glacial que se impone en pocos días en nuestro maltratado planeta, destrozando, a punta de inundaciones de hielo, lugares tan representativos de ese mundo por antonomasia que nos presenta Hollywood: New York. Pero el mismo título está como mandado a hacer, como ya habrá inferido el lector despierto, para estas circunstancias venezolanas posteriores a las elecciones regionales del pasado 21 de noviembre. Y se trata también de una película distópica, sin ánimo de exagerar, catastrófica.

En verdad son varias catástrofes juntas. Como ya han señalado muchos analistas, es la catástrofe de la oposición, pero también es la del gobierno. Y, como telón de fondo, la del país en su conjunto: esa terrible combinación de hiperinflación, migración masiva, deconstrucción institucional, pérdida de rumbo, muerte de la moneda nacional. Y el túnel parece ser ciego.

La explicación del comportamiento de los seres humanos puede reducirse a sus sesgos y sus disonancias cognitivas. Y en estos resultados abundan, sobre todo las segundas. El gobierno ganó la mayoría de las gobernaciones, pero su votación es menor a la de la oposición, o sea, perdió. Perdió ganando o ganó perdiendo. Todo depende del sesgo de cada quien, que ve en los hechos sólo la confirmación de sus creencias. La oposición no es una, es muchas, tantas que se oponen entre sí y contra sí misma, con rabia y bofetadas. Por eso, se indica que hay una oposición que en realidad es gobierno. Pero también hay gobiernos que ya no son gobiernos porque ya no se reconoce con los colores y los símbolos propios, nada de rojos ni ojitos oblicuos; sino un azul desleído, colores pasteles donde aparece un vampiro o un murciélago de historieta de DC, con un programa que se parece demasiado a lo que podría opinar el FMI. Las maneras de superar estas disonancias es negándolas, buscando cinco patas al gato (Lacava va a romper con Maduro), inventando conspiraciones (toda una franja de la oposición fue financiada por el gobierno), que tienen su pizca de verdad, pero no la explican del todo. Porque ¿no es acaso la política de Maduro la de Lacava: Zonas Económicas Especiales, casinos, estímulo a la inversión extranjera, privatización, eliminación de derechos laborales, etc? Kiko, condescendiente, le dice a Maduro que no hay más alternativa que el capitalismo, pana; termina de caer, pana: yo también estoy dispuesto a montar mi bodegón.

Todavía hay situaciones por definir en lo estrictamente electoral. Ahí está esa guerra civil, que puede que no sea tan pequeña, en el estado Barinas, donde una familia había convertido todo un territorio en su feudo hereditario, en una minimonarquía, donde padres y hermanos reivindican el símbolo de Hugo Chávez, un líder político degradado a en santo, dios o potencia de la corte de los milagros, en virtud de un culto de base popular, sin duda, pero cultivado perversamente por unos políticos que se han quedado sin proyecto (sin su proyecto). También en Apure hay una resistencia popular hacia la imposición de una decisión que se percibe ajeno a la voluntad popular. Hay la sombra de la designación de «protectores» para contrarrestar la voluntad popular. Algunas alcaldías, que van desde la frontera hasta Lara, parecen llevarse bien con algunas organizaciones armadas protegidas de siempre del gobierno.

Hay la constatación de la misión europea de que aquí no se respeta el estado de derecho y no hay poder judicial independiente. De que aquí hubo un evidente ventajismo. Que aquí se inhabilitaron candidatos por la sola razón de que podían desbalancearlos posibles resultados (el caso Caracas es el más obvio). Todo esto lleva más agua al molino de la Corte Penal Internacional. Hay los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y algunos de Europa que insisten en decir que el presidente sigue siendo un fantasma, para evitar responder por los bienes nacionales venezolanos puestos en bancos ingleses, por ejemplo, o la corrupción de una oposición presentada como «adalides de la democracia» ante el público bipartidista norteamericano. Mientras tanto, también en el norte, se preparan novedades relacionadas con posibles revelaciones del «Pollo» y Saab, los involucramientos de Maduro y Cilia para abajo en cargos que van, desde lavado de dólares, sobornos indebidos, narcotráfico, etc.

Diosdado confirma que hubo y hay ineficiencia y corrupción en los gobiernos del PSUV cuando anuncia una vicepresidencia de control de los ejecutivos regionales, pero también evidencia (son las patas del caballo que no se pueden ocultar) que ni se comprende ni se respeta la noción misma de institucionalidad, porque según la Constitución las funciones de control corresponden a instituciones establecidas tales como la Contraloría General de la República y los distintos niveles del Poder Legislativo: Asamblea Nacional, Consejos legislativos, Concejos Municipales. De paso, Diosdado da la misma receta de centralización extrema, hiperliderazgo, autoritarismo, que ha fallado con ineficiencia y corrupción desde hace un mar de años, pero digamos que con mayor énfasis desde hace unos 20 años.

Jorge Rodríguez lanza ese caramelito de seleccionar a los nuevos representantes de la oposición en las conversaciones de México. María Corina ve su hora para presentarse a unas primarias para escoger el nuevo liderazgo de la oposición. Se los dije, y perdonen la antipatía: la derrota trae más derrotas porque es huérfana, abre la puerta a la búsqueda de culpables, a la división y la fragmentación. Ochoa Antich insiste en recomendar un «Gobierno de Unidad Nacional» justo ahora, cuando los glaciares penetran por el Guaire y el mañana nos alcanzó.

No parece que tuviera nada que ver, pero las tensiones se agudizan en el mar de China entre el gigante asiático y los aliados norteamericanos en la zona, y hasta en la Europa central la cosa se pone tensa cuando el gobierno de Polonia plantea convocar a sus socios de la OTAN para enfrentar la supuesta agresividad rusa. Rusia y China elogiaron estas disonantes elecciones criollas. Venezuela es sólo otro ingrediente en las tensiones de la Nueva Guerra Fría.

Lo único permanente parece ser el poder conservado y ya embarcado en una política económica ortodoxamente neoliberal. Se insinúa un esquema como el del PRI mexicano de hace años. O, tal vez, como el de algunos países de Europa Oriental de los tiempos del bloque soviético, con su corte de pequeños partidos subordinados, haciendo abstracción de lo económico o de la perspectiva histórica y la paciencia estratégica de los chinos. Otra constante es la improvisación, esa violencia chimba de los lumpen.

No hay decisión clara acerca del referendum revocatorio. Es inevitable que venga el desánimo cuando se conoce la cantidad de firmas que habría que recabar y la votación que hay que ganar, en medio de esta desintegración política y social de todos los factores. Costará reconocer que hubo una derrota al fin y al cabo. No puede haber referéndum sin vislumbrar el día después, las perspectivas históricas, el rumbo. Será glaciar, pero se trata de una nueva era. El día después.

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