Hablar de Irán sin chantajes ni complejos

Por • 31 may, 2020 • Sección: Nacionales

Carlos Aquino G. 

28/05/20. Los temas de la crisis de la industria petrolera venezolana, del grave desabastecimiento de gasolina, de la comercialización de buques iraníes a Venezuela, de las declaraciones amenazantes de voceros del Gobierno de EEUU acerca de estos tanqueros, de las advertencias de Irán ante cualquier acto de piratería contra los mismos, y de la equiparación de esta situación con la «Crisis de octubre» de 1962 en Cuba, han dado para todos los gustos y tipos de opiniones.

Naturalmente, no hay forma ni manera de que coincidan o se unifiquen las opiniones sobre estos temas, especialmente con la polarización ficticia que se ha pretendido imponer en el país para obligarnos a todos a definirnos como «leales» o «traidores», es decir, «oficialistas» u «opositores», y más precisamente «chavistas» o «escuálidos», una disyuntiva interesada que no refleja la compleja y diversa realidad de la sociedad venezolana.

Por ejemplo, amplios sectores que adversan al Gobierno nacional tienen una concepción política patriótica e incluso antiimperialista, y muchos de ellos con planteamientos marxistas sobre la lucha de clases y el socialismo, por ende, son contrarios a los criterios y las prácticas de la derecha y la ultraderecha opositoras.

Asimismo, entre quienes –no exentos de errores– hemos manifestado respaldo a «la política internacional de fortalecimiento de la multipolaridad», «la política de solidaridad con los pueblos» y «aspectos de las políticas sociales» de los Gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, puntualizando que «entendemos que hay razones de Estado que validan la búsqueda de alianzas con fuerzas con las que incluso no compartes concepciones, frente a un enemigo más poderoso, en este caso el imperialismo estadounidense», pero que eso «No quiere decir que nosotros veamos con buenos ojos [por ejemplo] el gobierno de Putin» o el gobierno de Irán [https://cronica.uno/pcv-sostiene-violaciones-ddhh-venezuela-no-son-politica-estatal/].

En este último caso, consideramos que es un principio irrenunciable la reivindicación del derecho soberano de los países a establecer relaciones diplomáticas y comerciales con cualquier otro país, indistintamente del sistema político y económico que tengan éstos.

Sin embargo, para los comunistas, el reconocimiento y la defensa de este derecho no implica dejar de caracterizar y valorar el sistema de dichos países, y, de ser necesario, señalar y denunciar graves violaciones a los derechos humanos y a las libertades democráticas; de hecho, para nosotros es un deber internacionalista –sobre todo cuando se ven golpeados la clase obrera y partidos hermanos–, que no puede abandonarse ni siquiera por unos necesarios buques de gasolina.

Estos mismos criterios pueden verse expresados por un comunista que sí es del gusto –aunque de manera superficial– de muchos en el Gobierno-PSUV, Ernesto ‘Che’ Guevara, cuando en su discurso en la Asamblea General de la ONU, el 11 de diciembre de 1964, señaló la necesidad de tratar un tema «que para nosotros tiene particular significación […], es el de la coexistencia pacífica entre Estados de diferentes regímenes económico-sociales», que «debe ejercitarse entre todos los Estados, independientemente de su tamaño, de las anteriores relaciones históricas que los ligara y de los problemas que se suscitaren entre algunos de ellos, en un momento dado.»

En su intervención, el ‘Che’ aclaró que: «Como marxistas, hemos mantenido que la coexistencia pacífica entre naciones no engloba la coexistencia entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos», por lo que reafirmó la «solidaridad hacia los pueblos […] masacrados por el delito de demandar su libertad y estamos dispuestos a ayudarlos en la medida de nuestras fuerzas», porque «el principio de la coexistencia pacífica no entraña el derecho a burlar la voluntad de los pueblos».

Incluso, exclamó: «Si alguno de los países latinoamericanos aquí presentes decidiera restablecer relaciones con Cuba, estaríamos dispuestos a hacerlo sobre bases de igualdad», pero que «no podemos negar nuestra simpatía hacia los pueblos que luchan por su liberación debemos cumplir con la obligación […] de expresar contundentemente al mundo que apoyamos moralmente y nos solidarizamos con los pueblos que luchan en cualquier parte del mundo para hacer realidad los derechos de soberanía plena», enfatizando que «proclamamos que los pueblos de América cobrarán a los gobiernos entreguistas su traición» [https://rebelion.org/discurso-del-comandante-che-guevara-en-la-asamblea-general-de-las-naciones-unidas/].

Por lo tanto, nadie debería alarmarse de que, ante las profundas necesidades del pueblo venezolano y la manifiesta ineptitud gerencial del Ejecutivo nacional, reconozcamos la importancia de la decisión del Gobierno iraní en garantizar cinco buques con gasolina para nuestro país; sin dejar de clarificar que la política exterior de la nación persa, en sus contradicciones con EEUU, no se basa en una «desinteresada solidaridad» sino en la disputa entre sus respectivos capitales transnacionales por áreas de interés geoeconómico.

Y, además, al caracterizar como una feroz dictadura al régimen reaccionario y teocrático de los ayatolas, es imposible manifestar ni apoyo ni solidaridad con la República Islámica de Irán, con su Gobierno o con sus dirigentes.

Por más de 40 años la población iraní y sus fuerzas democráticas han sufrido intolerancia, represión, cárcel, muerte y terror, que no pueden maquillarse ni ocultarse con eufemismos. Por eso, el apoyo y la solidaridad debe expresarse es con el pueblo de Irán –que ese Estado totalitario confesional no representa– y con organizaciones como el Partido Tudeh –el ilegal y perseguido Partido Comunista, cuyos dirigentes y militantes son apresados y asesinados–.

No puede esperarse ni aspirarse a que los comunistas venezolanos tengamos los mismos discursos y criterios del Gobierno venezolano y de su Cancillería, no sólo porque no somos gobierno sino porque representamos intereses estratégicos distintos –ellos por seguir gestionando el capitalismo y nosotros por su derrocamiento–, nuestras concepciones ideológicas no son compatibles –aunque pueda haber puntuales coincidencias políticas–, y la jerarquización de los aliados nacionales e internacionales son discrepantes –ellos a favor de los Estados y nosotros por las organizaciones revolucionarias y los pueblos en lucha–.

Es fundamental aclarar estas aparentemente «sutiles» diferencias, pero que en verdad son de fondo, y «poner los puntos sobre las íes», sin dejarnos chantajear con el «qué dirán» o con el complejo de que «nos descalificarán».

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www.aporrea.org/internacionales/a291018.html

 

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