Inentendible la respuesta a la “guerra económica”

Por • 24 nov, 2013 • Sección: Nacionales

Luis Fuenmayor Toro

Inicio diciendo que nunca me extrañará que EEUU sea causante de guerras económicas o militares en cualquier parte del mundo. Sus soldados han pisoteado prácticamente todos los suelos, primero en nombre de la Libertad, luego con la bandera del anticomunismo y actualmente en su lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Excusas todas para intervenir y torcer la voluntad de gobernantes y pueblos. Declarar que el imperialismo conspira contra nosotros o contra otra nación es descubrir el “agua tibia”. Tampoco es algo novedoso encontrar gente dentro de la oposición de la MUD, que participe en estas conspiraciones; sería muy inocente no pensarlo e investigarlo. Es más, estos antinacionales también existen dentro del Gobierno, escondidos y mostrándose como los más leales al famoso legado del presidente Chávez. Los traidores están en todas partes.

 

Si de guerra económica se trata, la misma se realiza a través de la acción de poderosas transnacionales de los principales imperialismos: estadounidense, europeo y japonés. Si conocemos que las empresas automotoras extranjeras fueron las que más recibieron dólares preferenciales, comenzando con la General Motors, que también los recibió la Toyota y empresas aéreas como American Airlines, deberían ser éstas los blancos de una respuesta político económica por parte del gobierno, sobre todo si sabemos que los precios de los vehículos, repuestos y de los pasajes aéreos en Venezuela están muy por encima de los existentes en el resto de los países del continente americano. Allí habría entonces una gran especulación como el elemento central de la agresión económica imperial y oligárquica. Sin embargo, esas empresas no son ni siquiera mencionadas en los discursos gubernamentales.

 

La retaliación gubernamental es contra una comercializadora propiedad de unos árabes, al parecer amigos del gobierno para más confusión, que no están entre las 20 empresas que recibieron mayores sumas de dólares de CADIVI y cuyo poder económico es realmente insignificante comparado con grandes transnacionales como General Motors, Chrysler, Ford, Toyota, Telcel, Nestlé, Procter and Gamble o los laboratorios farmacéuticos Roche y Abbott, que sí recibieron muchísimos más dólares y pueden realmente accionar mecanismos de guerra económica. Si se está enfrentando una verdadera guerra de este tipo, como lo afirma el gran coro de voces progubernamental existente, es hacia estos consorcios donde se deberían dirigir las acciones y no contra unos árabes, cuyo negocio principal está en Panamá y que parecen haber sido escogidos como “tontos útiles”.

 

Estuve esperando un llamado de Maduro a vaciar los anaqueles de las grandes empresas productoras de repuestos de automotores, cuyo alto precio impacta en los costos del transporte colectivo, muy necesarios tanto urbana como nacionalmente y, además, sujetos de desabastecimiento desde hace muchísimo más tiempo que incluso la leche, el azúcar, el papel higiénico, el aceite de maíz, la mantequilla, el café, el pollo y varios otros artículos de primera necesidad. Esperaba que se llamara a los venezolanos a comprar pasajes a bajos precios por acción contra las líneas aéreas o que se las obligara a devolverle dinero a quienes ya los habían comprado con un sobreprecio increíble. Esperaba que se actuara contra los laboratorios farmacéuticos transnacionales, responsables del desabastecimiento y elevado costo de muchos medicamentos esenciales para los venezolanos.

 

Nada de eso ocurrió. La contra ofensiva de guerra fue dirigida contra unos comercios muy marginales en relación con la obtención de divisas y, por lo tanto, sin poder económico ninguno para influir en la inflación, el dólar negro, el desabastecimiento ni ninguna otra variable económica. Y que no se interprete esto como que se está promoviendo la impunidad para este tipo de establecimientos. La conclusión de los datos señalados es que o no hay ninguna guerra, sino simplemente se trata de una campaña efectista en función de las elecciones de diciembre, o no se da pie con bola en relación con el tipo y tamaño de las empresas, que deberían ser blanco de la respuesta gubernamental. Por último, el monto de dólares entregados 2004 – 2012 a las empresas favorecidas (2 % del total de las existentes) está lejos del monto total de divisas recibidas por el gobierno en ese período, por lo que las entregas de CADIVI no pueden explicar la crisis actual de falta de divisas.

http://www.larazon.net/

La Razón, 24-11-2013 pp A-6

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