La desesperanza y la transición en Venezuela

Por • 19 nov, 2020 • Sección: Nacionales

Rafael Ramírez Carreño
15/11/20 

La desesperanza, esa roca inmensa, esa densa niebla que paraliza a los pueblos, se ha instalado en amplios sectores del país como producto del complejo mecanismo de dominación y control social impuesto por el gobierno sobre toda la sociedad, para garantizar así su permanencia en el poder, al lograr que la población y los factores políticos que pueden generar un cambio se resignen a este desastre.

El madurismo ha logrado desmovilizar al pueblo venezolano, erradicar el concepto de democracia participativa y protagónica y eliminar de raíz el impulso de los movimientos políticos y sociales estimulados por el presidente Chávez que surgieron durante el periodo de la Revolución Bolivariana, como las Misiones sociales, las comunas, el movimiento obrero… con los que se fue consolidando el Poder Popular.

Cumplió este gobierno, con eficacia inusitada, cada una de las condiciones principales para pasar del Plan de la Patria a la barbarie: mató el impulso revolucionario, desmanteló a las organizaciones populares, golpeó con fuerza la espiritualidad del pueblo, y redujo sus esperanzas a una carrera desesperada por la supervivencia, en busca de comida, medicamentos, gasolina, gas, a la espera de que llegue la luz o el agua, sin posibilidades de transporte, sin desplazarse o comunicarse.

Una vez desmovilizado el pueblo, con el miedo instalado y el «sálvese quien pueda», lo demás vino por añadidura: la destrucción de PDVSA, la entrega del petróleo, del gas, del oro, la destrucción del ambiente, la eliminación del Bolívar, la dolarización de la economía, los salarios de miseria, la eliminación de las conquistas obreras, laborales, la destrucción del trabajo, la imposición con violencia de un paquete económico de choque, convirtiendo a Venezuela en un país desgarrado del que se han ido más de 5 millones de jóvenes, un país de supervivencia que se entrega al mejor postor, donde todo se compra, con una chocante desigualdad, donde inmensas mayorías hambreadas y harapientas sobreviven frente a una exquisita minoría que vive de «rumba en rumba» en el ahora selecto hotel Humboldt, en restaurantes y discotecas de Las Mercedes o disfrutando de los «Bodegones». Ahora el país se divide en dos categorías: los que tienen dólares y el resto.

No hizo falta un pinochet, ni una invasión extranjera para alcanzar los objetivos plasmados en el decreto de Carmona del 12 de abril de 2002: «inaplicar» la Constitución Bolivariana y sus leyes para así desmantelar las Instituciones que nacieron bajo su amparo. Ahora el petróleo se subasta al mejor postor, vuelven las transnacionales, «en secreto», se lo llevarán todo, será el peor saqueo de nuestra historia.

Chávez quedó para las camisetas o los folletos, para los videos editados de VTV o buscar votos para un PSUV desmantelado y sin alma. Una gran operación de manipulación sigue manteniendo al chavismo paralizado, silencioso, subordinado al madurismo, tal vez hasta que se den cuenta que el agua está hirviendo pero entonces ya será demasiado tarde.

El toro jalado con un aro en la nariz.

Siempre me ha llamado la atención cómo un toro, un buey, grande, poderoso, puede ser dominado, jalado simplemente por una cuerda atada a un aro sujetado a su nariz y así avanzar mansamente a donde lo conduzcan.

Pienso entonces en el Chavismo que apoya a maduro, en los ex ministros de Chávez que aún están en el gobierno, en el Poder Popular, en el PSUV, en las Fuerzas Armadas Bolivarianas y no deja de sorprenderme cómo los han conducido mansamente, con una palmadita eventual o un cuerazo, a convalidar esta situación del país, la cual es a todas luces intolerable y violatoria de todos los derechos y garantías consagrados en la Constitución y las leyes, y me pregunto ¿cómo han podido participar en la destrucción de la obra de la Revolución Bolivariana, del país todo y someter a nuestro pueblo a esta tragedia?

¿Qué valores, qué intereses han prevalecido por encima de los valores e intereses colectivos del pueblo, del país?

Sobre todo en el ámbito militar, donde el presidente Chávez logró sembrar la doctrina Bolivariana, habría que preguntarse, más allá de los discursos y desfiles: ¿dónde quedó la llama de Bolívar?, ¿dónde quedaron las razones sagradas para luchar?, ¿dónde quedó Chávez?, ¿en verdad creen que las armas de la República defienden las garantías sociales?

¿Cómo es posible que el madurismo, este grupo de irresponsables y entreguistas, se impongan sobre todo un país, destruyéndolo?

Se imponen por la violencia, por el miedo, porque están sostenidos por las armas del ejército Bolivariano. A los oficiales Bolivarianos los mantienen preparándose para repeler una invasión que no habrá, para una guerra que no existe, en desfiles y actos, manejando empresas del Estado de las que no tienen idea, firmando cualquier barbaridad, reprimiendo obreros y dando la cara por los políticos del gobierno. Guardando silencio, desmovilizados, desmoralizados.

Todos sabemos que ni el actual gobierno, ni maduro, ni nadie de su entorno, sería capaz de ganar ninguna elección de nada, todos sabemos que este gobierno es el más impopular de la historia, que maduro y su entorno son rechazados por la inmensa mayoría del país.

Y el madurismo también lo sabe, por eso actúan como una dictadura: violan permanentemente la Constitución, «inaplican» las leyes de la República, actúan en silencio.

Persiguen, reprimen, encarcelan, torturan, exilian, matan. Compran conciencias, se reparten el país, sus recursos naturales, sus empresas, expolian el patrimonio de todos los venezolanos.

Utilizan el hambre del pueblo para manipularlo con una caja de la vergüenza, con unos bonos que no valen nada, con la figura de Chávez.

Han construido una poderosa maquinaria de propaganda que es capaz de transformar mentiras en verdades, rotundos fracasos en victorias, crean una realidad que no existe, una guerra que no es tal, un misil que no aparece, un bloqueo que permite tener Bodegones abarrotados. Es una maquinaria de crear excusas, instigar al odio, a la intolerancia, a la persecución, a los linchamientos morales, para que nadie piense, que nadie levante la mirada, que nadie diga nada.

Los dirigentes políticos y sociales, los ministros que estuvimos con el gobierno del Comandante Chávez, estamos exiliados y perseguidos, presos o execrados. Somos el enemigo número uno de este gobierno.

El resto está allí, en silencio, en un cargo público, un ministerio, cualquier empresa, una embajada, un público de aplauso fácil, esperando que pase cualquier cosa que no va a pasar, siguen deslizándose al abismo sin darse cuenta.

Más allá del Chavismo.

Los sectores políticos y sociales que no comparten ni los postulados ni las propuestas del Chavismo –y no hablo del madurismo, hablo del Chavismo originario cuyas propuestas están contenidas en el Plan de la Patria–, también han sido víctimas de la desmovilización y manipulación, solo que esta vez fue de parte de las élites políticas que dicen representarlos.

La oposición ha sido pasto de la intolerancia y el odio, fueron conducidos de manera insensata a una violenta confrontación con el gobierno entre 2014-2017, y esa confrontación fue la excusa perfecta para reprimir con violencia. La dirigencia que incitó a la violencia se mantuvo a buen resguardo, abandonaron a los suyos en la calle mientras negociaban con el madurismo, pactaron siempre de espaldas a los suyos.

La oposición ha estado secuestrada por una élite político-social, intolerante, antinacional, subordinada a intereses extranjeros, pidiendo a gritos una invasión norteamericana, colombiana, brasileña o de donde sea, con tal de tomar ellos el poder. Esta postura, repudiable e irresponsable, es una muestra de la degradación de estos sectores políticos. No tienen nada que ofrecer y jamás serán aceptados por las Fuerzas Armadas Bolivarianas, celosas como son de la soberanía e independencia.

Entonces, ¿qué hacer?

Lo primero es dejar de un lado la desesperanza, el pesimismo, el individualismo, dejar de pensar que «otros» harán lo que nos corresponde hacer a nosotros mismos.

Buena parte del ambiente pesimista existente en el país, deriva del hecho de que la gente espera una conducta distinta de la actual dirigencia política –sea del madurismo o de la oposición tradicional–, el ciudadano espera que la actual dirigencia política haga algo que no van a hacer. Es el síndrome de la persona abusada que no reacciona y espera que el abusador no siga haciéndolo o quien espera que un alcohólico o una persona adicta a las drogas deje la adicción de la noche a la mañana. No sucederá si no hacemos nada para lograrlo.

Las élites políticas no harán nada para cambiar la actual situación. Para ellos se ha convertido en su forma de vida el conflicto permanente, la confrontación y el acuerdo. Cada sector maneja y recibe suficientes recursos y apoyos, viven de ellos y por lo tanto su objetivo es que la situación del país siga igual.

Las grandes mayorías del país, más allá del madurismo y de la oposición tradicional, tienen que desechar las ilusiones, dejar atrás al viejo liderazgo fracasado, necesitamos construir una agenda propia, capaz de aglutinar a los sectores patriotas, nacionalistas y bolivarianos y acompañar al pueblo, a todo el país en una agenda propia, que debe concentrarse en luchar por los derechos de todos y convocar al país para lograr una salida constitucional y revolucionaria a este desastre.

El gobierno tiene que salir, puede ser revocado constitucionalmente. Nosotros hablamos desde el campo Bolivariano, Chavista, pero tenemos que ser capaces de construir una agenda que pueda aglutinar a todas los sectores políticos y sociales del país en torno a los objetivos históricos plasmados en el Plan de la Patria, el original.

Ninguna fuerza por sí sola, ninguna individualidad, será capaz de hacer frente a los tremendos desafíos que tenemos: restablecer las bases políticas y jurídicas para iniciar la reconstrucción de la Patria.

De allí la necesidad de una Junta Patriótica de Gobierno, la salida más constitucional de todas, capaz de restablecer la Constitución y leyes de la República, reconstruir las instituciones y devolver la soberanía al pueblo para que decida su propio futuro.

Nosotros creemos que solo volviendo al camino de Chávez saldremos de este abismo. Reivindicamos los objetivos históricos plasmados en el Plan de la Patria, la Plena Soberanía Petrolera y el vivir bien del pueblo venezolano como aspiraciones supremas. Creemos que solo en el socialismo, nuestro socialismo, se pueden resolver los graves problemas provocados por este bandazo del capitalismo más atrasado y ramplón del gobierno de maduro, el cual ha fracasado «en toda la línea», provocando un grave daño al país, en nuestra instituciones y en las posibilidades de encaminarnos a desarrollar nuestro propio modelo para el siglo XXI.

Hay que sacudirse la desesperanza, ese sentimiento lleva a que nos conformemos con este desastre, al «por lo menos» del madurismo, a la entrega de la patria. Vamos al rescate de la Esperanza Patriótica, un nuevo impulso, un nuevo liderazgo para poder salir de este abismo, de la noche más oscura de nuestra historia.

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