Ni participativa, ni protagónica

Por • 26 feb, 2011 • Sección: Nacionales

Luis Fuenmayor Toro

Este gobierno hace lo que le da la gana en forma totalmente contradictoria y, por lo tanto, irresponsable. Dice y se desdice, hace y deshace, promete e incumple, lo que critica hoy lo alaba mañana, lo que hoy afirma mañana lo niega. Esta conducta, inicialmente sólo del presidente Chávez, pronto se extendió y alcanzó a gobernadores y alcaldes, parlamentarios, dirigentes del partido e, incluso, al pueblo llano fanático. Pero no hay que confundir este tipo de proceder con ambigüedad, en absoluto significa eso, pues cada vez que afirman, dicen, hacen o prometen, están movidos por sus intereses de permanecer largo tiempo en el poder. No se trata de casualidades, de situaciones fortuitas, todo lo contrario, hay una causa para cada situación contradictoria que se produce, ligada a los intereses manipuladores del gobierno de Chávez.

Insisten en que practican la democracia participativa y protagónica, en el discurso la colocan por encima de cualquier otro valor, critican al pasado adecocopeyano porque su democracia era representativa y no participativa, y afirman, sin vergüenza ninguna, que el veto de Chávez a la Ley de Educación Universitaria es muy bueno, porque permitirá la participación protagónica del pueblo. Pero, por otro lado, aprueban la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación sin la participación de nadie y sin consultar a los directamente afectados. Otro tanto hacen con la Ley Orgánica de Educación, aprobada sin que nadie pudiera emitir opinión. Si fueran sinceros en el planteamiento participativo hubieran discutido ampliamente las dos leyes señaladas, y si no lo hicieron por un olvido involuntario, pues corregirían la situación para discutir ambas leyes antes de comenzar su aplicación. Sólo así se les podría creer el discurso de participación democrática.

Recuerdo la exigencia de que las elecciones tenían que ser de primer grado, de votación directa de los electores en la escogencia de sus representantes. Paralizaron las elecciones del gremio profesoral ucevista, durante casi una década, pues el profesorado tenía que votar directamente para elegir los cargos principales de la junta directiva, que desde hacía casi 50 años se venían eligiendo en comicios de segundo grado. “Proscritas las elecciones de segundo grado”, gritaron estos nuevos superdemócratas de pacotilla. Al mismo tiempo, sin embargo, asistíamos al hecho de ver elegir a la directiva de la Asamblea Nacional en elecciones de segundo grado, como se había venido haciendo durante décadas. Pero es que hoy asistimos a algo mucho más grave, se elimina la elección directa de las juntas parroquiales, que pasarían  a ser electas en elecciones de tercero o cuarto grado.

Ese discurso acomodaticio trata de esconder la intención simple de controlar las decisiones de la población. Controlar el voto de cada venezolano es prácticamente imposible, por ello inventan que en las comunas votan las asambleas sin importar el número de sus integrantes, ni el número de las personas asistentes que alcanzaron a tomar una decisión. Están, nada más y nada menos, eliminando algo que es consubstancial de la democracia: “Una persona un voto”. Las asambleas comunales acaban con ese principio y lo cambian por el de “una asamblea un voto”. Adicionalmente, acaban con otro principio de la democracia que es el “secreto del voto”, que permite la mayor libertad posible a la hora de votar y decidir por quién se vota. En las asambleas comunales la gente vota a mano alzada, lo que permite que el gobierno controle los votos de sus integrantes. ¿Es esto realmente una profundización de la democracia?

Adicionalmente, con un discurso manipulador, mediante el engaño de la población pobre e ignorante, a través de la compra de voluntades mediante la entrega de dinero y de bienes muebles e inmuebles, adquiridos con la renta petrolera, pero también soportado en la amenaza de la gente por el patrono gubernamental y por las bandas armadas de choque del chavecismo, el Gobierno de Chávez esta conculcando el derecho soberano de la gente, a decidir y escoger libremente sus representantes genuinos. Se trata de perfeccionar los mecanismos que se iniciaron con la Ley Orgánica de Procesos Electorales, en la que los votos de los venezolanos no valen lo mismo. Valen más la de quienes voten por Chávez. Se trata realmente de desalentar la participación de quienes no estén con el Gobierno.

 La Razón, pp A, 20-2-2011, Caracas

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