Que la ciudadanía decida el precio de la gasolina

Por • 17 ago, 2013 • Sección: Nacionales

Víctor Álvarez R.

Mientras en EE.UU., Unión Europea y Japón el precio de la gasolina no baja de $ 3,90 el galón de 3,78 litros, en Venezuela la  gasolina de 91 octanos se vende a 0,07 Bs/litro y la de 95 octanos a 0,097 Bs/litro. Esto es menos de 2 centavos de dólar por litro. En aquellos países, llenar un tanque de 60 litros cuesta más de 60 dólares, mientras que en Venezuela solo vale 5,80 bolívares, menos de un dólar a la tasa de cambio oficial.

El contrabando de extracción

Venezuela consume 330.000 barriles diarios de gasolina. La salida ilegal del combustible tiene su causa en el inmenso diferencial entre el precio en Venezuela y el que se cobra en la frontera. Es tan elevada la salida ilegal del combustible que la producción nacional ya no alcanza, lo cual presiona la necesidad de importar componentes para satisfacer semejante demanda.

En Colombia, el galón de 3,78 litros cuesta 8.600 pesos, 2.275 pesos por litro. Con base en una tasa de cambio 1.900 pesos por dólar y 6.30 Bs/$, un bolívar equivale a 301,6 pesos. Si dividimos 2.275 pesos que cuesta el litro entre esta tasa de cambio de 301,6 bolívares por peso, esto significa que un litro de gasolina que se compra en Venezuela a 0.097 se puede vender en Colombia al equivalente de Bs. 7,5. Calculado en pesos colombianos, el litro que en Venezuela cuesta solo 29 pesos, en Colombia se vende a 2.275, y esto es un tremendo incentivo para los traficantes de gasolina. Llenar un tanque de 80 litros de 95 octanos por apenas 2.320 pesos (lo que cuesta un solo litro en Colombia) para luego revenderlo por 182.000 es un negocio muy lucrativo que incentiva el contrabando de extracción. Con un viaje diario de lunes a viernes cualquiera obtiene un ingreso de $ 500 a la semana y $ 2.000 al mes. Esto sin considerar los vehículos de las redes de contrabandistas que han sido acondicionados con tanques con capacidad de 250 litros y más.

Fallos del mercado vs. fallas del Estado

Ante semejante diferencial de precios, cualquier control o medida represiva que se tome con la intención de combatir el contrabando de extracción, siempre será insuficiente. La solución no está en más alcabalas y controles sino en erradicar el principal estímulo a tales prácticas perversas e ilegales. Sincerar el precio de la gasolina, sin que esto signifique llevarlo al precio internacional, permitirá reducir este enorme diferencial que es la principal causa del contrabando de extracción. 

En el caso de la gasolina subyace la misma lógica que explica la ninfomanía del dólar. El precio oficial se mantiene anclado por varios años, mientras que el  precio que se forma en el mercado se va alejando de la cotización oficial. El dólar de Cadivi, e incluso el de las subastas del Sicad, resultan muy baratos en comparación con el precio que la gente está dispuesta a pagar por la divisa en el mercado paralelo. Semejante brecha entre uno y otro precio es lo que estimula una insaciable demanda de las divisas subsidiadas a la tasa de cambio oficial.

En el caso de la gasolina, su precio en la frontera se distorsiona aún más debido al anclaje cambiario. En todo caso, tanto el creciente diferencial del precio del combustible en la frontera, como la brecha entre el precio oficial del dólar y su cotización en el mercado paralelo, se traducen en un incentivo a la corrupción, el cual ya ha sido denunciado por ministros y altos funcionarios del Estado. Paradójicamente, la cura de la ninfomanía del dólar y la solución al contrabando de extracción no dependen de la mano invisible del mercado, sino de la mano que firma la decisión gubernamental para sincerar tanto el precio de la gasolina como el precio del dólar. 

Los problemas relacionados con el contrabando de gasolina y la especulación con las divisas no se debe a fallos del mercado, sino a fallas de las decisiones gubernamentales que han optado por congelar el precio de la gasolina y mantener anclada la tasa oficial de cambio, en un contexto inflacionario. La reciente crisis económica mundial dejó claro los estragos que causan las fuerzas ciegas del mercado cuando se dejan sin regulación ni control, pero también las regulaciones arbitrarias y rígidas han demostrado el terrible daño que le hace a la economía y el bienestar de una Nación, el desconocimiento e incomprensión de las leyes que rigen la dinámica económica.

Que decida la ciudadanía

El exagerado y prolongado subsidio a la gasolina estimula el despilfarro del combustible, con el consiguiente impacto en la contaminación del aire que todos respiramos, el colapso del tráfico en todas las ciudades y la irrecuperable pérdida de millones de horas de trabajo y descanso. Pero no se trata de aplicar un aumento brusco y torpemente ejecutado, que provoque malestar y protestas populares, sino de sincerar gradualmente el precio de la gasolina, reorientando los ingresos que se obtengan por el aumento a modernizar y ampliar la flota de transporte público. El artículo 71 de la Constitución plantea claramente que “las materias de especial trascendencia nacional pueden ser sometidas a referendo consultivo”. Es hora de promover un amplio debate nacional para que sea la ciudadanía, en el marco de la democracia participativa y protagónica que plantea la Constitución, la que decida si se debe aumentar el precio de la gasolina, en qué monto y dónde se deberían invertir los miles de millones de dólares que anualmente se perciban por el ajuste del precio del combustible.  

@victoralvarezr

http://victoralvarezrodriguez.blogspot.com/

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