Venezuela y la incapacidad de aprender

Por • 30 jun, 2018 • Sección: Nacionales

Jorge Ernesto Rodríguez Rojas

29/06/2018

“El presupuesto debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado”.  Marco Tulio Ciceron, Roma, Año 55 a.C.

 El epígrafe que encabeza este texto tiene más de dos mil años. Uno se sorprende como, recurrentemente, a lo largo de la historia de la humanidad, tenemos que atestiguar que el sentido común es el menos común de los sentidos. Fórmulas tan obvias como la referida, expresadas por un gobernante anterior al cristianismo, al islamismo, al capitalismo y al socialismo, no pierden su vigencia para la conducción del Estado, cualquiera que sea el modelo religioso o ideológico predominante.  No quiero subestimar el grado de complejización de las sociedades modernas, inmensamente más populosas e interrelacionadas que la Roma imperial de Marco Tulio, pero aún en el marco contextual de las dinámicas actuales, buena parte de sus premisas siguen gozando de una vigencia arrolladora, por responder a un razonamiento simple, práctico y universal. Edmundo Desnoes, el escritor del libro “Memorias del Subdesarrollo” que diera origen a la película homónima dirigida por el cubano Tomás Gutierrez Alea en 1968, pone en boca del protagonista de esta novela la devastadora sentencia: “El subdesarrollo es la incapacidad de acumular experiencia”. Más allá de lo polémico que podría resultar esta frase, la realidad política y económica de nuestra Venezuela actual, y su análisis desde la perspectiva de la reflexión del Cicerón romano, nos coloca en una difícil posición para poder refutar, al menos en este caso, la tajante frase de Desnoes. Venezuela ya cumplió cien años desde que inició la explotación petrolera con el reventón del Zumaque I por allá por 1914. Ya en los tempranos 1936, un joven Uslar Pietri de 30 años alertaba acerca de la necesidad de reorinetar el uso de la renta petrolera para desarrollar otros rubros de la economía nacional con su famosa frase “hay que sembrar el petróleo”.  Cuarenta años después de esa alerta, en 1976, Juan Pablo Pérez Alfonzo diagnosticaba las amenazas que entrañaba este recurso para la economía nacional por las distorsiones que ya, para entonces, introducía en la dinámica productiva del país, acuñando su profética frase “estamos hundiéndonos en el excremento del diablo”.  Hace poco menos de 20 años, la izquierda llegó al poder, a través de la figura épica del Presidente Chávez, con el diagnóstico en torno al rentismo y sus perversas consecuencias para el país aparentemente madurado, después del colapso político y económico al que nos condujo ese modelo en la cuarta república, y se proclamó el socialismo del Siglo XXI bajo el lema “De la Venezuela rentista a la Venezuela productiva”. Desafortunadamente, al parecer, en el juego del poder siempre prevalecen, más que las razones estructurales de construcción de un país para los otros de hoy y de mañana, las razones de orden coyuntural orientadas a la autopreservación de la clase política dominante. Y en este ejercicio maquiavélico y pragmático nos condenamos a repetir cíclicamente la perversa táctica de utilizar la renta para estructurar relaciones de dependencia clientelar entre el “soberano” y el gobernante de turno que preserven su permanencia en el poder. Una vez más, la eterna paradoja de la izquierda nos arrolla, y “la toma del poder” deja de ser un instrumento para la transformación social, y pasa a convertirse en un fin en sí mismo, aunque ello implique, en los hechos, la consolidación y profundización del modelo que se suponía se quería transformar. Hoy, 18 años después de “la toma del poder”, nuestra dependencia al “excremento del diablo” es más profunda que nunca, y las distorsiones que esta profundización del rentismo extractivista ha generado en la economía son de una dimensión tal que las peores sentencias proféticas de Pérez Alfonzo se han quedado cortas en relación a la realidad nacional actual. Marco Tulio Cicerón, dos milenios después, vuelve a tomar vigencia y, una vez más, la frase de Desnoes gana una inexorabilidad atronadora y desoladora: “El subdesarrollo es la incapacidad de acumular experiencia”.

https://www.panorama.com.ve/opinion/Venezuela-y-la-incapacidad-de-aprender-20180628-0103.html

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