El mito de la «Rueda de la Fortuna» en el Renacimiento español y la Idea de Historia

Por • 24 oct, 2018 • Sección: Opinion

Atilana Guerrero Sánchez

Ponencia defendida en la mesa de debate: «La construcción de las ideas» en las I Jornadas de Nódulo materialista en Talavera de la Reina.

0.El título genérico que yo misma propuse para la «mesa redonda» dedicada a la construcción de las Ideas, «Metáforas, mitos y analogías», llevaba como subtítulo «El mito de la Rueda de la Fortuna en el Renacimiento y la Idea de Historia», de manera que vamos a tratar dicho título genérico oblicuamente a través de un ejemplo concreto. De hecho, los tres términos que se reúnen en aparente enumeración (metáforas, mitos y analogías), como si se pudieran ofrecer de modo lineal, en realidad se constituyen cada uno de ellos a distinta escala, hasta el punto de que podemos decir que la metáfora es un tipo de analogía, con lo que bastaría con haber nombrado sólo a esta última.{1} ¿Y qué diríamos de los mitos en este sentido? Pues que, si adoptamos su acepción habitual, son un tipo de relato que haría un uso «excesivo» de la metáfora, al «utilizar» las relaciones de parentesco humanas como esquema atribuible al funcionamiento de la «Naturaleza».{2} Un concepto de «mito», por cierto, que es ya un concepto crítico u oblícuo, hecho desde la «razón geométrica» propia de la filosofía griega, uno de cuyos resultados más notables es la trituración de las religiones primarias y secundarias. Pues fue sólo desde la plataforma de las demostraciones geométricas, al suministrar los esquemas materiales de identidad que los presocráticos aplicaron al universo entendido como un Todo (en particular el esquema material de identidad del círculo), como se pudieron reconocer los relatos antropomórficos en cuanto tales, es decir, como se «mitificaron». De la «mitificación» de la Fortuna en este sentido filosófico trataremos a continuación.

Ahora bien, sí queremos hacer antes unas consideraciones generales sobre el asunto en relación con las ideas básicas de la ontología materialista. Y es, a saber, que lo que llamamos metáforas y analogías como construcciones lingüísticas «necesitan» para poder definirse del «principio de la symploké» del pluralismo ontológico, puesto que son en su ejercicio conceptos críticos tanto del monismo como del atomismo. Del primero, porque si todo está con todo no hay nada que comparar, y las metáforas y las analogías se basan precisamente en la efectiva desconexión material de unas partes de la realidad con otras, de tal suerte que su valor reside precisamente en conectar «verbalmente» según algún aspecto real (el famoso «secundum quid»), lo que está desconectado, y a sabiendas de su desconexión. Y críticos también del atomismo, porque si nada tuviera relación con nada, tampoco podríamos ver sus semejanzas o conexiones (el poeta que dice «el mar de tus ojos», «sabe», si es que no delira, que en los ojos no hay ningún mar; por el contrario, el «delirio mitológico» de las religiones secundarias, «religiones falsas» para el materialismo filosófico, consiste en la «verdad» de unos dioses que pululan detrás de cualquier fenómeno como si fuesen sus agentes{3}.

Hablaríamos, pues, de las metáforas y las analogías no sólo como figuras literarias, sino como formas lingüísticas que denotan la misma forma racional operatoria de construcción del mundo. Permítasenos citar un texto de los Ensayos Materialistas de donde tomamos estas ideas: «Entre las materialidades empíricamente recogidas en el Mundo, descubrimos paralelismos que, cuando están bien establecidos, constituyen acaso el noventa por ciento del contenido positivo de nuestro conocimiento. Conocer, es, en su mayor parte, no ya aprehender las esencias de la realidad, cuanto determinar los paralelismos o analogías entre entidades diversas. Parece como si una entidad, en sí misma considerada, fuese un objeto vacío para el conocimiento. Y es precisamente cuando las analogías establecidas se insertan en la perspectiva materialista de la pluralidad cuando muestran su potencia informativa. En rigor, cuando la información o conocimiento es dialéctico, por cuanto rectifica la pluralidad originaria. Saber que mi mano tiene cinco dedos es una saber muy modesto; pero poner en correspondencia fundada los cinco dedos de mi mano con los cinco brazos de una estrella de mar equivale ya a un incremento de conocimiento que nos asombra, en cuanto  Sigue en…

El Catoblepas • número 144 • febrero 2014 • página 10

http://www.nodulo.org/ec/2014/n144p10.htm

 

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