La carga demencial que me dejó mi hermano Argenis

Por • 14 sep, 2021 • Sección: Opinion

José Sant Roz 

11/09/21. La copiosa obra de mi hermano Argenis, sus papeles, sus memorias, su vida y sus libros, ha sido una de las tareas o cargas más exigentes y duras que he tenido que llevar durante treinta años. Recuerda mi cuñada Clara, que poco antes de suicidarse, Argenis pidió que yo me encargara de sus trabajos y papeles: «-Que José se encargue de mis libros y todo lo quedará regado en las casas en que he vivido, mis diarios y artículos». Argenis, para poder beber y «vivir en su infierno», llegó a vender muchos manuscritos algunos de los cuales se los llegaron a comprar famosos libreros, como fue el caso de Rafael Ramón Castellanos. Tengo docenas de volúmenes con sus artículos de prensa y he publicado cientos de trabajos que a veces he mandado a copiar y he tenido que sufrir y vivir, transcribiéndolos, en difíciles circunstancias, por la gran cantidad de errores que la gente comete al pasarlos. Ni en veinte años podría yo ordenar sus trabajos, su obra acumulado en tantas carpetas y anaqueles.

Recalco el hecho de que cuando paso y reviso los diarios y la obra de Argenis yo también vivo su vida, que es terriblemente estremecedora por su crudeza, por su franqueza y fuerza tan profundamente espiritual.

Aquí copio una parte de su diario perdido del año 1965, que he encontrado publicado en un viejo periódico de Caracas, amarillo de viejo y que casi se deshace en mis manos:

4-1-65: M. S. me dice:

  • ¿Qué vas a hacer tú? ¿Meterte a adeco? Si te metes a adeco te mandarán para la base, pero si te metes en un partido nuevo vas a la dirección. Los partidos nuevos no tienen dirigentes y andan buscando líderes. Fíjate en A., nunca ha militado en un partido y acaba de ser nombrado Secretario Nacional de una nueva organización…

8-1-65: M. S. me insiste:

  • Esta oligarquía nuestra como aquellos romanos, sostienen la idea de que más vale perro vivo que león muerto.

10-1-65: Para llamar la atención sobre mí, hago las paces con Manuel Trujillo y le pido que me haga una entrevista. El tipo que me llamó traidor, o que puso a un pendejo a llamarme traidor. Me hace la entrevista y me ofrece conseguirme empleo y así podré sobrevivir un tiempo más.

12-1-65: Trujillo me hace la entrevista. Ataco al gobierno. Ataco a Liscano.

13-1-65: Conozco a Alfredo Tarre Murzi. Me pregunta por qué me vine tan pronto de Europa. Me dice que una vez le dijo a Fabricio Ojeda que por qué no se iba a Europa a estudiar: «-Pídele una beca a Larrazábal y te vas a Europa y te pasa cuatro años por allá», pero Fabricio y que le respondió: «- ¿Yo? ¿Irme con la responsabilidad con este pueblo con el que cuento?»».

  • Ahí está – concluye Tarre Murzi-: Perdió todo y se encuentra solo en las guerrillas. Fabricio no es capaz de escribir un libro como el tuyo. ENTRE LAS BREÑAS no lo escribe cualquiera.

Le respondo que la política y la literatura son dos cosas muy diferentes.

15-1-65: Mucha gente no me habla.

Sale la entrevista de Trujillo.

Asombroso, la gente empieza a hablarme.

16-1-65: Llamo a la secretaria de Liscano. Me dice que Juan no esperaba eso de mí. Yo siento aprecio por Juan pero me ando muriendo de hambre, acosado por tantos canallas, que ofrecen matarme.

16-1-65: La gente dice que me volví a pasar.

18-1-65: Manuel Trujillo y Caupolicán Ovalles me pagan un almuerzo. Caupolicán dice que él también va a empezar a llevar un diario.

  • Si me jodes te jodo – me dice.

19-1-65: Liscano me dice que el ministro Gonzalo Barrios lo llamó para decirle que no me atacara que esas declaraciones podían ser debido a una presión.

20-1-65: Héctor Mujica me dice:

  • Tú eres un escritor muy bueno porque dices cosas, pero eres un escritor muy malo porque no corriges las cosas que dices. En los días que apareció ENTRE LAS BREÑAS – continúa -: todo el mundo quería joderte, pero yo le dije al Partido Comunista: «-Vamos a darle a Argenis el mismo trato que le dimos a los disidentes del MIR».

21-1-65: Ramón Bravo me dice: «- Encontré a Ramón Palomares y me dijo que te había visto pero que no había querido saludarte». Ramón Bravo es un farsante y un cobarde… ahora su mayor preocupación es no ser tan conocido como yo. Yo no me explico para qué quiere que lo conozcan.

25-1-65: Estoy viviendo del sablazo o de la caridad pública: Díaz Sosa me pasa 2 bolívares. Bracho Sierra me da 3 Bs. Mi hermana Idilia 10 bolívares. Márquez Salas 5 bolívares y Heraclio Núñez Rincón 1 bolívar.

10-2-65:

  • Deje que lo ataquen –me dice el doctor Ramón J. Velásquez – Eso es bueno. Y me recuerda que el papá de Gil Fortoul mandaba a un negro a montarse en una mata de taparo para que lo insultara, y empezaba a mentarle la madre y a decirle: «-Viejo güevón, viejo marico», etc. Y la gente pasaba y veía al negro insultando al doctor Gil y le preguntaba: «-Doctor, ¿pero por qué se deja insultar por ese negro?» y contestaba: «- Yo lo mando a eso para hacerme inmune a los insultos de mis enemigos».

11-2-65: Me encuentro con Ángel Eduardo Acevedo. Me dice:

  • Ya la gente sabe que regresaste. La gente lo único que dice es: «- Ya vino Argenis. Qué vaina irá a echar ahora».

Acevedo se reúne con los que editan «Sol Cuello Cortado». Acevedo dice que Fidel Castro es más poeta que político. Siempre dice: «-Como uno es del llano, del monte La Culebra, no jo, no toman en cuenta lo que uno dice».

Víctor Valera Mora dice que Acevedo es el mejor poeta contemporáneo de Venezuela y Acevedo dice que Valera Mora es el Maiakosky de Venezuela…

MAYO – 1965

12- Por la tarde a la Universidad Central de Venezuela. Brito Figueroa me llama aparte:

  • ¿Dónde está tu libro? He oído hablar de ti, pero no importa, déjalos que hablen.

Le vendo el libro a Orlando Albornoz, a Gustavo Díaz Solís, Pedro Beroes, Germán Carrera Damas. A Carrera Damas le digo que mucha gente me decía que no publicara ENTRE LAS BREÑAS.

  • Eso ya es razón suficiente para que lo tuvieras que publicar – me dice.

15 – Llevo el libro a la Biblioteca Nacional. Barrios Cruz, el director, me recibe. Me habla de que su casa ha sido asaltada varias veces y le han sustraído unas cuantas medallas.

20- La prensa dice que Manuel Ray invadió a Cuba. Por donde quiera me dicen que no hable, que deje que mi libro hable solo. Yo creo que esta es una táctica que podrían utilizar en mi contra. «Pero Argenis habla mucho y eso es lo que lo perjudica», podrían decir.

21- Leo una biografía de Chejov. ¿No se suicidó Chejov, no se volvió loco, no le pasó lo que a los grandes cuentistas, lo que le pasó a Quiroga, Maupassant, Poe, etc.? En cierta medida lo de Poe fue un suicidio. El acosado por un libro bebe cerveza en un bar y lleva este diario. Lo más listo es dejar este mundo donde la locura anda suelta…», decirme como Rimbaud: este país es un tormento. Aquí los profesionales, los médicos y los abogados viven jugando con máquinas traganíqueles. Los muchachos, los estudiantes exhiben sus músculos, sus poses, la novedad y las modas en lugar de sus cerebros…

22 – Tengo que irme a un país frío donde pueda leer de nuevo, con gusto «Cumbres Borrascosas». Tengo que escribir o empezar a escribir algo acerca de mi vida. Podría comenzar con lo último: violencia guerrillera, asaltos, temores, escondidas, … Título: «Al que pueda interesar».

Le mando el libro a Domingo Alberto Rangel (preso en el Cuartel San Carlos) con su abogado Rafael Pérez Perdomo. Pérez Perdomo me dice que Domingo Alberto Rangel no está de acuerdo con la violencia. Domingo sostiene que correrá el riego de quedarse sin estudiantes por criticar la línea actual. Dice DAR: «Así empezaron las guerrillas en Colombia, como un movimiento político y ¿ahora que son?: ¡Nada! Gansterismo, pandillaje, bandolerismo. Eso va a suceder aquí si no se hace algo rápido».

25: En la revista «LETRA ROJA», número 1, revista de literatura que dirigen Adriano González León y Jesús Sanoja Hernández, aparece un artículo sobre mi libro y mi persona titulado, ENTRE LAS BREÑAS Y LA DESOLACIÓN.

26-: Amanece lloviendo. Me quedo en casa. Hace cuatro días que sufro de angina. Llueve copiosamente y mi imaginación trabaja. Pienso en CUMBRES BORRACOSAS, que releo ahora por tercera vez. Tengo que escribir algo semejante. ¡Los personajes de novelas, para que sean personajes de novelas, deben estar poseídos por el demonio! Heaffclit, Catalina. Ershaw, ¿cuál más demoníaco? Ese profundo misterio es la inmortalidad. Aquí estoy en la sala mientras llueve. Afuera se forma un charco en el patio. Leo las «Memorias de un joven escritor» de Goethe. Oigo a Mozart, a Chopin, a Saint Saens.

¡Esta es la campiña, esta es una casa de tejas, de tablas, qué sé yo! Afuera hay caballos y mujeres de largos vestidos.

27-: El doctor Ramón J. Velásquez me dice que ese relato que publiqué DURANTE LA TRAVESÍA podría servir de primer capítulo de una novela sobre la nueva ciudad.

Militantes del PCV que dicen que recoja mi libro, que es pernicioso. Uno dice que se lo arrebató de las manos a un hermano suyo.

  • No deben leer eso.
  • ¿Por qué? –le preguntó.
  • Es pesimista.

29-: En la UCV:

  • ¿No le vas a contestar a Jesús Sanoja Hernández?
  • Yo no escribo notas, escribo libros.

JUNIO- 1965

4- (6 de la tarde). Alfredo Armas Alfonzo lleva mi libro.

  • Agarraste el camino – me dice.

Le digo que en estos días releí su libro «Los cielos de la muerte».

  • Ahí lo que vale –me dice- es un cuento, el del título.

Me invita a pasar una semana en Cumaná, donde trabaja como Director de Cultura de la UDO.

Opiniones de Alfredo Armas Alfonzo sobre Márquez Salas:

  • Abre un ciclo con «El hombre y su verde caballo» y lo cierra «Como Dios».

Alfredo Armas Alfonzo cuenta ahora 45 años. Lo encuentro parecido en sus trabajos a Sherwood Anderson, y se lo digo.

DOMINGO 7: En «La Revista de El Nacional» que dirige Carlos Dorante aparece una nota de Guillermo Meneses sobre mi libro.

10-: Los novelistas son los únicos que penetran en alma de los hombres.

11 -: – ¿Cómo se llevó usted con Betancourt? – le pregunto al doctor Ramón J. Velásquez.

  • Muy bien. Nos manteníamos así -, y alarga la mano como diciendo a la distancia o con respeto. Después sigue -: Conocí al Betancourt en el año 36. Me encontraba con René de Sola y Vicente Emilio Oropeza en la Federación de Estudiantes que para entonces estaba en Miracielos (todavía queda la casa). Y llegó él. Betancourt es un hombre de acometida. En seguida se ofreció para dictarnos una conferencia sobre petróleo venezolano, la primera que se dictaba en Venezuela.

16-: Nota de Frank Peñaloza en El Universal, siendo la segunda que escribe sobre mi libro.

En «Letra Roja» también aparece una segunda nota de Sanoja sobre ENTRE LAS BREÑAS.

Nota de César Dávila Andrade en El Nacional sobre mi libro.

17-: «Siempre que nos ponemos a meditar sobre el sentido de nuestro propio pasado, éste parece llenar el mundo con su profundidad y extensión» (Conrad).

18-: Parece ser, que mi gran error ha sido el de no saber fingir y proponerme decir las cosas como son, como las veo o las siento. Pero así me quede solo, haré sólo lo que me dicte mi conciencia, mi voluntad o lo que piense. Además, aquí en este país no existe gente que pueda guiarme. Uno se para y ve a los hombres que nos han precedido y uno no encuentra un solo mensaje, una sola idea, un camino abierto. De manera que tengo que abrirme camino solo y sin mirar atrás. Y tengo que abrírmelo buscando la verdad. Mi verdad. Uno, como he leído por ahí, es un investigador.

19-: Pensando, ¿cuándo me vino la idea esa de escribir diarios? No sé. Apenas me puse a leer y pensé en escribir. Creo que primero pensé en escribir y después empecé a leer. O creo que me puse a escribir diarios para aprender a escribir. Una tarea obligatoria. Hacer una nota diaria. O copiaba trozos de otros escritores. O memorizaba tanto verso como prosa. Yo dije: qué carajo, ¡de aquí a la eternidad! Y me ponía a hacer largas listas de libros que no había leído. Y así me ponía: «El sonido y la furia», «Tierna es la noche», «No puedes volver a casa». E imaginaba la trama o los personajes de esos libros. Hubiera podido escribir libros con esos títulos sin haber leído nunca esos libros. Era una calamidad. ¿Cómo será Tierna es la noche? Y después, qué carajo, me creía el autor de todos esos libros. O si no el personaje de uno de esos libros. ¿Cuántas veces no me he creído Wolfe o Eugenio Gant? A estas alturas no sé qué me he creído más si autor o personaje. ¿No me tuvo loco Raskolnikoff? Sombrío. Nunca se me ocurrió matar a nadie. Qué carajo, pasar como Napoleón por encima de un millón de cadáveres. Raskolnikoff no pudo pasar por encima del cadáver de una vieja. No obstante eso me creía más Raskolnikoff que Napoleón. Voy a poner aquí, como Thomas Mann cada vez que va a empezar otro capítulo: «También el capítulo que acabo de terminar es, para mi gusto, de dimensiones excesivas…».

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