Las bases militares en Colombia y su inconstitucionalidad

Por • 23 ago, 2010 • Sección: Opinion

Por: Julio Escalona
Fecha de publicación: 21/08/10

La Corte Constitucional de Colombia ha declarado inconstitucional la decisión del gobierno de Uribe mediante la cual se instalaron en Colombia las siete bases militares estadounidenses, vinculadas a objetivos estratégicos de centros del poder mundial. Para controlar a Venezuela hay que ocupar militarmente a Colombia, fue la afirmación del senador republicano por Georgia, Paul Coverdell, hecha en el año 2000, para justificar el Plan Colombia. Esa es la orientación que fundamenta las bases militares.

Con toda razón los gobiernos de Venezuela y Ecuador (los más directamente afectados), fueron los primeros en protestar. En general, en América Latina surgieron diversas protestas y declaraciones de condena o censura.

La declaración de la Corte Constitucional tiene una gran relevancia, tanto, que lo mejor es referirse a ella con la prudencia del caso, pues en una dimensión del problema, es un asunto interno de Colombia. Claro que las bases militares en Colombia afectan la geopolítica mundial, continental y la de Venezuela en particular. Eso ha sido reiteradamente señalado tanto por el Presidente Chávez como por el Canciller Maduro. Ahora estamos en un momento especial, que podría tener significación estratégica. La prudencia por tanto es necesaria. Prudencia no es sinónimo de indecisión o parálisis.

Por las razones ya expresadas no voy a analizar la decisión como tal. Esto corresponde principalmente a los colombianos. Ya lo están haciendo y han dicho cosas importantes como las siguientes:

Primero, la decisión implica que las siete bases militares deben ser, por ahora, clausuradas;

Segundo, sin embargo, las fuerzas que ahí están pueden ser desplazadas a las bases que ya existían como resultado de acuerdos anteriores. Es decir, la presencia militar de EEUU no quedaría afectada, pero, ello obliga a una reformulación de los planes de EEUU, lo cual es muy importante;

Tercero, también abre un debate sobre la legalidad de las medidas tomadas por Uribe y en general, sobre la presencia de fuerzas estadounidenses en Colombia, su significado, la relación con la soberanía, con las violaciones de los derechos humanos, la generalización de la violencia, la generación de millones de desplazados y refugiados, las relaciones con los países vecinos, etc.;

Cuarto, replantea también el problema de la paz, las relaciones con las FARC y la obligación de desandar un camino que obligue a desmontar de verdad el paramilitarismo y las redes del narcotráfico, a revisar las acciones que han conducido a la creación de hornos crematorios para quemar civiles secuestrados y no dejar rastros, fosas comunes con miles de cadáveres, etc.;

Quinto, la relación con los países vecinos, los problemas de la integración y la cooperación regional, en fin, un debate sustantivo sobre la política colombiana, que le corresponde darla, en primer lugar a los colombianos. Sin embargo, por muchas razones siempre será un debate continental.

Puede ser que el Congreso de Colombia no modifique en su sustancia el nuevo tratado con EEUU, pero como ya señalé, el debate puede ser de gran importancia política. Luego, el acuerdo fue aprobado por Uribe en unas condiciones políticas. Si ellas se modifican habrá que observar que consecuencias podrían derivarse.

Lo cierto es que puede estar surgiendo una situación de gran dinamismo y es conveniente mantener la mente muy abierta y no cerrarse a nuevas circunstancias que puedan aparecer. No debemos atenernos sólo a las experiencias pasadas. Podrían estarse moviendo situaciones inesperadas. En cualquier sentido. El carro bomba que estalló en Bogotá, de factura derechista, podría no ser un hecho aislado.

Simultáneamente con el pronunciamiento de la Corte Constitucional, varias organizaciones colombianas han tomado la decisión de acusar a Uribe ante la Corte Penal Internacional.

Ahora debemos mantenernos muy atentos al desenvolvimiento de estos acontecimientos, siempre dejando la iniciativa en manos de las organizaciones patrióticas de Colombia, desde una posición de solidaridad activa, utilizando más los canales privados y reservando las declaraciones públicas para cuando sea realmente necesario.

La ruptura de relaciones y los acuerdos Chávez-Santos

La decisión de romper relaciones con Colombia a raíz de la presentación que el Embajador de este país hizo ante la OEA, fue una decisión correcta. Como bien sabemos, esa no era la carta principal de Uribe. La carta principal era la acusación contra el Presidente Chávez ante la Corte Penal Internacional y un probable ataque “preventivo” sobre territorio venezolano, con la intención de originar una escalada bélica contra Venezuela.

Uribe y sus consejeros Estadounidenses, sabían perfectamente que Chávez decidiría romper relaciones diplomáticas, pues dichas acusaciones fueron presentadas en un estilo no diplomático, agresivo, amenazante y ofensivo contra la dignidad de nuestra nación. Además, interviniendo claramente en asuntos internos del Estado venezolano. Incluso, de hecho, se le dio un ultimátum a Venezuela cuando no sólo se propuso una comisión investigadora, sino que además, se señaló que esta debía emitir un informe en un plazo de treinta días.

Sabían también que ese estilo agresivo, no permitiría que la OEA abriese investigación alguna. Es decir, ellos mismos bloquearon la petición que estaban formulando, obligando a Insulza a declarar que la investigación no se realizaría, que ese era un problema bilateral entre Colombia y Venezuela. Este era el resultado que Uribe esperaba. Conocían bien que la petición para decidir la investigación no tendría consenso, por tanto, sería sometida a votación. En esa votación iban a ser derrotados, lo que cerraría el asunto.

La presentación ante la OEA fue una farsa orientada a encubrir el verdadero plan.

Simultáneamente con la intervención en la OEA, se intensificó una campaña mediática de carácter internacional, para tratar de poner a Venezuela contra la pared. Como parte de ella hubo declaraciones irrespetuosas y agresivas contra el gobierno venezolano por parte de Philip Crowley, portavoz del Departamento de Estado de EEUU y de Arturo Valenzuela, Secretario de Estado Adjunto para el Hemisferio Occidental.

Debe observarse que la ruptura de relaciones se orientó a desenmascarar internacionalmente la posición del gobierno de Uribe. Para el gobierno del Presidente electo se dejaron abiertas las puertas para una comunicación activa. Por razones que este ensayo no se propone analizar, el Presidente Santos se diferenció de Uribe y abrió posibilidades para emprender negociaciones diplomáticas dirigidas a regularizar las relaciones binacionales. Si todo esto fue concertado entre Uribe y Santos está por verse. Sé bien que no hay contradicciones esenciales entre ambos gobernantes. Sin embargo, no es la primera vez que se producen fisuras en los bloques de poder.

En ese contexto el Presidente Chávez decidió enviar al Canciller Maduro a la toma de posesión del Presidente Santos, desligarse políticamente de las FARC y manifestar que estaba dispuesto a reunirse de inmediato con él Presidente Santos, en Colombia o en Venezuela.

Estas decisiones del Presidente Chávez, como la experiencia lo ha venido demostrando, fueron decisiones tácticas acertadas.

Era necesario desbloquear el marco de relaciones políticas que Uribe fue construyendo. El uribismo se fue desarrollando, entre otros aspectos, sobre la base del antichavismo, la acusación permanente de ingerencia del gobierno venezolano en los asuntos internos de Colombia, la asociación del Presidente Chávez con el narcotráfico y las FARC y por tanto, como un obstáculo para que el pueblo colombiano pueda vivir en paz.

Debe recordarse que líderes de la izquierda colombiana en más de una ocasión se han sentido obligados, por el chantaje uribista, a realizar declaraciones deslindándose del Presidente Chávez.

Con gran audacia y sabiendo que las oportunidades no se repiten, el gobierno venezolano supo navegar sobre las circunstancias y dar pruebas inequívocas de voluntad para mejorar las relaciones entre los dos pueblos y los dos gobiernos, establecer bases de respeto y colaboración, abrir un nuevo capítulo en las procesos de integración sobre bases diferentes y muy especialmente, para adquirir responsabilidades compartidas en la preservación de la frontera común, lo cual puede neutralizar las manipulaciones mediáticas contra Venezuela, como las que hizo el gobierno de Uribe en la OEA, y muy especialmente, las agresiones contra Venezuela, bien a través de paramilitares o directamente a través de las fuerzas conducidas por EEUU e Israel.

La clave está en la presión que se pueda generar en la sociedad colombiana, lo que tiene que ver con la identificación de quién es el enemigo. No es Venezuela. Por el contrario, el gobierno de Venezuela puede ser un aliado del pueblo colombiano en el camino de lograr la paz y el bienestar. Ello debe ser demostrado claramente.

Parte del éxito de Uribe fue crear confusiones en un punto tan crucial para la maduración de la conciencia de los colombianos y para agudizar deliberadamente los conflictos con Venezuela. Salirse de esa trampa es vital.

Por supuesto que en las reuniones y declaraciones públicas se omitieron por parte del Presidente Chávez, las referencias a las bases militares y otros temas espinosos. El Presidente Santos también omitió las referencias a los vínculos del gobierno venezolano con las FARC y otros asuntos muy presentes en el discurso uribista.

Es probable que este marco político, haya favorecido la decisión que tomó la Corte Constitucional en relación con las bases militares estadounidenses. En el panorama político colombiano ahora no parece tan fácil seguir levantando como estrategia política, el antichavismo y las fobias contra Venezuela. De ser esto cierto, ello podría favorecer a los movimientos sociales colombianos.

Los que se han sentido desconcertados porque en la reunión Chávez-Santos, Chávez no mencionó públicamente las bases militares y los peligros que ellas representan para Venezuela, podrían reevaluar su desconcierto.

En fin de cuentas, la decisión de agredir o no a Venezuela, no es una decisión del gobierno de Colombia. Depende de la evolución geoestratégica mundial y muy particularmente de la evolución de la eventual agresión contra Irán, de la situación de Irak y Afganistán y de la a veces complicada relación geoestratégica con Rusia, China, la India, Pakistán y Brasil, entre otras situaciones internacionales relevantes. También de la actuación del lobby israelí en EEUU, de las presiones en el interior del Congreso y de los resultados de las próximas elecciones parlamentarias en EEUU.

Esto no significa que el asunto de las bases militares en Colombia deba ser dejado de lado. Todo lo contrario. Debe entrar en una consideración más amplia en el plano de las relaciones de fuerza a nivel global y sé que el gobierno venezolano lo está haciendo.

Es probable también que no sea casual, que precisamente ahora se anuncie desde Colombia la decisión de acusar a Uribe ante la Corte Penal Internacional.

Pero sobre todo, se abortó el probable ataque “preventivo” que el uribismo tenía preparado contra Venezuela.

Considero que cada día que pase permitirá ver más claro lo ocurrido. No podemos formarnos ilusiones. Los conflictos sociales no tienen solución a través de la diplomacia. Se resuelven en la lucha de todos los días favoreciendo el empoderamiento de la gente como fundamento de una nueva sociedad. Sin embargo, a veces, como en este caso, la diplomacia puede ayudar.

Las FARC y las luchas por la paz

Las FARC son un actor clave en la política colombiana. De su sabiduría táctica dependerá mucho el resultado de la coyuntura que se ha abierto en Colombia.

Las declaraciones del Presidente Chávez, si las FARC las entienden en su justa dimensión, pueden ser favorables para abrir negociaciones de paz. Se necesita audacia y decisión. Ya Santos dijo que las puertas del dialogo no estaban cerradas con llave. Ahora se trata de poner a prueba esa declaración. Ese contexto favorece, creo, la toma de la iniciativa por parte de los movimientos sociales y fuerzas democráticas colombianas para plantear el diálogo por la paz.

Como se ha demostrado en la generalidad de los casos, la presión internacional no puede sustituir la acción de los movimientos sociales de cada país. Es sobre la base de la fuerza de dichos movimientos, como la presión internacional puede tener resultados favorables. La sustitución de la acción interna por la acción internacional, suele no arrojar resultados positivos.

Por otra parte, se trata de dilucidar claramente lo siguiente: ¿existe en Colombia la posibilidad de una solución militar? A mi no me parece probable.

Vivimos un período de dominio del complejo militar-financiero, que está dispuesto a afirmar su hegemonía e incrementar superganancias, aun destruyendo a la humanidad y al planeta. Un gobierno mundial en la sombra se ha constituido y es él que está tomando las decisiones estratégicas e implementando los pasos tácticos, por encima de todos los gobiernos, incluido el de EEUU. Ha militarizado las relaciones internacionales, ha creado fuerzas de de despliegue rápido en todos los lugares de valor estratégico y ha tomado la decisión de utilizar armas nucleares. En ese cuadro, las amenazas contra Venezuela no se resuelven solamente porque se pueda llegar a un acuerdo con Santos. Pero ayuda a crear obstáculos y muy particularmente, contribuye a dinamizar la política interna de Colombia.

Revísese el mapa geopolítico del mundo y se comprenderá que lo que hay que impedir es que aprieten el gatillo, apelando desde los movimientos populares y los gobiernos progresistas, a soluciones políticas que derroten la violencia y la guerra, tal como ha hecho en este momento el gobierno de Venezuela en relación con los planes del uribismo azuzado por EEUU. El panorama no está definido, pero se ha dado un paso importante.

Hasta el momento Israel no había podido ser acorralado internacionalmente. Diversas batallas y N número de ataques suicidas, siempre lo mantenían agresivo y desafiante. Bastó que se organizara una flotilla por la paz orientada a romper el bloqueo sionista a la franja de Gaza, para que tanto el gobierno de Israel como el de EEUU se quedaran aislados. Pudieron recuperarse porque el movimiento por la paz no pudo o no supo seguir actuando y porque tienen el control del Consejo de Seguridad de la ONU; pero si movimientos como este, armados con banderas blancas, se extienden por el mundo atacando en los puntos críticos del poder mundial, el gobierno del complejo militar-financiero podría ser colocado a la defensiva.

Se necesita mucha valentía para luchar por la paz, pues los otros no van a lanzar ramos de rosas, como ocurrió contra el Mavi Marmara, donde nueve ciudadanos turcos y un estadounidense fueron asesinados. En los últimos tiempos no ha habido un hecho como este que haya tenido tanta repercusión positiva en el mundo. Señaló claramente el camino a seguir.

Creo, por lo tanto, que lo que hay que fortalecer en el planeta es un gran movimiento por la paz (para la gente y para la tierra), que tenga como base la producción para la vida, la sostenibilidad ecológica, las energías renovables, los mercados y producciones locales en un contexto mundial, el fortalecimiento de los movimientos sociales, el empoderamiento y el gobierno de la gente, que debe culminar con la extinción de todas las formas de dominación estatal.

Es bien difícil para el gobierno mundial en la sombra, enfrentar a los movimientos por la paz, pues generalmente va a reaccionar reprimiendo, asesinando, como lo hacen los sionistas. Pero sabe combinar esto con el engaño, las mentiras mediáticas, la fragmentación social, los valores individualistas, las políticas de mercado, no como una simple relación económica sino como espacio para la conformación de la conciencia social-mundial y en cada localidad, aun en los más apartados rincones.

Muy especialmente en la conformación de nuestro mundo interior. El mundo que está “afuera” existe porque es consustancial con nuestro imaginario íntimo. Domina nuestro inconsciente y desde ahí se encuentra con toda la basura ideológica que cada segundo produce el mundo del capital y nuestro “mundo interior” suele identificarse con ella aun cuando de palabra la condene.

El odio, la rabia, el rencor, la venganza, incubadores de violencia, lo alimentan, lo fortalecen, constituyen su caldo de cultivo esencial. No se trata de vengar la muerte de un luchador por la libertad, se trata de honrarla construyendo un mundo donde un día nadie deba morir por la libertad, un mundo como el reino de la vida no de la muerte. Mundo de la muerte que es el que está desplegando el gobierno mundial en la sombra. Es hacia donde nos está arrastrando. El capital financiero es incapaz de producir una aguja, pero produce cotidianamente hecatombe tras hecatombe, mientras las burbujas financieras siguen creciendo y sosteniéndose.

Trabajar por la paz puede ser más duro y difícil que trabajar por la guerra. Trabajar por la paz no significa necesariamente respetar la legalidad imperante. La lucha por la paz significa construir otra legalidad, otra institucionalidad, otro mundo fundado en la cooperación solidaria. Otro mundo que lo construirá la gente, guiada por sus líderes naturales, no por grupos de héroes iluminados que ofrezcan su vida en el altar de la violencia para defendernos, con todo el respeto que ellos nos merezcan. Tenemos que aprender a defendernos nosotros mismos en un aprendizaje de vida, no de muerte, que se funda en el crecimiento de la conciencia y la movilización de los pueblos a escala planetaria.

La lucha por la paz significa un profundo proceso de educación colectiva en otros valores, en otras relaciones sociales. Educando al que educa, revolucionando al que revoluciona. Ese es el reto.

Las FARC y la presente coyuntura

El Presidente Chávez señaló que no hay solución militar para el conflicto colombiano. Que la situación de hoy no es la de los años 60 y ambas cosas son ciertas. Fidel Castro ha afirmado ideas parecidas. Creo que estas afirmaciones han tenido repercusiones positivas para las luchas sociales en el interior de Colombia.

En esta discusión las FARC, que tienen más de 60 años de experiencia, tienen un papel protagónico esencial. Es un debate que básicamente deben dar los colombianos, pero sin duda, como los hechos tienen repercusión continental, existen serias circunstancias que obligan a reflexionar, sobre todo desde Venezuela y desde todo nuestro continente. Creo que esto lo comprenden los movimientos sociales colombianos. Me parece que saben que ello es necesario.

En ensayos anteriores he hecho recomendaciones, que no voy a repetir ahora. La reflexión, nunca será desapasionada, pero es necesario plantearla con cierto equilibrio, para tratar de arribar a conclusiones constructivas.

Por ejemplo, se está diciendo que se ha pedido a las FARC una rendición incondicional. No he oído eso en boca de los actores revolucionarios que han emitido opiniones en este debate. Se han realizado consideraciones políticas que deben ser analizadas en profundidad sin descalificarlas a priori.

Creo que no se debería apelar a consideraciones como las siguientes: uno, las FARC tienen más de 60 años de experiencia, no se les debe dar lecciones desde el extranjero. Las observaciones desde la distancia suelen ser útiles porque, entre otras cosas, no están guiadas por la inmediatez, que no siempre permite apreciar el conjunto de la situación. Luego, hay cosas nuevas que no siempre la experiencia prolongada permite apreciar, pues la experiencia a veces se parece a la mujer de Lot, que siempre mira hacia atrás. Lo que no quiere decir irrespeto a la experiencia, sin la cual andaríamos a ciegas; dos, las FARC ya pasaron por la experiencia de la Unión Patriótica y conocen bien las consecuencias de esas negociaciones de paz. Esa es una experiencia crucial y un gran aprendizaje para todos.

Obviamente, ese camino no se debe repetir. Pero la situación de ayer y de hoy es que los que viven de la guerra, siempre van a obstaculizar y sabotear los caminos hacia la paz. La paz hay que lograrla a pesar de ellos. Hay que tomar en cuenta, una vez más, la experiencia del Mavi Marmara. Pero sobre todo hay que recordar la experiencia del derrocamiento del Sha de Irán, cuando ese régimen se vino abajo a pesar de poseer uno de los ejércitos más poderosos del mundo, entrenado y súper armado por EEUU para cubrir el flanco sur de la OTAN, como línea de choque con la Unión Soviética. Ese ejército fue neutralizado y desbordado por la movilización popular imbuida de islamismo, que penetró la conciencia de los soldados.

Me parece que hay que analizar la situación concreta del mundo de hoy y la de Colombia en particular. Sacar entonces las conclusiones del caso.

Hago la siguiente pregunta: ¿pueden los campamentos de las FARC soportar un bombardeo y ataques misilísticos masivos? Yo creo que no.

Otra pregunta: con toda la tecnología de observación satelital que existe hoy, ¿los campamentos de las FARC están o no debidamente reconocidos en todos sus detalles (número de hombres, armamento, etc.)? Yo creo que sí.

¿Por qué no han sido atacados? ¿Será porque la existencia de las FARC se ha hecho funcional con las necesidades políticas de la estrategia estadounidense? Ojo, no estoy hablando de complicidad. Tengo respeto por la integridad moral y política de los miembros y dirigentes de las FARC.

James Petras ha introducido otra consideración. Ha dicho: Es imposible ahora para Santos pensar en alguna agresión contra la frontera con Venezuela, porque tiene que desplazar las tropas para evitar o controlar este avance de los guerrilleros y las bajas que están sufriendo a gran escala. Eso me parece algo importante porque el hecho de que las FARC existen es un factor por que Colombia no está atacando Venezuela. Es absurdo que el presidente Chávez diga que ellos deben dejar la lucha armada.

Es importante considerar esta afirmación de Petras. Creo que ese no es el problema. La cuestión es que la alianza EEUU-Uribe no logró crear el marco político necesario para justificar una agresión militar contra Venezuela. Además, la situación de Venezuela no es la de Panamá o Granada en los años 80.

La decisión de atacar a Venezuela, como generalmente ocurre, depende principalmente de condiciones políticas, no sólo regionales sino internacionales. No estamos hablando solamente de las fuerzas militares colombianas. Lo que está detrás es el poderío bélico, logístico y de inteligencia de EEUU. Venezuela está dentro de un peligroso cerco estratégico con bases en Colombia, Curazao, Aruba, Panamá, Haití, Honduras…, sin posibilidades de recibir apoyo militar o logístico inmediato de países amigos. Si hiciere falta, está la IV flota.

Dicha decisión, como bien se sabe, no es y no será una decisión de Colombia. Será principalmente una decisión de EEUU. No será la resistencia de la Guerrilla la que pueda impedirla si llegado el momento, se considera que las condiciones políticas están dadas para un ataque a Venezuela, que entre todas las variantes disponibles, podría tomar inicialmente la forma del que se realizó contra Ecuador. Como es obvio, ello no depende de lo que haga o no haga la guerrilla colombiana. Un ataque de ese tipo podría conducir a una grave escalada. Es lo que Uribe ha tenido en mentes.

No es posible sustentar el argumento de Petras, si analizamos la realidad concreta y las relaciones de fuerza a nivel global.

Como he dicho en otros artículos, en la guerra contemporánea, la infantería no tiene el peso decisivo en el inicio de las operaciones militares. Son los bombardeos y ataques misilísticos masivos para destruir toda la infraestructura física civil, lo que suele incluir hospitales y escuelas; la infraestructura de puertos y aeropuertos, la aviación, la marina, los batallones y los cuarteles de infantería, las comunicaciones; los servicios públicos de agua y electricidad; operaciones de comandos orientadas al magnicidio y la eliminación física del mayor número de dirigentes y cuadros revolucionarios; generar pánico y terror en la población civil, para tratar de eliminar tendencias a la resistencia y poner a la gente a mendigar por un vaso de agua o un pedazo de pan. Aun cuando se siguen llamando daños colaterales, los ataques a la población civil son uno de los objetivos de las guerras contemporáneas. No es casualidad que el nombre de una de las operaciones planificadas para el eventual ataque a Irán, reciba el nombre de “conmoción y pavor”. El Derecho Internacional Humanitario ha sido hecho polvo.

Las invasiones militares de hoy no son simples planes de conquista al estilo de los romanos, que en los casos donde encontraban una sociedad bien administrada y con eficiencia en el cobro de impuestos, no la destruían sino que cambiaban el gobierno y la ocupaban militarmente para garantizar que los impuestos fluyeran organizadamente hacia Roma.

Con la conquista y colonización de América Latina y el Caribe, el Sistema Capitalista Mundial instituyó el genocidio, la rapiña, la destrucción étnica y cultural como inherentes al proceso de acumulación de capital. Ahora se ha sofisticado y se ha elevado a niveles inimaginables la conmoción y el pavor.

La tendencia actual es a que los ejércitos, las policías, los servicios de inteligencia no sean públicos. El número de ejércitos privados va creciendo, generando ganancias milmillonarias. Esos ejércitos suelen ser más grandes y mejor equipados que los de la mayoría de los países del Sur. Además, no responden ante nadie, son absolutamente irresponsables. De hecho, son pandillas de asesinos a sueldo con un entrenamiento superior al de la generalidad de los soldados ordinarios. Su ética es la de la muerte, lo que los hace particularmente sanguinarios.

Las ciudades deben ser reducidas a polvo, pues el negocio de reconstruirlas es sumamente lucrativo para el capital privado. Preservar las manifestaciones culturales e históricas expresadas en pinturas, edificios, esculturas, libros… es una pérdida de tiempo. Destruir todo, destruir la memoria, las canciones, la poesía…, es vital. Es el modelo de Irak.

Como dije las ganancias por la reconstrucción de la infraestructura física son un gran negocio. Para que así sea, es mejor que no exista memoria.

Por estas razones y circunstancias, ellos desean la guerra, ellos no desean movimientos por la paz, prefieren formas de resistencia violentas, que les permitan encontrar supuestas justificaciones para arrasar, armas nucleares incluidas, con el planeta y la humanidad.

El núcleo de científicos que está involucrado en esta aventura multiplicadora de la muerte, promete, desde los laboratorios, recrear lo que vaya desapareciendo. Será el triunfo de la vida artificial, con los bosques transgénicos a la cabeza, la nanotecnología, la geoingeniería, la clonación…

Esto es lo que está en juego. Por eso el movimiento por la paz es la alternativa, no una alternativa. La solución en Colombia, en Venezuela y en el mundo es política no militar.

El derecho a la resistencia y un programa mínimo

El derecho a la resistencia es sagrado. Esto es indiscutible. Hoy una variante importante. Generalmente, los movimientos de resistencia han sido posteriores a las agresiones, ocupaciones militares o invasiones. Ahora se nos plantea la necesidad de resistir antes para impedir la agresión. Para eso es importante la unidad de los pueblos y tener un programa mínimo común que consolide esa unidad, cuyo denominador común sea la paz. Un programa que facilite la movilización a escala mundial.

Pudieron justificar políticamente las invasiones a Afganistán y a Irak. Pero los argumentos se les han ido agotando. Desde hace tiempo tienen tomada la decisión de atacar a la República Popular de Corea y a Irán. Pese al dominio mediático, al control del Consejo de Seguridad de la ONU y a las debilidades organizativas y políticas de los pueblos, no han podido realizar sus propósitos.

En el pasado agotaron todas las agresiones contra Cuba en el contexto de un criminal bloqueo. Cuando intentaron la invasión, fracasaron. Luego, pese a todo el poderío militar, no han podido invadir Cuba. El pueblo de Cuba, con la solidaridad de los pueblos del mundo, ha triunfado frente a la agresión al impedir que se concrete la invasión.

Está el ejemplo de Venezuela. La agresión ha sido constante incluido un golpe de Estado, el paro petrolero y otros intentos para salir del Presidente Chávez. Recientemente se planteo una seria amenaza a través de las maniobras de Uribe y el plan para realizar un ataque preventivo contra Venezuela. La decisión del Presidente Chávez y las iniciativas políticas que se realizaron, lograron sortear la amenaza y abrir una nueva etapa. Una vez más, la victoria ha sido de tipo político.

Yéndonos más atrás, perdieron la guerra de Vietnam porque no pudieron justificar políticamente el uso de todo su poderío militar, incluidas las armas nucleares.

Toda la historia demuestra que las agresiones militares se realizan cuando logran justificarlas políticamente. De lo contrario no se dan. En consecuencia, la resistencia debe orientarse a detener la mano del agresor, a maniatarlos políticamente.

Ello es posible. Siguen siendo muy poderosos, pero el secreto está en reunir la mayor suma de fuerzas para derrotarlos políticamente en cada combate, en cada coyuntura. Hasta el día en que podamos lograr los siguientes objetivos:

* Armas nucleares cero
* Hambre cero
* Contaminación ambiental y destrucción de la naturaleza cero
* Pobreza material y espiritual cero
* Sed cero
* Muertes por malnutrición cero
* Mortalidad infantil cero
* Esclavitud cero
* Discriminación racial, cultural, religiosa, de género o de cualquier otro tipo cero
* Deuda externa cero
* Transferencias netas de capital desde los países del Sur hacia los países del Norte, cero.
* Monopolio mediático cero
* En consecuencia, guerras cero
* Por tanto paz para la gente y para la tierra

Este, con las revisiones y complementaciones del caso, puede ser el programa mínimo del Sur y de todas las fuerzas progresistas del mundo, incluidos los movimientos sociales, grupos e individualidades del Norte. Este u otro, pero un programa mínimo es imprescindible.

En caso de que se esté de acuerdo, debemos plantear estos objetivos (u otros) en todas las instancias internacionales y nacionales. Debemos presentar resoluciones específicas en los parlamentos nacionales y en órganos internacionales como la Asamblea General de la ONU, en organismos regionales como la OEA, la Unión Africana, etc.; en la UNESCO, en la FAO, en el Consejo de Derechos Humanos, en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, etc.

Debemos lograr que este programa tome la calle y se convierta en bandera de los pueblos en cualquier rincón del planeta, en bandera de todas las iglesias, las más variadas organizaciones sociales, culturales, etc.

Existen poderosas redes que se han construido a través de Internet, de movimientos comunitarios conectados con emisoras de radio y TV locales. En fin, redes populares por el mundo entero animadas por los mejores sentimientos de buena voluntad de las mujeres, hombres, niños y niñas del mundo, que desean la paz y no desean más muertes por hambre, por sed, por el cambio climático y las más diversas formas de violencia que hoy asuelan a la humanidad y al planeta.

Ello es posible y necesario.

Fuente: http://www.aporrea.org/internacionales/a106486.html

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