«Respetarnos y caminar juntos»

Por • 9 ago, 2021 • Sección: Opinion

Leopoldo Puchi

08/08/2021. Los atletas venezolanos están logrando el mejor desempeño de su historia en los Juegos Olímpicos de Tokio, lo que pudo haber sido un punto de confluencia y de satisfacción unánime entre venezolanos. No ha sido completamente así, y el ineludible consenso formal expresado desde distintas parcialidades no ha podido ocultar las grietas políticas y, sobre todo, sociales, que atraviesan a la sociedad venezolana. 

Sin embargo, los éxitos alcanzados, que visibilizan el paradigma de comunidad nacional frente a contrincantes externos sublimados en el combate civilizado que es el deporte, pueden ser un importante punto de apoyo para que continúe evolucionado el proceso de pacificación y de reinstitucionalización en curso, referido a la dimensión interna del conflicto.

El surco en el que se ha concretado este proceso es el de las elecciones de noviembre, así como las negociaciones pendulares que se vienen sosteniendo y que pudieran desarrollarse en la modalidad presencial ahora en agosto. En esta ocasión, la mayoría de los factores de oposición se ha ajustado al viraje decidido por Washington y Bruselas hacia la dinámica electoral.

INTERESES

En lo que corresponde a la dimensión geopolítica del conflicto, que enfrenta a dos Estados, el estadounidense y el venezolano, es poco lo que se ha avanzado, puesto que los puntos en litigio sobre las relaciones entre los dos países no han sido puestos de manera explícita sobre la mesa. Los reales intereses en pugna en materias como seguridad, independencia nacional y lazos comerciales, se encuentran en la sombra.

El aspecto más relevante de las hostilidades se expresa en las medidas de bloqueo por medio de sanciones que continúan ejecutándose, al tiempo que se retienen activos e importantes fondos en el extranjero y se obstruye la posibilidad de renegociar la deuda. Los daños sobre la economía se prolongan, así como sobre las condiciones de vida de la población.

Aun en estas circunstancias tan tensas no se ha dado inicio a un diálogo entre los dos países, que se ha evadido bajo el argumento de que bastarían negociaciones sobre la dimensión interna del conflicto, entre Gobierno y oposición, sin tomar en consideración el carácter determinante de los intereses de Washington en la región.

MULTIPOLARIDAD

Estos intereses, ya anteriores a la Guerra Fría, ahora adquieren un nuevo impulso por la multipolaridad que ha venido emergiendo y el nuevo rol de Rusia y China, que ponen fin al corto período de predominio de una sola potencia que vivió el mundo desde principios de los noventa.

El reciente viaje del director de la Agencia Central de Inteligencia, William Burns, a Colombia y Brasil, se enmarcó en el abordaje, desde un punto de vista de seguridad, de lo que Washington considera como su mayor desafío, el enfrentamiento con China, definida como principal adversario.

Todo indica que se aspira a alinear a América Latina con los intereses específicos de Estados Unidos en la nueva rivalidad, a partir del criterio básico establecido en la doctrina Monroe, en la que estos países hacen parte de forma ineludible de su “zona de influencia”.

Se ha asumido una postura agresiva y se le ha dado a la disputa la connotación de una nueva guerra fría, como si fuese de ideologías, con la respectiva satanización de Beijing, del mismo modo que ocurre con Moscú. Y se ha llegado al punto en que se ha afectado el orden internacional comercial liberal y las instituciones que regulan las relaciones internacionales.

LÓPEZ OBRADOR

Al enmarcarse el conflicto prexistente Washington-Caracas en el nuevo enfrentamiento de la multipolaridad, se dificultan las posibilidades de acuerdos en el hemisferio, no solo porque la Casa Blanca se resiste a abandonar la doctrina Monroe, sino porque se ha adoptado una estrategia que va más allá de la competencia económica y se ha pasado a la guerra arancelaria y tensiones militares.

El asunto pudiera evolucionar de manera diferente si Washington decidiera una actuación semejante a la de la Unión Europea, más pragmática. O si se escuchase con detenimiento el reciente planteamiento de López Obrador, con motivo del homenaje a Simón Bolívar, de redefinición de las relaciones en términos de “respetarnos y caminar juntos”.

Pero poco se avanzará si no se comprende el sustrato histórico de una Hispanoamérica celosa de su independencia, reclamo que ni las tecnologías ni la globalización logran arrancar. Mejor asumirlo, que ignorarlo, por más que se diga “no computable”

https://www.eluniversal.com/politica/103765/respetarnos-y-caminar-juntos

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