¿De qué hablamos cuando hablamos de política? En torno al Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas, de Gustavo Bueno

Por • 20 dic, 2020 • Sección: Política

Luis Carlos Martín Jiménez

Texto base de la intervención en el diálogo filosófico celebrado en el Centro Riojano de Madrid el día 8 de noviembre de 2018

Como es canónico, empezaremos por tomar en consideración el enunciado titular, no sólo por su éxito como rótulo utilizado en los más diversos temas (¿de qué hablamos cuando hablamos de amor, de literatura, &c.?) sino porque ofrece una estructura sintáctica que, en principio, tiene forma de quiasmo, obligándonos al análisis de la involucración entre la disposición de sus términos y su contenido semántico. En efecto “¿de qué hablamos cuando hablamos de política?” comienza con la pregunta sobre el objeto, el “qué”, al que le sigue la actividad lingüística desde la cual se podría contestar a la pregunta, se continua con la reiteración de la actividad lingüística considerada en su presente dramático (“cuando hablamos”), por así decir, en cuanto que resalta la primera persona del plural en un contexto genérico, que no está dirigido a especialistas o profesionales de la política, sino que amplía su radio a todo el que se considere involucrado en el tema, ya que puede contener tanto a la tertulia de café, de tuiter o a esta misma charla coloquio. Para terminar con la especificación política del “qué” inicial sobre el que se vuelve, completando la forma de la inversión al modo de los retruécanos con la que se cierra la disposición de los términos que constituye la pregunta que se nos plantea.

Sin embargo, el interés de los retruécanos al invertir la posición de los términos está en la inversión que el quiasmo ejerce sobre el contenido semántico del mismo (“Quien no vive para servir, no sirve para vivir”, “No están todos los que son, ni son todos los que están”). Así ocurre con las inversiones de sentido tal y como las utiliza Carlos Marx (“Lutero convirtió los curas en laicos, porque convirtió a los laicos en curas”, “No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad, es la realidad social la que determina su conciencia”). Unos quiasmos muy significativos en la medida en que reflejaban la “vuelta del revés” (Umstülpung) que pretendió hacer Marx de la filosofía hegeliana. En todo caso, se trata de una figura sintáctica que aparece a lo largo de toda la tradición, por lo que también tuvo precedentes anteriores a Marx en filosofía, entre los que podemos señalar a Ludwig Feuerbach dentro de la corriente crítica que se denominó “Izquierda hegeliana”.

Sin embargo en el título de este coloquio, a la inversión del sentido sintáctico no le acompaña ningún cambio semántico sobre los términos implicados, su estructura es puramente retórica y antes bien supone una reiteración del contenido inicial. Una reiteración que señala el sentido de la pregunta. Un sentido que desvía la pregunta típicamente filosófica sobre el ser, el “qué es” Socrático, que pide la definición, hacia el plano pragmático del “hacer” de sujeto, en este caso lingüístico. La reiteración del significado con el cambio del orden de los términos incide precisamente en la actividad comunicativa de la pregunta, dirigida a un “cuándo” de ámbito social (la descripción de la inmanencia comunicativa), que por así decir, nos aleja del plano ontológico sobre la realidad o esencia de la cosa, en tanto tales contenidos se suponen actuando involucrados en la praxis lingüística habitual que realizan de modo cotidiano los sujetos que se consideren involucrados en el tema “político”. Sujetos en los que quedamos incluidos nosotros mismos y la actividad que presentamos en el modo del “diálogo” entre un público “inespecífico”, genérico, que no cobra de la política y por así decir ajeno a la disciplina universitaria que imparten los profesores de las llamadas “Ciencias políticas”, pero no ajeno al campo político. Un rótulo (el de “Ciencias políticas”) que nos hace sospechar, en tanto señala en primer lugar el carácter “científico” de la disciplina. Tales dudas no se suscitan en las facultades de matemáticas, físicas o veterinarias, pero sí en las de ámbito “humano”, por ejemplo en las “ciencias de la información” o en las “ciencias sociales” y en general en las que sitúan su carácter cognoscitivo en el sufijo (-logía): Psico-logía, Socio-logía, Antropo-logía, Mario-logía &c.

De modo que, recogiendo esta sospecha, la pregunta que sirve de título a estos diálogos parece obviar el carácter científico de la disciplina política en tanto pretende mantenerse al margen de su objetividad, desviando el carácter estricto de los conocimientos que tendría el académico hacia lo que dice el “ciudadano medio”. ¿Quién podría obviar el carácter “objetivo”, verdadero, en las categorías lógicas o matemáticas, excepto un ignorante?. Las “verdades” que logra alcanzar una disciplina define por sí misma nuestra distancia respecto de tal saber (“La verdad es criterio de sí misma y del error” decía Espinosa en su “Ética”), una distancia que se denota inmediatamente en preguntas como ¿qué sabemos de mecánica?, o ¿qué entendemos por espacio no-euclidiano?, o ¿de qué hablamos cuando hablamos de la “amanita phalloides”? Pero, a nuestro modo de ver, que no se pregunte directamente por “¿qué es la política?”, sino por lo que se dice de ella, señala el problema cognoscitivo de las categorías políticas en la medida en que supone que la disciplina se considera vinculada en el devenir efectivo del desarrollo de sus contenidos a lo que los sujetos dicen, a aquello de lo que hablan. En ese sentido, no habría por qué contestar a la pregunta, bastaría esperar al fin del diálogo y la pregunta se contestaría sola.

El interés de la formulación de la pregunta deriva de la importancia que la praxis lingüística del ciudadano medio pueda tener en cuestiones políticas (un ciudadano que habla en español, si atendemos a la lengua en que está hecha la pregunta, es decir, un hispano hablante). La subordinación del contenido “político” a lo que dice o piensa el sujeto, en la medida en que determina el carácter semántico de la realidad política, indica que aquello de lo que se habla, se dice o se entiende “marca” o “direcciona” los contenidos de la praxis política, y con la praxis, los contenidos de la propia teoría política que se nutre de ella. Se trata de la subordinación del plano semántico (de las esencias políticas) al pragmático, según la cual, el contenido “aparecería” en el habla social (un aparecer, o parecer distinto del ser, que pondremos de manifiesto a través del análisis de tres estromas)

Este tipo de planteamientos, propios del filólogo que se interesa por el lenguaje, se utilizan en política por aquellos sociólogos que se interesan por la percepción de los problemas que preocupan a los ciudadanos cuando hablan entre sí, y esto en la medida en que la percepción de tales “problemas” determina su voto, y con ello, la dinámica de la política real.

En todo caso se trata de una pregunta que deriva del “giro lingüístico” de la filosofía de principios del pasado siglo hacia categorías que van a ocupar el centro de los modo de análisis de las ciencias, ya sea por el análisis lógico del lenguaje del positivismo lógico, las reglas de los usos y “juegos” del lenguaje del segundo Wittgenstein o del llamado post-modernismo de la literatura “filosófica” escrita en francés (donde “todo es relato”), por lo que hoy ya es común hablar de “lenguaje musical”, “lenguaje matemático”, “lenguaje inclusivo” &c. Se trata de filosofías que han abandonado el análisis del plano ontológico en la medida en que consideran que es una labor dada por perdida, bien por situarse en un escepticismo radical, bien por considerar que la “realidad” está distribuida en el conjunto de las ciencias (en la medida en que cada una de ellas agota su campo) o bien por quedar diluida en las categorías sociales, ideológicas o pragmáticas, cuando se vinculan a los intereses de clase, de etnia o de género, situándose en posiciones propias del relativismo cultural.

 Sin las operaciones de los sujetos tomadas como términos internos al campo político no podría mantenerse como categoría, lo que no quiere decir, que sea puramente subjetiva. Los fenómenos políticos presuponen una serie de estructuras objetivas por encima de la voluntad de los sujetos, desde las que cabe entender su praxis.

De modo que la misma imposibilidad que tienen las ciencias políticas para cerrar su campo, en cuanto utilizan metodologías β-operatorias, es la que obliga a postular una serie de presupuestos ontológicos desde los que entender por lo menos su cierre fenoménico, recogiendo lo que se “habla” desde lo que “es”, antes que al contrario.

En conclusión, suponemos que las categorías políticas, pese a su pretensión, no alcanzan conocimientos estrictos, ni verdades apodícticas, y por tanto tienen muy comprometida su cientificidad (y con ello su evidencia), reducida a saberes de tipo técnico, práctico o prudencial.

2

Contestaremos a la pregunta del enunciado titular a través del análisis de tres estromas. Desde el Materialismo Filosófico consideramos que la realidad se compone de estromas, una especie de entramados, en el sentido que tiene un “tapete” o una “gualdrapa”, una urdimbre o tejido, en cuando configuración formada de totalidades isoméricas fruto de la conjugación entre partes isológicas y sinalógicas. El análisis de estos estromas nos interesa en cuanto ofrece algún aspecto del mismo (aquello de lo que se habla) a la vez que nos oculta otros, es decir, tiene un “anverso” y un “reverso”.

A efectos metodológico-expositivos supondremos que el análisis del anverso de estos tres estromas (a su vez subdivididos en otros) nos ofrece un plano fenoménico que requiere de su reverso ontológico, es decir, de una serie de estructuras esenciales sin las cuales no podemos ordenar ni concatenar tales fenómenos. Dispondremos estos estromas de modo que el anverso se corresponda con la parte que aparece en aquello de lo que se habla, las operaciones que suponen la praxis lingüística (pero también otras formas de la praxis normativa o coactiva de la política), y el reverso se corresponda con la ontológica o estructura que subyace a estos procesos fenoménicos y permite entenderlos según algún tipo de ordenación (frente a otras). Sigue en…

El Catoblepas · número 186 · invierno 2019 · página 2

http://www.nodulo.org/ec/2019/n186p02.htm

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