La democracia es una “matriuska”

Por • 19 mar, 2011 • Sección: Política

El tránsito mundial hacia la democracia es imparable. Sin embargo, con la globalización, la democracia se ha convertido en lo más parecido a una matriuska, esa muñeca rusa que al abrirse siempre oculta otra muñeca más pequeña en su interior.

La revolución egipcia ha comenzado como una revolución constitucional, en un país que dista en gran medida de los prepuestos de las culturas occidentales, pero que asimila de ellas tanto como rechaza.

En el futuro, los militares y demócratas egipcios, apoyados por EEUU, competirán con la Hermandad Musulmana. Aún es demasiado pronto para afirmar que Egipto y el Oriente Medio en su conjunto se encaminarán por la senda anti-EEUU.

Pero aún más temerario es concluir que la revolución egipcia ha sido una victoria para Occidente. El actual orden mundial es injusto, como se desprende del habitual hecho de que las ciudades ricas de cualquier nación vivan prósperas en medio de la influencia occidental, mientras muchos otros habitantes del país languidecen en la pobreza, preguntándose ¿Por qué este destino?

El fallecido erudito estadounidense Samuel P. Huntington escribió en “La tercera ola: democratización a finales del siglo XX” que en las elecciones de países no occidentales con frecuencia los políticos locales son capaces de afirmar que pueden ganar la mayoría de los votos. Estos individuos, agrega el texto, pueden azuzar pensamientos racistas, religiosos y nacionalistas y a menudo agravan las divisiones domésticas, conduciendo a una mayor aceptación de la retórica y las políticas anti-occidentales.

Para algunos países musulmanes, la conclusión de Huntington es que a estos pueblos sólo les queda elegir entre el secularismo anti-democrático y la democracia anti-occidental.

En las próximas décadas, los juicios de Huntington serán puestos a prueba. En los últimos años, ha sido electos gobiernos izquierdistas en América Latina, en países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros. Estos ejecutivos han resultado ser más anti-EEUU y anti-occidentales que las dictaduras militares de tiempos previos.

En las ex repúblicas soviéticas se instalaron regímenes favorables a Occidente al ritmo de la democratización, como ocurrió en Ucrania, Georgia y los países bálticos, otrora parte de la zona de influencia rusa. En Asia oriental no surgieron gobiernos anti-EEUU y el despegue de China y la India parece haber influido en la disminución de la presión sobre Occidente.

Cuanto más se globalice la democracia, más complejo será su funcionamiento y más difícil será distinguir entre sus ventajas y desventajas. Pero hay algo seguro: la democratización no conducirá a la “occidentalización global”.

La atracción que ejercen sobre el mundo los países occidentales no deriva de sus plataformas políticas, sino de su estilo de vida, obtenido parcialmente gracias a la explotación de los recursos globales.

Sin embargo, a muchos se le reducirá a agua de borrajas el sueño de imitar a los países occidentales. Los resultados de los comicios deberán por fuerza reflejar las características de cada país, regiones y nacionalidades.

Cuando estalló la revolución egipcia, Occidente sonrió con tanto placer como lo hicieron por igual motivo Irán y Hamas, un fenómeno realmente desconcertante. Pero la historia demostrará que algunos de ellos reían por no llorar. (Pueblo en Línea)

16 de febrero de 2011

Fuente: http://www.nodulo.org/ec/2011/n108p15.htm#matri

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