Napoleón y la América española. Planes y maquinaciones

Por • 7 ago, 2022 • Sección: sociologia

Gerónimo Pérez Rescaniere

4 Agosto, 2022. En 1808 Napoleón Bonaparte invade y ocupa España. Como en el caso de la entrega de Luisiana a los Estados Unidos, la acción fue enmascarada en sus causas, Napoleón la explicó como motivada por la necesidad de ocupar a Portugal, que se negaba a aplicar el bloqueo continental decretado por él contra los productos británicos, una verdad a me­dias. ¿Cuál era la verdad de la entrada? Ciento treinta y un años después un investigador y político venezolano, también canciller, Caraccio­lo Parra Pérez, publicará Bayona y la política de Napoleón en América, con reproducción de documentos probatorios de las razones ame­ricanas de la acción del corso. Diez años después, Miguel Artola revisará la extraña verdad en la Revista de Indias, Año X (1949) bajo el título «Los afrancesados y América», lo que no obstará para que los libros de historia y las enciclopedias señalen universalmente hasta hoy que la causa de la entrada napo­leónica fue el paso a Portugal. No, el banquete mayor del mundo, la América española, tenía por metrópoli España y en España se quedó Napoleón,

Procedió a capturar al rey Carlos Cuarto, el gordo vestido de azul que centra el cuadro Las meninas, y a su hijo Fernando Séptimo, rebelde contra el padre. La actitud de Carlos Cuarto es extraña, no se resiste, antes bien, parece simpatizar con la invasión, se rumora que partirá hacia América, que está convoyado con el francés como su hijo Fernando lo está con los ingleses, que instalará su corte en Higuerote, sitio fuerte militarmente, cercano a Caracas. El conde de Montijo, jefe de la masonería proinglesa de España corta las correas que atan los caballos del coche del rey para impedir su salida de Madrid a reunirse con Bonaparte, pero a la larga padre e hijo son enviados a un castillo prisión en Franca, donde el rey se dedicará a bordar un abrigo para que lo luzca Napoleón que mientras tanto está incidiendo fuertemente, muy fuertemente, en la independización de las colonias,

El caminar bonapartista sobre España es duro, tienen los france­ses que empeñar en combate los mejores batallones de zapadores para conquistar calle a calle, casa a casa, las defensas en Barcelona. Las guerrillas españolas hacían del aprovisionamiento francés una pesadilla por las sangrientas emboscadas, a las cuales las represa­lias francesas respondían con matanzas contra la población civil. Al final triunfan, pero España no acepta esto, dando nacimiento a su Guerra de Independencia que tiene por bandera a Fernando Séptimo. La tensión se incrementa, Inglaterra actúa en España con el ejército comandado por Wellington y de los resultados de esa guerra dependerá el destino de todos.

La intención napoleónica sobre América está explicitada en un documento de cuatro años antes titulado Instrucciones dadas por José Napoleón a M. Desmoland, su comisario o principal agente en Baltimore, y a todos los que armados de sus órdenes vayan a la América española para excitar allí una revolución. Caracciolo Parra Pérez lo publicó en un libro de documentos de Cancillerías, como se lanza una botella al mar. Entre sus frases están:

«El solo objeto de estos agentes en este momento debe ser persuadir a los criollos, que S. M. imperial y real (o sea Bonaparte) no tiene otro objeto, sino dar la libertad a la Améri­ca española desde tantos años sumergida en la escla­vitud, obtener por precio de tan gran favor, la amistad de los habitantes y el comercio libre con los pueblos de las dos Américas; para hacerse la América española independiente de la Europa, dicha Majestad ofrece todos los recursos necesarios de tropas compuestas de valientes guerreros». «Cada comisario o agente en jefe…/…le hará observar (a la gente de las colonias) que las sumas in­mensas que van a consumirse en Europa, circularán entonces en las provincias de la América, aumentarán sus recursos, comercio y su prosperidad; que sus puer­tos estarán abiertos a todas las naciones. Apoyarán las ventajas que resultan de la libertad de la agricultura, de todos los objetos actualmente prohibidos por el Gobierno de España, como el azafrán, el vino, los oli­vos, el lino, el cáñamo; los beneficios que sacarán del establecimiento de manufacturas de toda especie, de la abolición del monopolio sobre el tabaco, la pólvora y los naipes».

Importante es no ganarse de enemigos a los curas, piensa Napoleón, aunque lo más lógico no se crea en su Dios:

«Para lograr más fácilmente el objeto, como la mayor parte de esos pueblos no están civilizados, los agen­tes procurarán hacerse agradables a los gobernadores, intendentes, curas y prelados; no ahorrando dinero ni ningún otro medio de ganar sus voluntades especial­mente la de los eclesiásticos, empeñándoles con destreza a que persuadan a sus penitentes, cuando vayan a confesarse, que es preciso coger la ocasión favorable de asegurar su independencia, aprovechándose de las ofertas del Emperador de los Franceses; que Napoleón es enviado de Dios para castigar el orgullo y la tiranía de los monarcas, y que sería un pecado mortal e irremi­sible resistir a su voluntad.

Los agentes aprovecharán todas las ocasiones de recordarles la opresión que sufren de parte de los europeos, y el desprecio con que los tratan; les recordarán también a los Indios las crueldades de los primeros conquista­dores de la América, los infames tratamientos que pro­digaron a su Rey legítimo; detallarán los actos de justi­cia a que están expuestos diariamente de parte de los indignos funcionarios nombrados por los Virreyes y los gobernadores, en perjuicio de ellos, que deben obtener los empleos y las recompensas ; dirigirán la atención del pueblo sobre los talentos superiores de algunos criollos; que se les deja en el olvido, sobre las gentes de mérito de la clase oscura, y harán notar el contraste de los oficiales públicos y los eclesiásticos europeos”.

“Será preciso que los jefes y los agentes subalternos aceleren la insurrección, a fin de que brille en todos los puntos el mismo día y la mis­ma hora; este es un punto esencialísimo que facilitará grandemente la empresa. Los principales agentes en cada provincia de su departamento y los subalternos en los lugares que se les designen, ganarán los cria­dos de los gobernadores, intendentes y otras personas pudientes y por su medio envenenarán los de esta cla­se, que les parezcan opuestos a la empresa. Esta ope­ración debe preceder a la revolución para alejar todo obstáculo. La primera cosa en que es preciso ocuparse después de la revolución, es estorbar la salida del dine­ro a la Península». ¿Cómo pudo Carlos Cuarto colaborar con quien escribía esto?

De ese mismo período es una declaración de Bonaparte donde proclama que la independencia de las colonias españolas es inevitable y él colaborará en ella.

Los hechos de Aranjuez tuvieron consecuencias tempranas en Caracas. Es escenario fue la cuadra de la familia Bolívar, sitio de caballos y hornos de tostar café, soledad cercana al río Guaire, buena para reuniones que no debían conocer todos los habitantes del centro de la ciudad, sólo los Bolívar, los Ribas, los Mijares, todos aristócratas, todos criollos. Quieren gobernar la Capitanía general de Venezuela, sacar de la casa de gobierno a los gobernadores venidos de España. Se declararán defensores de los derechos de Fernando Séptimo, pero ¿lo son realmente? Para pesar y medir esto la Regencia de Cádiz, liberal y apoyada por Wellington, cuyas primeras tropas ya están desembarcando en la península, llega a Caracas don Joaquín Mosquera y Figueroa. Es españolísimo, aunque nacido en Nueva Granada. Posee en aquel virreinato unas tierras más extensas y feraces que las de cualquier marquesado de España, donación del rey a este fiel servidor. Un cuadro de la Santísima Trinidad en pan de oro preside su gran salón, otro de San Marcelino, trabajo de mano esclava, le hace contrafigura, ornamentos de seda y oro hay en las vitrinas junto a misales y vasos sagrados. Era titular del grado 33 en el Gran Oriente español.

Interrogó a cada uno de las reuniones, cotejó, analizó y escribió en su informe remitido a Madrid: “Estos señores lo que buscan es independencia, so máscara de defender los derechos de su majestad Fernando VII”. Ricos eran, de modo que no se les puso prisión, pero se les intimó alejarse de Caracas hasta mejor revisión de los asuntos, dirigirse a sus haciendas.

Mosquera y Figueroa remachó a las autoridades de la Capitanía y se regresó a España. Con los años llegaría a ser presidente del Consejo de Regencia, despachando en el mismo salón y el mismo sillón en que lo hacía el rey, firmando los documentos como “Yo, el soberano”. España estaba de pie contra Napoleón, hoz en mano, cuchillo en mano.

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