Slavoj Zizek triturado desde el materialismo filosófico

Por • 1 may, 2018 • Sección: sociologia

Carlos M. Madrid Casado

Reseña del libro Contra Zizek de Julen Robledo (Pentalfa, Oviedo 2017)

El filósofo esloveno Slavoj Zizek (n. 1949) se ha consolidado como una de las referencias intelectuales más prestigiosas del presente, siendo esta la razón de que Julen Robledo le haga el mejor homenaje que puede hacerse desde el materialismo filosófico: triturar su filosofía, es decir, analizarla críticamente, clasificándola y poniéndola a prueba (mostrando de paso que las coordenadas del sistema filosófico forjado por Gustavo Bueno son más potentes que las del filósofo esloveno, por cuanto permiten envolver y recubrir sus propuestas). Frente a la recepción pasiva o dogmática de su pensamiento, Robledo defiende que «triturarlo siempre será mejor que fingir que es posible convivir pacíficamente con sus incongruencias y desaciertos» (pág. 13).

La primera parte del libro se encara con la ontología implícita en la obra de Zizek. Robledo saca a la luz la influencia de Hegel y Lacan, y cómo Zizek hereda sus desajustes internos. Del idealismo hegeliano toma la hipóstasis del espíritu y sus facultades. Y del psicoanálisis lacaniano recoge una suerte de idealismo de la conciencia preñado de psicologismo. Sobre la estructura hegeliana, Zizek dispone los conceptos lacanianos (el gran Otro, el inconsciente, etc.); pero lo hace orientado por un vector político: el que le proporciona Lenin.

La ontología zizekiana aparece implantada políticamente, porque el comunismo leninista guía su fundamentalismo revolucionario contracapitalista. El engaño inconsciente oculta al sujeto capitalista sus traumas y carencias, siendo la revolución la única receta para su sanación definitiva. Así, el filósofo esloveno, metido a psicoanalista de masas, propugna la afloración a la conciencia social de un deseo reprimido: la revolución contracapitalista, que sería liberadora y productora de salud mental. En esta línea, Zizek tiende a reducir todo el carácter histórico-institucional del ego trascendental, toda la dialéctica de Estados e Imperios, a procesos enmarcados en la contraposición simplista entre capitalismo y contracapitalismo.

En la segunda parte del libro, Robledo discute qué modulación de izquierda política corresponde al pensamiento de Zizek. Sin perjuicio de sus raíces en la quinta generación de izquierda definida (izquierda comunista), Zizek abraza una izquierda indefinida, por cuanto abandona el parámetro político del Estado en sus análisis. En efecto, se muestra como miembro de una izquierda divagante, porque en sus rasguños recorre múltiples campos (música, cine, pintura, literatura…), creyendo que ser de izquierdas se trasluce en una cierta consideración ética o cultural (una especie de cosmovisión que sería, frente a la derecha política, la conciencia de la Humanidad). Las razones para el desborde extrapolítico que protagoniza la izquierda zizekiana con sus divagaciones las encuentra Julen Robledo en la caída del comunismo realmente existente en 1991.

Finalmente, la tercera y última parte del libro se centra en analizar las causas que han podido llevar a que la obra de Zizek goce de éxito en España (en concreto, dentro de las filas de Podemos). Por medio de Google Trends, Robledo repara en que fue en 2009 cuando la búsqueda de su nombre en el buscador de Google experimentó un auge vertiginoso y continuado. ¿Por qué, si los libros de Zizek están en las librerías españolas desde los 90? La respuesta es que por esas fechas comenzó a sentirse con inusitada crudeza la crisis económica en nuestro país, arrastrando un interés por ideas-fuerza relacionadas con la pérdida de derechos en el Estado del Bienestar. De otro modo: serían los avatares del contexto histórico los que estarían, más que su potencial intrínseco, detrás de la popularización de la filosofía salvadora zizekiana.

En suma, la obra de Julen Robledo hace suya la función social que para la filosofía reclamaba Gustavo Bueno, y que no es otra que advertir del peligro que guardan ciertas ideologías (políticas, en el caso que nos ocupa), si el pueblo las toma al pie de la letra como verdades eternas. Zizek queda así retratado como un vendedor de metafísica y de un ilusorio futuro revolucionario.

El Catoblepas · número 182 · invierno 2018 · página 13

http://www.nodulo.org/ec/2018/n182p13.htm

 

 

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