Wotan – Carl Gustav Jung

Por • 20 jul, 2022 • Sección: sociologia

Carl Gustav Jung (1875-1961), médico psiquiatra y psicólogo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis. Posteriormente fue el fundador de la escuela de Psicología Analítica. Pionero de la psicología profunda y uno de los estudiosos de esta disciplina más ampliamente leídos en el siglo XX, su abordaje teórico y clínico enfatizó la conexión funcional entre la estructura de la psique y sus manifestaciones culturales. Esto le impulsó a incorporar en su metodología nociones procedentes de la antropología, la alquimia, los sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía. Aunque Jung no fue el primero en dedicarse al estudio de la actividad onírica, no obstante, sus contribuciones al análisis de los sueños fueron extensivas y altamente influyentes. Este escrito fue tomado de la web de Metapedia.

«En Alemania nacerán diversas sectas
aproximándose fuerte al feliz paganismo.
El corazón cautivo y pequeñas recepciones
harán que se vuelva a pagar el verdadero diezmo».
Michel de Nostradamus, 1555.[1]

Con la (Primera) Guerra Mundial parece haber surgido en Europa un momento en que ocurren cosas que antes, a lo sumo, sólo se habrían imaginado. Ya la guerra entre naciones civilizadas era considerada casi una vieja fábula; un absurdo semejante parecía cada vez menos posible en este mundo de la razón e internacionalmente organizado. Y lo que siguió a la guerra fue un verdadero pandemónium: revoluciones fantásticas en todas partes, cambios violentos del mapa, regresos políticos hacia prototipos medievales o incluso más antiguos, Estados que fagocitaron a sus vecinos, superando ampliamente, en cuanto a totalitarismo, todos los experimentos teocráticos anteriores, persecuciones de cristianos y judíos, masacres masivas por motivos políticos; y, para acabar, una incursión piratesca emprendida a la ligera contra un pacífico pueblo en vía de desarrollo [La invasión de Abisinia por Italia].

Cuando suceden estas cosas en grande, no debería uno maravillarse en absoluto si en una escala menor suceden también cosas extrañas en otras esferas. En el campo de la filosofía debemos ciertamente esperar un tiempo antes de que podamos establecer con fundamento el tipo de época en la cual vivimos. Pero en el campo religioso podemos ver que están ocurriendo hechos significativos. Que en Rusia el colorido esplendor de la Iglesia griega ortodoxa haya sido sustituído por un movimiento ateo de dudoso gusto y cuestionable inteligencia no es de extrañar, por cuanto el nivel espiritual de la reacción «científica» es deplorablemente bajo. A fin de cuentas, incluso en el Cercano Oriente se da un suspiro de alivio cuando de la atmósfera llena de humo por las procesiones de lámparas –que son todo lo que queda de la Iglesia Ortodoxa–, se entra en una digna mezquita donde la sublime e invisible omnipresencia de Dios no ha sido sustituída por la parafernalia de ritos y vasos sagrados. Y, en el fondo, tarde o temprano también debía despuntar en Rusia la Ilustración del siglo XIX con su iluminismo «científico». Pero que en un país verdaderamente civilizado que se pensaba que hacía tiempo que había salido de la Edad Media, un antiguo dios de la tormenta y la embriaguez, Wotan, que históricamente había estado un largo tiempo en reposo, pudiese volver a despertar a una nueva actividad como un volcán extinguido, es más que extraño: es realmente excepcional. Como usted sabe, aquel Dios cobró vida en el Movimiento de la Juventud Alemana y fue honrado desde el comienzo de su resurrección con sangrientos sacrificios de ovejas. Eran jóvenes rubios (y a veces mujeres) que, armados con mochila y guitarra, eran vistos vagabundeando sin cesar por todos los caminos de Europa, desde el Cabo del Norte hasta Sicilia, fieles seguidores del dios andariego.

Más tarde, hacia el final de la República de Weimar, el papel errante fue asumido por miles y miles de personas desempleadas que se encontraban en todas partes deambulando sin rumbo fijo. En 1933 no se vagabundeó más, sino que se marchaba por centenares de miles, desde niños de cinco años hasta ancianos. El movimiento de Hitler, literalmente, puso en marcha la totalidad de Alemania, dando vida al espectáculo de una nación que migraba marcando el paso. Wotan, el vagabundo, había despertado. Así, podía vérselo,buscando en lugar de avergonzado, en la sala de reuniones de una secta en el norte de Alemania conformada por gente modesta, representado como un Cristo montado en un caballo blanco. No sé si estas personas eran conscientes del parentesco primordial de Wotan con las figuras de Cristo y de Dionisio; probablemente no.

Al principio, Wotan, el viajero incansable, el alborotador que suscita querellas aquí y allá y además obra la magia, fue transformado por el cristianismo en un demonio; no era más que un fuego fatuo en las noches de tormenta, un cazador espectral acompañado por su séquito, y esto, también, sólo en las tradiciones locales, que eran cada vez más descoloridas. Fue la figura de Ahasverus [el judío errante], forjada en la Edad Media, la que asumió el papel del caminante incansable; se trata de una leyenda cristiana, no judía: el tema del vagabundo que no ha aceptado a Cristo fue proyectado sobre los judios (así como normalmente redescubrimos en los otros nuestro contenido psíquico que se ha hecho inconsciente). En todo caso la coincidencia del antisemitismo con el despertar de Wotan es una sutileza psicológica que podría valer la pena recordar.

Los jóvenes alemanes que celebraban el solsticio no fueron los únicos que percibieron el susurro en el bosque virgen del inconsciente; ello ya había sido intuído proféticamente por Nietzsche, Schuler, Stefan George y Ludwig Klages[2]. La tradición literaria de Renania y el territorio al sur del río Main, ciertamente no pudo liberarse con facilidad de la impronta clásica, razón por la cual se recurría voluntariamente (apoyándose en los prototipos clásicos), a la antigua embriaguez y a la antigua exaltación, es decir a Dionisio, Puer aeternus (el eterno niño), y al Eros cosmogónico[3]. Sin duda alguna, esto estaba más acorde con la mentalidad clásica que con la idea de Wotan, el cual, sin embargo, proporciona una referencia más exacta. De hecho, es un dios del ímpetu y de la tormenta, una furia de pasión y ardor guerrero; y por lo demás, un poderoso mago y artista de la ilusión, versado en todos los secretos ocultos de la naturaleza. Sigue en…

http://www.adepac.org/inicio/wotan-c-g-jung/

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